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Ángel Martín Carreño, devoción por la madera, madera de devoción
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ENTREVISTA

Ángel Martín Carreño, devoción por la madera, madera de devoción

Publicado 14/05/2026 12:42

El escultor ha mostrado en las Jornadas Culturales del Cuartón de Inés Luna su sorprendente trabajo

La Navidad y la Semana Santa han marcado las dos Jornadas de Puertas Abiertas en el Cuartón de Inés Luna que Andoni Rekagorri y Almudena Porres, actuales responsables del mágico espacio, han concebido como un proyecto cultural donde la palabra y el arte reivindiquen el espacio del Campo Charro: “Nuestro empeño es hacer un proyecto social y cultural en y para la dehesa. Por eso la obra de Ángel Martín es un hallazgo, porque usa una materia que es regalo de la dehesa. Y porque queremos que la casa de Inés Luna sea un lugar de encuentro para la gente de los alrededores, también, de aquellos que hacen aquí arte, cultura” afirma Andoni Rekagorri.

Nacido en Francia y regresado al pueblo de los suyos, Ángel Martín forma parte de una tradición de carpinteros artesanos que, durante la pandemia, sintió el deseo de ir más allá. De ahí que comenzara a recoger los pedazos de encina en la dehesa, alrededor de su Boadilla, de su Fuente de San Esteban, descubriendo las formas que el tiempo y la naturaleza tallaron en ellos y forjando una obra expuesta en diversas ocasiones y que despierta sorpresa y admiración por su originalidad y fuerza personal.

Charo Alonso: La materia surge de la tierra en la que vives ¿Tu arte sería diferente en otro espacio?

Ángel Martín: Busco el movimiento, la vida de esta materia. Amo la madera, ella me habla y me conduce. Encuentro estas piezas tal cual en la dehesa y digo siempre que yo solo las he aprovechado, todo lo demás estaba ahí. La materia es imprescindible, y además, que sea del lugar donde habito. Ella me representa, siempre me habló desde pequeño y ahora somos un equipo en el que nos entendemos, nos miramos y nos hablamos. Nunca me he imaginado cómo sería si viviera en otro lugar.

Ch.A.: Primero nos sorprendiste con un Belén de más de doscientas piezas que se exhibió en la capilla maronita de Inés Luna, pero después nos has deslumbrado con las piezas de este “Lignum Crucis”.

A.M.: Yo en realidad no pensaba hacer un Víacrucis, las obras fueron saliendo una tras otra, en desorden. Al final, me di cuenta de que estaban unidas. Y sobre todo, he sentido con esta obra una fuerza mayor que me empujaba. No sé si la obra me ha utilizado a mí o yo necesitaba la obra para sacar sensaciones que quería expresar.

Ch.A.: Lo que has querido mostrar es una Pasión muy personal, muy conmovedora, que explicas a través de poemas, y sobre todo, a través de tus palabras.

A.M.: Ha sido algo muy especial. Yo no he tocado algunas de estas piezas encontradas en el campo, pero me he dado cuenta, trabajándolas, que en ellas se aparece el rostro de Cristo. Dependiendo de cómo nos coloquemos, podemos descubrirlo. Por eso elegí el salmo “Buscad mi rostro, tu rostro buscaré, Señor”. Es un misterio. Todo ha ido apareciendo a medida que trabajaba con los elementos: la madera, la tierra, el alambre. Esta última obra ha sido muy especial, he visto que muchas personas que se han acercado a ella me han expresado su emoción o reflejado en sus ojos, sin hablar, cómo se emocionaban.

Ch.A.: Tomás Gil vincula tus obras con las de Oteiza o Mikel Navarro. Tú consideras un maestro a Venancio Blanco, pero en realidad, eres autodidacta. Trabajas como carpintero y ahora, buscas tiempo para tu escultura.

A.M.: Venancio Blanco es de la tierra, de la dehesa. Le miro con admiración. Yo soy carpintero, el carpintero alimenta mi día a día, alimenta mi alma y cuando me pongo a trabajar como escultor siento que eso me sirve como desconexión, aunque sigo conectado con la madera. Con esas maderas que me llaman, que me evocan.

Ch.A.: Regreso a lo que dice Tomás Gil de tu obra, puro expresionismo, puro Oteiza. Afirma que conoces el lenguaje del arte clásico, pero que no te sirve y por eso decides romperlo a través de la naturaleza.

A.M.: Le estoy muy agradecido por sus palabras. Nunca he estudiado arte, pero he sabido en algunos momentos lo que quería hacer. Por ejemplo, en la pieza de La Última Cena quería mostrar cómo todos se sentían culpables, el movimiento de las figuras. En la escena del beso de Judas, la impotencia de los demás y la rabia. La pieza de la flagelación es casi la de un crucificado, y en las escenas con María siento que María carga con el Hijo y con la cruz, no lo busqué, salió así. Las figuras son de la misma materia que la cruz y hay un momento en el que se aferran a ella, como cuando muere un ser querido y nos aferramos a algún objeto suyo, una ropa, un reloj, algo que nos lo recuerde y que apretamos fuerte. Por eso las figuras se aferran, abrazan fuertemente la cruz.

Ch.A.: Y llega la sorprendente resurrección.

A.M.: La muerte da vida, el cuerpo de Cristo se dirige hacia el musgo que da vida a la piedra. Para nacer hay que morir, por eso pienso que, cuando llega la muerte, a la persona le gustaría que la recordaran con alegría, de ahí el ala, la de la libertad, la de la llama. Tras la muerte, la alegría y la libertad, la corona de espinas y sangre queda atrás. Todo aquello que tiene vida no muere.

Ch.A.: ¿Cuándo te diste cuenta de que tus piezas debían exhibirse, pasar de tu casa al público?

A.M.: Me animaban a ello y tras mi primera exposición, soñaba con muchas más. Esos “ojalás” siempre bailan. Me lancé precisamente por eso, veía que todo aquel que estaba frente a una de mis obras sentía algo especial. Pensé que aquello tenía que llegar al mayor número de gente posible.

Ch.A.: Has hecho exposiciones temáticas, el toro, la ausencia de los seres queridos, el Belén, el Vía Crucis ¿Siempre te planteas el trabajo en series?

A.M.: Veo las piezas en mi mente, ese es el primer paso antes de crear una composición. Nada surge de la improvisación, cada una de ellas ha estado dentro de mí.

Ch.A.: Vivimos un tiempo en el que hay temas como la tauromaquia, lo religioso, que parecen suscitar rechazo ¿Cómo lo gestionas?

A.M.: Creo que en los tiempos que vivimos lo más importante es la libertad de acción y de expresión. Los artistas no creamos para un público en especial y tenemos que estar preparados y abiertos a toda crítica, al final, la crítica es constructiva siempre. Yo trabajo para mí, y luego, cada uno que está frente a las obras puede sentir una cosa u otra.

Ch.A.: Has expuesto en Ciudad Rodrigo, en Sevilla… ¿Hacen falta proyectos tan osados como el de Andoni y Almudena para hablar del arte que se hace en nuestra tierra? ¿Qué pueden hacer las instituciones ante lo que se trabaja en la provincia?

A.M.: El arte es cultura y la cultura de alguna forma representa el lugar. Salamanca es muy rica, y si no apoyas el arte que se hace en ella… si no cuidas tu tierra y tu espacio… Nos cuesta un poco acercarnos al arte de la provincia, por eso proyectos como el de Almudena y Andoni deberían ser reflejo de lo que es abogar por la cultura, de lo que es crecer.

Ch.A.: Decididamente tú creces ¿Cuál es tu momento favorito, tu espacio favorito para trabajar?

A.M.: Todos mientras la inspiración te abrace, mientras haya un espacio que invite a ese momento para seguir creando y creciendo. Para llegar a ese momento en el que decir a todos gracias por seguir alimentando las ganas de compartir mis latidos.

Y posa el carpintero ante la encina secular que asistió a la vida de Inés Luna, aquella señora del jardín encantado de robles, cedros del Líbano y árboles de la dehesa. Resuenan los cascos de su toro bravo buscando la mano que le alimenta y los pasos pausados y eficientes de Andoni y Almudena. Y el tiempo, bajo la copa de la encina, en el hueco de su tronco, se conjura para regresar a la autenticidad, a la belleza. Campo de Traguntía en el Cuartón de los Luna, madera de artista donde pace la esencia de la dehesa.