Viernes, 22 de mayo de 2026
Volver Salamanca RTV al Día
Los alumnos del IES Mateo Hernández asisten al Taller de papiroflexia de Pablo de Unamuno ‘Las pajaritas de mi abuelo’ para recordar al rector
X

Educación

Los alumnos del IES Mateo Hernández asisten al Taller de papiroflexia de Pablo de Unamuno ‘Las pajaritas de mi abuelo’ para recordar al rector

Publicado 14/05/2026 17:20

Pablo de Unamuno habló de la pasión de Miguel de Unamuno por el arte de la papiroflexia, su particular “cocotología”

Como un mago de manos ágiles, Pablo de Unamuno enseña a los alumnos de cuarto de la ESO, los que han estudiado a su abuelo el rector, a hacer una pajarita unamuniana. Porque bien sabemos que no solo de novelas, poemas, artículos, ensayos, vive el hombre. Esos libros que hemos puesto sobre la mesa junto a toda la fauna plegada, doblada, que trae Pablo de Unamuno y que nos maravilla ¿De verdad este elefante con dos colmillos está hecho de una sola pieza? ¿Es verdad que el rector se inventó la figura de un cerdito y se la dedicó a Miguel Primo de Rivera?

Estamos en el Mateo Hernández, el instituto que lleva el nombre de un joven cantero bejarano que consiguió una beca para estudiar en Madrid y en París gracias a… Miguel de Unamuno. Y a los alumnos de cuarto, esos que han estudiado la Generación del 98 y hasta que Unamuno nació en Bilbao y no en Salamanca (Ese Bilbao donde, de niño, sin poder salir de la casa, Unamuno jugaba con su primo a hacer ejércitos de pajaritas) les tiene fascinados eso de doblar y doblar para hacer una “cocotte” en vez de dar clases de matemáticas. Y hay que ver cuánto se esfuerzan también los profesores en seguir el ejemplo de las manos mágicas de Pablo de Unamuno, quien les dice que hay que pedirles a los mandatarios del mundo que se sienten a jugar a la guerra, sí, pero con pajaritas. Un deseo de paz que se une a la historia de las grullas japonesas de Sadako Sasaki. El reto de la niña herida por la bomba atómica que se celebra cada año como un recuerdo de lo que no puede volver a suceder, es una historia dolorida. Porque a veces, algo tan frágil como una grulla de papel tiene detrás una hermosa y triste realidad, la de una niña enferma que pensó que, plegando mil grullas, podía recuperar la salud.

Frágil y a la vez seguras en su magia de dobleces, las figuras de Pablo de Unamuno, a quien padre y hermano enseñaron a “doblar” y que ahora se ha convertido en un ferviente papiroflexista, nos deslumbran por su detalle y su complejidad. Es un arte de paciencia, ajeno a las tijeras y al pegamento y lleno de gracia. Para Unamuno, el rector, un divertimento con el que entretenía a los niños, ocupaba las horas de pensamiento y agilizaba sus dedos. Y se cuenta que, ante el requerimiento del hijo de su amigo Eduardo Ortega y Gasset ¿No habla la pajarita? Escribió aquel maravilloso poema “¡Habla, que lo quiere el niño!”. Es en la poesía familiar, en este tipo de detalles biográficos y en su gusto por la papiroflexia, no muy desarrollada en España en su época, pero que, según Pablo de Unamuno, podemos rastrear hasta el Toledo de la Edad Media, donde el rector se revela como un hombre de ternura insospechada. La que se muestra en estas delicadas figuras que dobla su nieto.?Y estamos hablando de Unamuno. No podía por menos. El señor rector escribió unos “Apuntes para un tratado de cocotología”, parodia de los de psicología, donde nos habla muy seriamente del arte de la matemática y la ciencia que se unen para hacer pajaritas, mezclando con gracia geometría y retórica: “Todo en ella es admirable”. Tanto, que ahora se ha convertido en un logo del propio Unamuno, ese que tan presente está en este nieto también singular que ha venido hoy a contagiarnos la magia de la papiroflexia.