Viernes, 24 de abril de 2026
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La farsa nacionalista vasca y los pitos al himno de España
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La farsa nacionalista vasca y los pitos al himno de España

Publicado 23/04/2026 07:51

Los intentos separatistas siguen vigentes, pero pocas veces paece justificado que una región pretenda independizarse de un país. Nuestros casos domésticos en nada se parecen a que allí hayan sufrido violaciones de los derechos humanos, persecución, sometimiento o subyugación… En el País Vasco además intentan lograr un sufragio universal desde hace lustros, en modo ‘misión imposible’ y sobre trtodo desde el fracaso del Plan Ibarretxe. Después del final de ETA, que consiguieron la policía y los jueces junto a la sociedad española, y tras el cual se abrió la puerta de las instituciones al brazo político de los terroristas en un discutido y controvertido proceso que indignó a tanta gente, uno de cada cuatro vascos, aunque pareciera mentira, votó a Batasuna. La proporción de habitantes de las Vascongadas y Navarra que afinaba aún con la banda era demasiado alta. Ayudó sobremanera el exterminio que practicaron los terroristas durante más de cuarenta años, que provocó el éxodo de más de 200.000 personas que escaparon de la extorsión y el crimen organizado en un clima irrespirable para una parte de la población vasca, y española. En las urnas se ha notado siempre. Igualmente, el adoctrinamiento en la enseñanza desde las primeras edades y la transferencia de la Educación a las CCAA. Pero de no ser por el filtro fascista de las pistolas y su permanente amenaza, el predominio nacionalista y abertzale habría quedado sensiblemente reducido.

El PNV siempre sacó rédito de esta situación y uno de sus precursores, Xavier Arzallus, racista como su fundador Sabino Arana, se quejó amargamente en su día de “la inmigración brutal durante el franquismo”, menospreciando que hordas de españoles que llegaron desde todos los puntos de España ayudaran a engrandecer esas tierras. Y las oraciones de nuestro entrañable Don Miguel González, el párroco de Las Salesas, pidiendo por el infame obispo Setién, estudiante en La Pontificia, sostén de sus siervos y apóstoles del crimen. Y el insigne profesor de Don Miguel, su tocayo Unamuno, nuestro salmantino adoptivo y un vasco y español universal, tantas veces crítico con el provincianismo nacionalista. Tampoco se olvida el oxígeno insuflado por Aitor Esteban, principal patrocinador de la moción de censura, a Pedro Sánchez desde que lo aupó a al poder, llevando más fuerza al independentismo y engalanado de forma miserable a quienes siguen pretendiendo honrar el espíritu de la banda, con la inestimable ayuda del sátrapa que padecemos.

Tras la indulgencia de Zapatero con el mundo proetarra, hay que aguantar a su ‘hombre de paz’ no arrepentido su falta de empatía con las víctimas y su miseria moral. Proclamas como… “Hicimos lo que teníamos que hacer” O… “A esos sectores populares de la nueva izquierda española quiero decirles que nosotros queremos ayudar a democratizar el estado, pero os pedimos que seáis honestos”, llevan la firma de Otegi. Ciertamente quien entró en ETA con 19 años y vivió siempre en sus entrañas, participando en secuestros y atentados, llamando soldados a sus huestes y sin haber condenado nunca los 858 asesinatos, se gusta a menudo presumiendo de demócrata. Y muchos otros, como la diputada Mertxe Aizpurúa, que la miras y no sabes si da más miedo o más asco, denunciando en el Parlamento la supuesta "impunidad" y "permisividad" de las instituciones españolas ante “actos de exaltación fascista y franquista”, y definiendo a Euskal Herria “territorio antifascista”, menos cuando ella misma llamaba a los de la capucha desde el periódico Gara para soplarles a quién tenían que matar.

‘¿Por qué hay que aguantar que una legión

barriobajera no respete nuestros símbolos?’

Felizmente se terminó con la banda y no volvieron a segar vidas y destrozar familias, y Pedro Sánchez y su Gobierno, con la anuencia de Podemos, quieren dar vidilla a 378 de ellos que andan sueltos sin juzgar, y a tanta morralla que auspició el terrorismo y nos chulean desde las instituciones, reciben en fiesta a los asesinos cuando salen de la cárcel y hasta les permiten alistarse para ser votados en las elecciones (49 candidatos), todo ello junto al dolor de las víctimas y el estupor de todos.

Cada vez que Mikel Oyarzábal acude a Elorrio a ver a su encantadora abuela le decoran las paredes del pueblo como homenaje. Las pintadas no tienen que ver con los más originales grafitis ni con los más sublimes versos. Las frases llevan grandes dosis de rabia por enfundarse el bravo delantero de la Selección la camiseta de España. A Mikel Merino, otro extraordinario ejemplar de La Roja, en el mismo escenario también lo llaman “traidor”. Son ejemplos entre miles de la dictadura fascista que sigue reinando en numerosos casos con quienes no piensan como esta mugre social, que tras la desaparición de la ETA en octubre de 2011, se perpetúa honrándola y acosando en la sombra.

Después de tanta barbarie y suplicio, hay que seguir aguantando que cada vez que un equipo vasco o navarro, también el Barça, juegan la final de la Copa del Rey, una legión barriobajera ataviada de estupidez y resentimiento, pite el himno nacional y denoste al Rey, con el comentario implementado del locutor apesebrado igual que numerosos políticos y buena parte de la ideología radical, que nunca ven odio cuando se desconsideran nuestros símbolos y tradiciones “porque son libertad de expresión”. La FEF pasa de largo en cada final copera y bastante tiene con investigar el “musulmán el que no vote” del España-Egipto dirigido a los que no dan un palo al agua y cosas peores y no a los que trabajan. En Francia la normativa es inflexible y obliga al árbitro a suspender el partido, mientras que en Alemania, Italia o Portugal imponen penas de prisión y multas severas por denigrar los símbolos de la patria. En España ni siquiera a estos equipos los mandan a su casa durante unos años porque una parte de sus hinchas no saben estar.

Y la antigua frase del excelso donostiarra Fernando Savater y su libro ‘Libre mente’, siempre vigente: “Hay que ver, 16.000 años en el mismo sitio, con el mismo cráneo y el mismo RH, esperando la llegada del estado propio, como quien espera la llegada del autobús, sin saber que esa línea ya ha sido suprimida”.

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