Hoy me he visto rodeado de mi propia vida: discos duros llenos de imágenes, palabras escritas que ya casi no recuerdo, fragmentos de tiempo que he ido guardando como si temiera que desaparecieran del todo. Y, sin embargo, frente a todo eso, me asalta una pregunta sencilla que nunca termino de responder: ¿por qué fotografío?
Hay en mí una inquietud constante, una sensación de que la vida sucede demasiado rápido, de que todo se escapa antes de que podamos comprenderlo. Quizá por eso fotografío. No tanto para recordar, sino para no perderme del todo en ese flujo incesante. Fotografiar es, de alguna manera, una forma de resistencia: detener lo que está a punto de desaparecer, mirar con atención aquello que normalmente pasaría inadvertido, y tratar de retener, aunque sea por un instante, algo que ya se está yendo.
Cuando levanto la cámara, no busco simplemente una imagen. Busco algo más difícil de nombrar. A veces es un gesto, una luz, una presencia que me conmueve sin que sepa explicar por qué. Y en raras ocasiones sucede algo casi inexplicable: todo parece encajar, el ruido se apaga, y durante un instante siento que he comprendido algo esencial. Pero dura muy poco. Apenas un segundo. Después, todo vuelve a su lugar y ese sentido se disuelve.
Llevo años fotografiando y sigo sin entender la vida. Sigo sin respuestas claras, sin certezas. Pero he aprendido a reconocer esos momentos en los que algo me atraviesa por dentro y me obliga a mirar de otra manera. Y entonces disparo. No para explicar el mundo, sino porque no sé hacer otra cosa.
Dicen que fotografiar es capturar la realidad, pero la realidad no se deja atrapar. Se escapa, se transforma, se rompe en cuanto intentamos fijarla. Lo único que puedo hacer es acercarme, observar con paciencia, intentar ver más allá de lo evidente y rozar, aunque sea levemente, el alma de las cosas.
Umberto Eco dijo que escribía porque le gustaba. Yo podría decir lo mismo de la fotografía. Pero la verdad es más compleja. Fotografío porque lo necesito, porque hay algo dentro de mí que no se detiene, una forma de mirar el mundo que me empuja a seguir buscando.
Y aunque no entienda la vida, aunque todo siga siendo un misterio, hay instantes —breves, casi invisibles— en los que siento que la toco. Y quizá sea solo por eso por lo que sigo fotografiando.

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