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La doctora G. Ponce advierte sobre el cannabis: "No es riguroso ni responsable romantizar el THC"
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DECLARACIONES

La doctora G. Ponce advierte sobre el cannabis: "No es riguroso ni responsable romantizar el THC"

Publicado 19/04/2026 19:34

Esta profesional, que ejerce en Salamanca, desgrana la realidad clínica de los tratamientos con cannabinoides y detalla las únicas cuatro patologías con evidencia científica y alerta del grave impacto en la salud mental de los jóvenes

El debate sobre el uso del cannabis en el ámbito médico frente a su consumo recreativo sigue generando confusión en la sociedad. Para aclarar los límites científicos y terapéuticos de esta planta, la doctora Geazul Ponce, Médica y doctora en Ciencias Médico-Quirúrgicas (Salud Pública y Medicina Preventiva, por la universidad complutense de Madrid), actualmente consultora técnica de apoyo a comunidades en Naciones Unidas(ONU), con actividad clínica como médica de urgencias en la provincia de Salamanca. Si me haces referencia o lo que sea, analiza en profundidad la realidad de estos tratamientos tras el paso dado en España con el Real Decreto 903/2025, que desarrolla un modelo centrado en el uso médico controlado.

La especialista subraya que la planta contiene más de cien cannabinoides con efectos diversos, por lo que la diferencia fundamental radica en el control. "La diferencia principal no está en la planta en sí, sino en el uso que se hace de ella y en el grado de control sobre su composición", explica la doctora Ponce. Mientras el consumo recreativo busca el efecto psicoactivo del THC sin control de pureza, en el ámbito médico se utilizan preparados estandarizados bajo supervisión sanitaria. Por ello, la facultativa recalca que "resulta más preciso hablar de cannabinoides con potencial terapéutico que de 'cannabis medicinal' en términos generales".

Patologías avaladas y perfil del paciente

Frente a la percepción social de que el cannabis sirve para múltiples dolencias, la realidad clínica es mucho más restrictiva. "La evidencia científica disponible es limitada y se concentra en un número reducido de indicaciones", advierte la médica salmantina.

Actualmente, existe un consenso médico robusto exclusivamente para cuatro situaciones clínicas: la espasticidad asociada a la esclerosis múltiple, algunas epilepsias refractarias (especialmente con preparados ricos en CBD), las náuseas y vómitos inducidos por quimioterapia o el tratamiento del dolor crónico (en menor medida).

Fuera de estos casos, las propiedades atribuidas no cuentan con un respaldo sólido. Además, la doctora aclara que no es un tratamiento de primera línea. "Su uso se reserva para situaciones en las que los tratamientos convencionales no han sido eficaces o no han sido bien tolerados, es decir, como una opción de segunda o tercera línea", detalla, recordando que el perfil ideal es el de un paciente refractario donde se valora individualmente el balance entre beneficios y riesgos.

El sistema endocannabinoide: receptores CB1 y CB2

Para comprender cómo alivian síntomas como el dolor o la espasticidad, es necesario observar el sistema nervioso central. Los cannabinoides interactúan con el sistema endocannabinoide a través de dos receptores principales.

Los receptores CB1 se localizan en el sistema nervioso central y modulan el dolor, la memoria y el control motor. "El THC actúa sobre todo sobre los receptores CB1, produciendo efectos como analgesia, relajación o alteraciones en la percepción, pero también es responsable de los efectos psicoactivos y de buena parte de los riesgos asociados", señala la doctora.

Por su parte, los receptores CB2 se asocian a funciones inmunológicas e inflamatorias. En este sentido, la experta destaca que "el CBD no tiene efecto psicoactivo y actúa de forma más indirecta, con propiedades anticonvulsivantes, antiinflamatorias y ansiolíticas leves, siendo el principal foco de interés terapéutico en la actualidad".

Vías de administración: el rechazo absoluto a la vía fumada

En la práctica clínica, la dosificación se realiza de forma individualizada, iniciando con dosis bajas que se incrementan progresivamente para evitar el desarrollo de tolerancia o dependencia. Para ello, se emplean formas farmacéuticas precisas como aceites, cápsulas, extractos estandarizados o preparados oromucosos.

La doctora Ponce es tajante respecto a la inhalación por combustión: "La vía fumada no se utiliza en medicina porque no permite controlar adecuadamente la dosis, expone al paciente a productos tóxicos derivados de la combustión y conlleva riesgos respiratorios". La médica equipara este daño al de otras sustancias inhaladas, afirmando con rotundidad que "FUMAR JAMÁS SERÁ BUENO DA IGUAL LO QUE SEA", ya que la exposición a compuestos nocivos es comparable a la del tabaco o los vapeadores.

Respecto al uso tópico tradicional (ungüentos o aceites) propio de la etnobotánica para aliviar inflamaciones o cicatrizar heridas, la facultativa reconoce que el CBD tiene propiedades antiinflamatorias, pero advierte que "la evidencia sobre el uso de cannabis en heridas es limitada y no concluyente", requiriendo una validación científica rigurosa antes de respaldar su eficacia como tratamiento estándar.

Efectos secundarios y el impacto en la salud pública

El inicio de un tratamiento con cannabinoides, especialmente si contienen THC, puede provocar somnolencia, mareo, alteraciones cognitivas, desorientación, ansiedad o taquicardia. "A largo plazo, puede existir riesgo de dependencia y de aparición o empeoramiento de trastornos psiquiátricos, particularmente en personas vulnerables", alerta la doctora, incidiendo en el grave impacto sobre el aprendizaje y el desarrollo cognitivo en la población joven.

A modo de conclusión, la doctora pide no estigmatizar el CBD, ya que "meter todo en el mismo saco como 'droga' invisibiliza esos usos clínicos y empobrece el debate". Sin embargo, lanza una severa advertencia sobre el componente psicoactivo: "No es riguroso ni responsable romantizar el THC".

Apoyándose en el informe sobre el Cannabis 2025 del Plan Nacional sobre Drogas, la doctora recuerda que la disminución de la percepción de riesgo y el aumento de la potencia de la sustancia agravan el problema. Aunque presenta menor letalidad aguda que los opioides, su elevada prevalencia lo convierte en un problema de salud pública de primer orden. De hecho, en España, el cannabis es la primera causa de admisión a tratamiento por drogas ilegales en menores de 18 años, y la segunda en la población general, solo por detrás de la cocaína.

"El cannabis no es solo una sustancia, sino también parte de un mercado global que se vincula a dinámicas de desigualdad y violencia estructural", concluye la doctora Ponce, recordando que la política actual busca equilibrar los beneficios terapéuticos con la prevención, evitando siempre su banalización fuera del ámbito clínico.