Leo en la portada de un periódico provincial, como titular destacado: “La pobreza, en alza”. Y me llama poderosamente la atención. Es una realidad que, en nuestro país, en nuestras provincias, vienen remarcando no pocos informes sociológicos, de entidades oficiales y, también, de organizaciones no gubernamentales del estilo de Caritas, por ejemplo.
“La pobreza, en alza”, ay… Y, sin embargo, no se pone coto a motivos que la causan y que la acentúan; uno de ellos, como aparece de continuo en los medios de comunicación, es, indudablemente, el de la vivienda, con la que se está especulando hasta lo salvaje, llegando a la paradoja de que lo que antes podía costar el alquiler mensual de un piso, ahora hay que emplearlo (y mayor cantidad aún) para alquilar una mera habitación en un piso compartido con gentes desconocidas.
Eso sin contar con ese proceso de ‘gentrificación’ que están sufriendo no solo ya los centros de las ciudades, expulsando a sus vecinos, para convertir sus urbanismos históricos en parques temáticos y en edificios plagados de apartamentos turísticos, sino también incluso pueblos como el mío (¡ay!), en el que –por no poner sino un ejemplo– la calle en que tengo mi segunda residencia, está plagada de tales apartamentos…
Pero otras son las causas de esa pobreza en alza. Una de ella –también subrayada por los medios de comunicación y que escuchamos a diario– es la de los bajísimos salarios, que no cubren en absoluto las necesidades vitales familiares de los sectores más humildes…
Y, así, podríamos seguir hasta el infinito, argumentando sobre los motivos de esa pobreza en alza que leemos en el titular de portada de un periódico de provincias.
Y es que, desde la revolución industrial, todo han sido paradojas respecto a la hipotética liberación de los seres humanos que traían todos los avances. Primero, se dijo que las máquinas iban a liberar al hombre del trabajo y, también, de algunas esclavitudes horarias. No fue así, ni mucho menos, como todos sabemos por los libros de historia, con solo leerlos con alguna atención.
Hoy, se recalca que las nuevas tecnologías digitales también nos van a liberar de no sé cuántas cosas, no solo de la sumisión al trabajo excesivo, sino del empleo del tiempo en no sé cuántas gestiones y otras zarandajas (estas tecnologías están destruyendo tejido social y toda la cultura presencial o de la presencia que lo hace posible).
Y lo que están alumbrando tales nuevas tecnologías digitales es la implantación de un modelo, que viene de los Estados Unidos, con unos nuevos ricos que están decidiendo los destinos del mundo (sin escamotear, en absoluto, violencias y genocidios, como estamos viendo todo este tiempo) y que están convirtiendo la especulación con el dinero en medio de multiplicar por cifras inverosímiles sus fortunas, y también con una sociedad de siervos (retrocediendo en siglos), en la que se suprimen derechos laborales, sociales, ciudadanos, de las minorías…, conseguidos a lo largo de toda la contemporaneidad, a través de luchas humanas costosas y que han exigido tantos esfuerzos y sacrificios.
“La pobreza, en alza”, reza el titular de portada de un periódico de provincias.
Nuestras sociedades, ay, en retroceso…
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