El cántico del estadio de Cornellá del partido reciente España-Egipto ha traspasado fronteras. Estos coros con distintas temáticas, en el fútbol, los conciertos o en foros multitudinarios, suelen quedarse dentro, pero en este caso, “Musulmán el que no vote”, que no suena muy ético, se hizo viral. Creo que todos tenemos más o menos claro que España no es racista, salvo excepciones contadas, ni siquiera cuando en un estadio se provoca a un jugador extranjero con un improperio soez e injustificado, cualquiera que sea el color de su tez, y la intención no va más allá de un intento de desconcentrarlo.
El carácter jocoso de la frase por supuesto que tiene un trasfondo, que creo no se identifica con la mayoría de los árabes. Todos conocemos ciudadanos originarios de estos países, o de otros, cualquiera que sea su generación y gran parte de ellos son tan competentes como respetables. Pienso que el cántico durante este el partido no va hacia ellos, sí contra una minoría que no debe gustar a nadie, ni siquiera a sus propios compatriotas con un voto ya muy concreto que no coincide con el de quienes vienen a vivir del cuento y de nuestro esfuerzo (también los hay aquí) o el de nuestros padres y abuelos durante una vida, y a hacer cosas peores, que encima encuentran a menudo la condescendencia de un Gobierno fariseo y tramposo con una clara intención electoral y especialmente de partidos radicales y antisistema.
Las críticas en cantidad de casos han sido tan duras como demagógicas, desde una parte de la sociedad o la propia FIFA o FEF o algunos medios de comunicación, muchos de éstos por quedar bien. No pasa lo mismo cuando se canta “Español el que no bote”, “Fascista/facha el que no bote”, o el akelarre independentista pitando el himno nacional en la Copa del Rey, o que algunos cientos de ‘aficionados’ cantaran en las calles de Sevilla con la camiseta del Osasuna en la final de la Copa contra el Real Madrid hace tres años insultos contra España o proclamas en favor de los presos de ETA. Especialmente los devotos de una determinada ideología, ¿se quejan amargamente también de estas actitudes tan reprobables? ¿O cuando en algunos campos de fútbol del Norte han aparecido la serpiente y el hacha alusivas a la banda terrorista? ¿O en los partidos de la Selección vasca las reivindicaciones separatistas? O banderas esteladas en campos de Cataluña… O quemar banderas de España o imágenes del Rey o actitudes en la misma línea.
La inmigración ilegal en nuestro país, con el soporte de una parte de la sociedad y los partidos referidos, venga de donde venga, está causando un grave problema demográfico, el colapso en la sanidad de algunas regiones y un malestar y enfrentamiento entre los españoles palpable. Prohibido quejarse. Una llegada incontrolada de tantas personas, sin saber muchas veces su procedencia, con la fecha de nacimiento falsificada, desconociendo su identidad. Y Seguridad Nacional asumiendo que en los flujos migratorios se pueden colar delincuentes por la falta de rigor del Gobierno. Pero no pasa nada.
Como con tantos escándalos permitidos por el Ejecutivo, con Pedro Sánchez de comodín y perpetuo artífice, nunca ha crecido tanto la población reclusa extranjera en nuestro país como en el último año y medio y uno de cada tres internos es de otra nacionalidad, pero es igual. Y debido al caprichoso e indignante trato de favor del Presidente a Rabat, casi el 30 % de los presos extranjeros son marroquíes, pero qué más da. Y los agricultores andaluces esperando en los mítines electorales como agua en mayo a María José Montero, una de las ministras más corruptas y ridículas de la democracia, para preguntarle por qué el Gobierno compra los tomates a Marruecos en lugar de acordarse de ellos. Y en el recuerdo reciente, la idea de Podemos Andalucía que planteó un referéndum para quitar la Semana Santa en Sevilla “para no molestar a los musulmanes”, pero sí para ganar votos. Y la última injuria para un amplio sector de la izquierda es un estribillo acompasado en el Español Stadium alusivo a un segmento muy concreto de los musulmanes, pero la dictadura del burka hay que mantenerla.
Que la inmensa mayoría de población musulmana es competente es tan obvio como que ellos mismos denostan a sus homónimos que no tienen el mismo comportamiento, al verse perjudicados desde el sudor diario, por quienes no quieren trabajar. Como ocurre entre otros ciudadanos extranjeros. Que se necesitan muchos inmigrantes en España debido al bajo índice de natalidad, es sabido, y también para cubrir puestos de trabajo, que por otro lado no existirían tantas vacantes si no hubiera pagas masivas injustificadas vaciando las arcas para restar de las necesidades prioritarias.
La demagogia del social comunismo en España especialmente en la última década, en beneficio de sus intereses y bajo el manto de su 'superioridad moral' sigue latente, y su influencia tan negativa en el devenir de nuestra sociedad y las instituciones.
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