Viernes, 10 de abril de 2026
Volver Salamanca RTV al Día
Amor, dolor y gloria
X

Amor, dolor y gloria

Final de la Semana Santa. Hemos ido evocando cómo Jesús nos dejó muy claro lo que es el verdadero Amor –con mayúscula-, ese que vence todas las contrariedades, que no tiene nada de cómodo, que no le detiene ni el dolor, ni el daño y que llega al máximo: dar la vida para favorecer a todos los demás, para salvarnos. Una muerte que se convierte en vida. Cuando sabía lo que sucedería horas más tarde, reunió a los suyos en torno a la mesa –obsérvese que todos los momentos más sublimes de la vida de Jesús tuvieron lugar alrededor de una mesa: las bodas de Caná, la multiplicación de panes y peces, la Santa Cena, después de la Resurrección, etc. En una especie de “despedida terrenal”, pero llena de significado y para “romper el hielo”, comenzó lavando los pies a los suyos. En ese momento, nos lavó los pies a todos y nos los sigue lavando cada vez que los tenemos sucios. A continuación, todos limpios, les enseñó la fórmula más adecuada para comenzar un banquete: después de entregarse a los suyos como alimento, partir el pan y repartir el vino, sabiendo que era dar todo lo que era y tenía a toda la humanidad. Él nos marcó el camino: amar y morir con Él para resucitar también con Él. Empleó las mismas palabras que oímos a diario en misa. Ahí vieron la luz la Eucaristía y el sacramento del Orden sacerdotal.

Con la Cruz del Viernes Santo le vemos estrechando el dolor y la muerte por Amor al Padre y a todos nosotros. Clavado a la Cruz está soportando nuestros dolores a la vez que nos enseña la esperanza en ese cielo que es el reinado de Dios

Los cristianos nos olvidamos con demasiada frecuencia de nuestra razón de ser. La humanidad nunca ha recibido, ni recibirá, de nadie más de lo que nos ofrece continuamente el Señor. Sin embargo, solemos enterrar ese merecido agradecimiento poniendo toda clase de disculpas o, sencillamente, mirando para otro lado. Cuando llega la Semana Santa, se nos refresca ese olvido y, una vez más, debemos entonar el mea culpa para avergonzarnos de nuestra ingratitud. Sabiendo que, por todos nosotros, Jesús murió en la Cruz, debería ser el momento para dar gracias a Dios por el detalle que ha tenido con cada uno de nosotros –Día del amor fraterno-, y si queremos ser cristianos de verdad, se debe convertir en “Profundo día de dolor”. Pidamos al Señor que ese dolor que nos corroe sirva para pedir perdón y recordarnos que en todo momento estamos en débito con Él.

Jesús y nosotros, volvemos a la vida con el gozo de la Pascua. La Resurrección transforma nuestro día a día invitándonos a ser testigos de la esperanza y de la alegría que supone vivir en un mundo al que Jesús ha traído esa concordia y esa paz que nosotros nos empeñamos en destruir.

La Semana Santa debe ser tiempo de dolor, esperanza y gloria. Es cierto que para los extranjeros es más bien una exhibición, un espectáculo, pero –seamos sinceros- para los de aquí es una mezcla de dolor, penitencia, tradición, turismo y negocio. Hemos olvidado que nuestra nación conoció un día al Dios que había sido juzgado y condenado como un vulgar delincuente, pero siguió creyendo en Él. Por eso mismo, aunque muchos no lo entiendan, no es extraño que este pueblo quiera refrescar su memoria saliendo a la calle para escoltar al que le ajusticiaron hace dos mil años.

Si no son verdaderos devotos los costaleros, cofrades y la gente que sale a ver las procesiones, debemos pensar puede llegar el día que esa observación se convierta en el primer paso para alcanzar una devoción sincera. Desde luego, si todas las personas que se agolpan en las calles para ver las procesiones, fueran a misa los domingos, no habría iglesias suficientes para acomodar a todos. Como un detalle esclarecedor del tema, se puede comprobar que la falta de jóvenes en las misas de los domingos contrasta con el claro aumento que se observa en cofradías y hermandades. Hay quien se empeña en calificarlo como una moda sin darse cuenta que los Evangelios han soportado todos los movimientos culturales de los últimos dos mil años sin perder su contenido y su mensaje.

Sigue habiendo gente empeñada en atacar a la religión católica pidiendo que unamos nuestra idiosincrasia a la de otras religiones que merecen nuestro respeto, pero poco o nada tienen de común con la nuestra. Generalmente, suelen ser los mismos que, a la vuelta de la esquina, no dudan en insultarnos. Menos mal que, cada intento, ya sea de los intransigentes o de los poderes públicos, suele despertar el efecto contrario. Feliz Pascua de Resurrección para todos.

La empresa Diario de Salamanca S.L, No nos hacemos responsables de ninguna de las informaciones, opiniones y conceptos que se emitan o publiquen, por los columnistas que en su sección de opinión realizan su intervención, así como de la imagen que los mismos envían.

Serán única y exclusivamente responsable el columnista que haga uso de nuestros servicios y enlaces.

La publicación por SALAMANCARTVALDIA de los artículos de opinión no implica la existencia de relación alguna entre nuestra empresa y columnista, como tampoco la aceptación y aprobación por nuestra parte de los contenidos, siendo su el interviniente el único responsable de los mismos.

En este sentido, si tiene conocimiento efectivo de la ilicitud de las opiniones o imágenes utilizadas por alguno de ellos, agradeceremos que nos lo comunique inmediatamente para que procedamos a deshabilitar el enlace de acceso a la misma.