Hay un enorme interés en polarizar.
En dividirlo todo, en fragmentarnos, en hacernos trocitos para poder incluirnos en los cubículos en los que, algunos, quieren ir colocándonos a todos.
Carne o pescado, lechuga o escarola, tinto o blanco, los Reyes o Papá Noel, de Alicante o de Jijona, roscón o panettone, de patata o francesa, Boston o California, mar o montaña, cardio o fuerza, pollo o pavo, de tacón o plano, lana o poliéster, Aristóteles o Platón, arriba o abajo, Betis o Sevilla, Londres o Nueva York.
De Ciencias o de Letras, Madrid o Barça, implante o puente, ventanilla o pasillo, piso o adosado, bañera o ducha, ácido hialurónico o bótox, con gas o sin gas, brut o semi, de calabaza o de girasol, almendra o avellana, vinagre o limón.
Carnívoro o vegano, nocturno o diurno, rápido o lento, híbrido o eléctrico, de derecha o de izquierda, supermercado o ultramarinos, a la moda o vintage, churri o cruch, femenino o masculino, pluma u ordenador, acuarela o acrílico, tinta china o de calamar, de pueblo o de capital, andando o en ascensor.
Solo o con leche, desnatado o 0'0, torrefacto o natural, dulce o salado, húmedo o mojado, con sal o sin sal, ("y con sal, saleró"), autónomo o asalariado, joven o pensionista, enfermo o sano, público o de pago, frío o caliente, de trigo o de espelta, con IVA o sin IVA, asfaltado o con baches, propietario o alquilado, serrano o de York.
Hay algo cansino en el fondo de algunas cosas. Pero… deberíamos sabernos de múltiples tonos, de diferentes gustos, de muchas posibilidades, de diverso colorido… De infinitas opciones.
Y porque estamos más que hartos de tanto vocerío. De tantísimo ruido y tan poquísimas nueces. De que se merodee alrededor de las cosas y no se resuelvan. De los mismos perros, de distintos colores, pero con el mismo collar.
Llevamos demasiados años que dan ganas de despachar con una seria patada (virtual, desde luego) en sálvese la parte. Pero siendo lo poco condescendientes que ya nos queda por ser debido a tanta saturación, animaría, a todos aquellos que pretenden polarizarnos sólo para sacar su ventaja, a que utilicen las vacaciones como periodo de profunda reflexión para volver a los ruedos con los brazos bien remangados y dejarse de discusiones bizantinas y de palabrería barata (y, en muchas ocasiones, maleducada y soez) y se pongan a hacer aquello para lo que se les paga: para hacer su trabajo de la forma tan impecable como se merece la ciudadanía: con eficacia, con celeridad, y, desde luego, con principios abanderados por la honradez.
Mercedes Sánchez
La fotografía es gentileza de José Amador Martín, a quien se la agradezco
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