Las puertas abiertas del Cuartón nos devuelven la figura de una salmantina particular, objeto de numerosas publicaciones
Abre sus puertas el Cuartón de Inés Luna de la mano de Almudena Porres y Andoni Rekagorri, los artífices de que este espacio no sea únicamente un rincón dedicado a la hospedería, sino que retome su carácter cultural en medio del campo de Traguntía. Y este paseo por la Liberty House de Inés Luna Terrero nos recuerda que la vida de la dama modernista que nombrara así el cineasta Basilio Martín Patino, ha dado y dará para numerosos documentales, películas y sobre todo, libros, libros en los que su vida y su persona recorran página a página, como tenemos la oportunidad de recorrer ahora los caminos del jardín de su memoria.
Tiene el Cuartón de Traguntía, tras su remodelación en el 2010, la magia que le dio su dueña, quien, habitante de los felices años 20 en Biarritz y asidua de las fiestas aristócratas madrileñas, quiso habitar tras la muerte de su padre, Carlos Luna. El patrimonio de los Terrero era ingente en número de tierras y casas, pero Inés se decidió por el palacete que levantara su padre a la moda inglesa victoriana, al aire del vuelo neohistoricista, así, se asentó en las tierras cercanas a Vitigudino convirtiendo su casa en ese lugar lleno magia en el que cabía una biblioteca que, tras su muerte, acabó al arbitrio de los vientos y de todos los pillajes. Una biblioteca. Poco podía imaginar la heredera de los Terrero, fallecida en Barcelona en 1953, que sería ella la protagonista de un fascinante relato. Primero de la mano de Salvador Llopis, cronista de la ciudad, que glosó su figura y su origen en un libro en el año 2000, autopublicado y distribuido por la librería Cervantes, un recuento biográfico del que han bebido, según Miguel Ángel del Arco, todos los que hemos escrito sobre la dama modernista.
La historia de esta rica heredera de la tierra salmantina que se adelantó a todas las modas tiene hilos de tragedia griega y coplas de amores prohibidos. La joven Inés se enamora del hijo de un labrador del padre y enterado este, la familia del joven es expulsada de las tierras como si se tratara de un éxodo bíblico. Y originaria de esa tribu desplazada, Macu Vicente, desde la antropología y la memoria, recuerda esa historia de superación y de orgullo en “Centenares”, el libro publicado en el 2006 por la Caja de Ahorros de Salamanca que llamó la atención del cineasta de Lumbrales, Basilio Martín Patino, quien no solo utilizó a Inés Luna en su película “Octavia”, sino que realizó una exposición y una publicación posterior en el 2008 titulada “Espejos en la niebla”, donde ahonda en su historia y en la memoria de la familia expulsada.
La vida de Inés Luna estuvo marcada por aquel episodio juvenil de desgarro y de descubrimiento del inmenso abismo entre las clases sociales que existía. Terratenientes y labradores vivían en dos mundos paralelos y lejanísimos, y la guerra no había hecho más que abismar ambos extremos. Ahora se recuerda la figura del “Capitán Veneno”, Gonzalo de Aguilera Munro, el enamorado de Inés que sirviera a Franco como enlace con los periodistas extranjeros, ya que era de los pocos que sabía hablar inglés y francés. El acercamiento biográfico del historiador Luis Arias González nos ofreció en el 2015, una versión de este aristócrata heterodoxo, cultísimo y complejo que vivió un romance apasionado con nuestra Inés Luna. La misma que se convirtiera, en el 2015 en una biografía novelada, “Dama Luna” que no pudo beneficiarse del conocimiento ingente de Alfredo García Vicente sobre su persona. Cuando escribí este libro, no conocía aún al profesor e investigador quien, miembro de la familia Velasco, había vivido al lado de la finca de Inés Luna, junto a una abuela que trabajó con ella. Alfredo ha dedicado sus mejores dotes de investigación sobre su compleja vecina, una documentación ingente que alimenta sus fantásticas conferencias y que también ha disfrutado el que más sabe del padre de Inés, Carlos Luna, personaje que parece surgir de la nada para llegar a Salamanca a emprender negocios tan increíbles como la instalación de la luz eléctrica.
Y nadie mejor que Eladio Sanz, catedrático de electrotecnia de la Universidad salmantina para escribir sobre Carlos Luna. Su libro nos alumbró, literalmente, en el 2017. Porque la historia de esta familia merece la atención de expertos e historiadores. El abuelo senador que quiso traer el ferrocarril a la Salamanca levítica, el padre emprendedor que fue presidente del Casino, la misteriosa madre, la hija viajera enamorada de los viajes y del culto maronita que tan importante fue para la iglesia salmantina forman una historia en la que se refleja la primera mitad de nuestro siglo. Modernidad y tradición, drama y capricho, años veinte felices y campo de infinita pobreza… Merecedora de una película o una serie, la vida de los Luna Terrero ocupa un impresionante volumen, “Las dos muertes de Inés Luna”, publicado en el 2023 por el periodista Miguel Ángel del Arco, cuyas investigaciones, con muchas aportaciones de Alfredo García Vicente, dibujan, quizás, definitivamente al personaje. Una mujer viajera, diferente, incomprendida, que hizo siempre su voluntad y que construyó un mundo propio para habitar a su manera, lo que no evitó que sufriera los embates de su tiempo, la maldad de sus enemigos y la frustración de sus amores frustrados. Una mujer que vivió en medio de una finca de ensueño de jardines franceses, ingleses, trazados al arbitrio de su gusto y capaz de alimentar toda una leyenda que continúo tras su muerte. Una mujer que ha merecido estudios, páginas y páginas y que seguirá alimentando más… esos libros que amaba y que leemos ahí donde la fantasía abre las puertas para disfrutar del Cuartón de Inés Luna, naturaleza, cultura, historia libresca y fascinante, historia viva.
Charo Alonso.
Fotografía: Carmen Borrego y Archivo Inés Luna Terrero.