El Centro Social acogía esta tradicional quedada
Hay costumbres que, como el tiempo, se sienten propias e imprescindibles. Así podría definirse el juego de Las Mecas, un evento que desde hace ya 77 años se repite fiel a su cita en la tarde de cada Viernes Santo en Peñaranda de Bracamonte, donde continúa despertando expectación y reuniendo a un buen número de jugadores.
Un año más, el Centro Social se ha convertido en la gran sede de este histórico encuentro. Allí, más de una veintena de participantes se daban cita, puntuales a las cinco de la tarde, para comenzar las partidas en un ambiente marcado por la amistad, las risas y ese aire de tradición que envuelve cada tirada de dados.
El origen de este singular juego se remonta al ya desaparecido “bar Autocar”, lugar en el que durante años se celebraron las primeras partidas. Con su cierre, Las Mecas encontraron acomodo en “La Flor del Vino” y, tras la jubilación de sus propietarios, el testigo pasó definitivamente al salón interior del Centro Social, donde hoy sigue latiendo esta costumbre.
La mecánica del juego es sencilla, pero no exenta de emoción. Cada participante lanza los dados tantas veces como considere necesario hasta sumar entre 24 y 31 puntos. Alcanzada esa cifra, el jugador se planta. Sin embargo, si se sobrepasa, la ronda se pierde y con ella llega la conocida “lamentación”: una jarra de limonada que simboliza la derrota. También la recibe quien, aun plantándose en 24 o más, es superado por el resto.
Pero el castigo no queda ahí. Entre bromas y buen humor, el perdedor debe soportar las burlas de sus compañeros y jugar la siguiente ronda con un cirio encendido frente a él, sobre la mesa, en señal de su infortunio.
Un ritual que, lejos de apagarse, ha vuelto a repetirse este año con sabia nueva a través de jugadores más jóvenes, garantizando así el relevo generacional. Una señal clara de que Las Mecas seguirán formando parte de la identidad local, manteniendo viva una tradición que ya mira, con ilusión, al próximo Viernes Santo.