Nuestra foto de portada corresponde a la que toma un reportero gráfico en Damasco, Siria, en una guerra civil que se convirtió en un conflicto internacional que duró casi 14 años. Porque esto es lo que producen las guerras: muerte y destrucción.
Estamos en uno de los momentos más críticos para los ciudadanos de todo el mundo como no se veía desde la Segunda Guerra Mundial. Lo que sí tengo claro es que, si los dirigentes de la alta política mundial tuvieran que ir al frente, no habría guerras.
Pero la gran pregunta que surge, cuya respuesta - como siempre sucede en las guerras- está distorsionada por las “mentiras” y la propaganda, es: ¿cuál es la cantidad de bajas hasta el presente? Y yo le pregunto a mis queridos lectores/as: ¿quién puede creerse la cifra de solo entre 1.600 a 2.000 muertos, según quién las difunda, después de un mes de bombardeos?
Y otra pregunta que pongo sobre la mesa: ¿hasta qué punto los líderes mundiales están contribuyendo a incrementar la incertidumbre? E insisto a continuación con otra más: ¿cuál es la razón para que cada día que pasa sea más de lo mismo en cuanto a declaraciones políticas, que lo que hacen es fomentar aún más un panorama de inestabilidad que cuesta asumir por la ciudadanía?
Escuchamos “sentencias” de algunos analistas y también de políticos internacionales como que “la guerra ya está ganada” en clara referencia a una victoria estadounidense-israelí, o también que “es Irán el que está ganando”, mientras entre unas y otras, el petróleo llega a 120 dólares el barril y repentinamente gracias a una declaración de Trump baja a 100, para que en dos horas más vuelva a subir a 110. En fin, una auténtica montaña rusa que, sin duda, habrá logrado que unos pocos se están beneficiando en los mercados de valores.
Lo que no cabe duda es que la dirigencia política que tiene la autoridad de seguir ordenando “apretar el botón” de los misiles y peor aún, de cualquier arma nuclear táctica en caso que se descontrole del todo la situación, no solo está jugando con fuego, sino con la continuidad de nuestra civilización, porque si se llegase a lo que nunca debió haberse llegado en Hiroshima y Nagasaki con el poder nuclear actual, sería el fin de toda especie viviente, no solo los seres humanos.
Lo reprochable para estos líderes mundiales es que dentro de toda esta locura que se ha desatado, podría haber sido reversible en los primeros días, de haberse apelado a una negociación seria y avalada por dos o tres naciones, por ejemplo, dos del G7 y una como es el caso que actualmente está mediando Pakistán, más la necesaria involucración de Naciones Unidas.
Pero lo que estoy viendo es que esta nueva Guerra de Irán y en general del nuevo Conflicto de Oriente Medio, nos lleva a la humanidad en su conjunto casi –esperemos que no-, a un punto de no retorno. Mi impresión es lisa y llanamente que, con los actores actuales, la situación se ha convertido en irreversible, por lo que son imprevisibles las consecuencias de destrucción económica, ecológica y por encima de todo, de vidas humanas. ¿Estamos en riesgo todos que este infierno de Medio Oriente se extienda al resto del Planeta? ¡Lamentablemente sí!
Justamente llegados a esta situación, es en dónde debe aparecer esa categoría de líder que se da cada cien años, que demuestre la capacidad y firmeza para parar esta locura sin que nadie se sienta humillado, porque esta cuestión de humillaciones y vergüenzas de los dirigentes frente a sus respectivas naciones, nos ha llevado a lo largo de la historia a auténticas carnicerías. Ejemplos sobrados tenemos en el siglo XX con la Segunda Guerra Mundial, cuando en 1941 Alemania y sus más altos mandos militares ya sabían que no podían ganar, y a pesar de ello siguió el reguero de muertes por millones entre los aliados y las potencias de eje. Y cuando ya no quedan hombres para ir a filas, se empiezan a reclutar niños. La barbarie humana no tiene límites.
Las guerras producen muertos y especialmente civiles inocentes. Esto es así y no hay vuelta de hoja. Los misiles y bombas matan, no solo son instrumentos de precisión de un coste tremendamente elevado, de los que nos impresionan las imágenes en blanco y negro cuando hacen diana y nos lo pasan cada día los telediarios de todos los países del mundo. Nos muestran esa precisión del impacto y casi nos estamos acostumbrando a verlos, como vemos la próxima entrada de una borrasca al continente.
Lo grave de esta situación y lo más preocupante, es cuando hay dirigentes mundiales que están “normalizando” la guerra, y de manera deliberada nos están arrinconando a la ciudadanía mundial a normalizar también una situación que es absolutamente anómala.
El mayor desconcierto que me produce en la situación de estancamiento que la Guerra de Irán muestra en este momento, es en cuanto a los relatos que están a favor de unos y de otros. Si te opones a ella te recriminan que estás influenciado por la ideología de izquierdas; por contario, si estás a favor, la recriminación es que la que te influye es la de derechas. Y este es un error garrafal, porque no es cuestión de derechas ni izquierdas: simplemente ninguna guerra es la solución ni tiene ideología, porque por la única enfermedad por la que es poseída es la de la destrucción y violación absoluta de los derechos humanos.
Nunca ha sido la solución bélica la poción mágica que algún líder haya soñado a lo largo de la historia y jamás lo será, se pongan como se pongan los que dicen que hay momentos en los que no cabe otra opción. ¡Pues sí, siempre hay opciones cuando existe un liderazgo serio, especialmente en Naciones Unidas!
No es excusa que Irán estuviere bastante avanzado en el enriquecimiento de Uranio, ni que sus amenazas históricas sobre la “desaparición del Estado de Israel” fueran tan inminentes que justificara la intervención.
Cuando la Guerra de Vietnam generó una reacción pacifista y contracultural como jamás había sucedido, un cantante estadounidense, Barry McGuire, escribió la letra de una canción netamente de protesta típica de la época y también la cantaba. En una de sus estrofas decía:
“¿No entiendes lo que intento decir?
¿No sientes el miedo que siento hoy?
Si se aprieta el botón, no hay escapatoria.
No habrá nadie a quien salvar con el mundo en una tumba.
Mira a tu alrededor, muchacho, seguro que te asusta”
Y en el estribillo remataba diciendo:
“Y me lo dices
Una y otra vez, amigo mío
¿Cómo es que no lo crees?
Estamos al borde de la destrucción”
¿Qué ha cambiado desde la Guerra de Vietnam a la de Irán? Lo único que sí ha cambiado es la capacidad destructiva del armamento, porque volvemos una y otra vez, en cada conflicto…en cada locura en la que nos meten los líderes mundiales…al borde de la destrucción.
Por cierto, la canción de McGuire se llamaba “Eve of destruction” (Víspera de destrucción), porque el mundo en el que hemos vivido desde 1945 en adelante… siempre ha estado en “Víspera de alguna destrucción”. Nunca ha llegado… pero si los líderes mundiales siguen “jugando a la guerra” os aseguro que finalmente llegará. Y como bien “gritaba” Barry McGuire y traducido al hoy, “no habrá nadie a quién salvar cuando el mundo se convierta en una gran tumba”.
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