Queridos hermanos y hermanas, Autoridades, miembros de la Hermandad de Cofradías, cofrades de Jesús, amigo de los niños; de Nazareno y Ntra. Sra. de la Misericordia; del Cristo del Humilladero y Ntra. SRA de las Lágrimas, de Ntra. de la Esperanza; de la Preciosa Sangre, de Ntro. Padre Jesus Nazareno y Ntra. de la Misericordia, de la Vera Cruz, del Santo Cristo de la Cama, de Ntra. Señora de la Soledad, vecinas y vecinos de Peñaranda.
Gracias de corazón, por esta invitación. Gracias por la confianza.
Gracias también por la paciencia y la acogida. Porque ponerse hoy aquí, delante de vosotros, no es poca cosa. No se viene a "cumplir", ni a repetir palabras bonitas, ni hacer un discurso correcto. Tomo el pregón. como una profesión de fe, como un espacio para compartir fe, vida, preguntas de un acontecimiento histórico, comunitario y personal, eclesial y ciudadano.
Nos reunimos hoy bajo el mismo cielo que ha visto crecer a vuestros abuelos, jugar a los niños, ver crecer a los jóvenes y despedir a los que ya descansan en la paz del Señor. Nos reunimos como pueblo de Peñaranda no sólo para inaugurar la Semana Santa sino para abrir nuestro corazón al misterio que ha atravesado los siglos de la historia: LA PASION, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE NUESTRO SENOR JESUCRISTO. La Semana Santa es, sin duda, el corazón de nuestra fe cristiana. Es un viaje interior, un viaje que nos lleva a recorrer los caminos del dolor y la esperanza. Un viaje que nos invita a encontrarnos con nosotros mismos, con nuestra propia humanidad, con nuestra propia fe.
Hoy, se nos invita, tambien, a tener mirada de niños. Así nos lo decia el maestro. "Si no os hacéis como niños, no entrareis en el Reino de los Cielos". El niño es el que es capaz de vivir cada momento con sorpresa. Renovemos, pues, nuestra mirada en esta Semana Santa descubriendo la novedad en lo que, quizá, ya sabemos.
Saboreemos cada instante de esta Semana Santa descubriendo es novedad.
En el pasaje del Exodo 34,21, vemos que el Señor dijo a Moisés "prepárate para mañana, sube al amanecer al Monte Sinaí y espérame allí". Este encuentro con el Señor va a ser siempre un regalo gratuito que no dependerá de nuestro esfuerzo, pero es verdad que la cita puede frustrarse sino acertamos con el camino de subida.
Porque solemos llegar desde la prisa y el ruido, atareados y aunque intentamos frenar nos cuesta hacer silencio, nos cuesta entrar en la oración.
No permitamos que la costumbre de esta celebración desdibuje nuestra capacidad de asombro. Los gestos, las palabras, la música, el silencio. Las flores nos ayudan a entrar en el misterio del Amor de un Dios que quiere hacer historia de amistad con cada uno de nosotros. Así es nuestra liturgia.
Lo que descubrimos en esa vida-muerte es el acto de total entrega de sí y de la total identificación con la condición humana, el acto de ser para los demás. A través de todo ello, El se nos revela como Señor de la Vida, como vencedor de todas las negatividades de la existencia.
Nosotros lo hemos recibido gratuitamente, vamos, pues, anunciarle gratuitamente.
En estos días santos, nuestras calles se transforman. El sonido de los tambores rompe el silencio de la noche; el incienso perfuma el aire y las imágenes salen al encuentro de un pueblo, el vuestro, PEÑARANDA, QUE CAMINA TRAS ELLAS CON FE SENCILLA Y PROFUNDA. No es sólo tradición. No es sólo cultura. Es MEMORIA VIVA DE AQUEL QUE CARGO CON LA CRUZ PARA ENSENARNOS QUE EL AMOR ES MÁS FUERTE QUE EL DOLOR.
Con esperanza acogemos un año más la invitación y provocación que se escuchará en la Liturgia del Viernes Santo en todos nuestros.
templos. "MIRAD EL ÁRBOL DE LA CRUZ, DONDE ESTUVO CLAVADA, LA SALVACIÓN DEL MUNDO. VENID ADORARLE.
En un mundo donde el individualismo y la indiferencia nos aístan, la cruz nos recuerda el valor dal amor fraterno, de la solidaridad, de la compasión. Como decía el Papa FRANCISCO la cruz es el signo del amor más grande, el amor en el que Jesús quiere abrazar nuestra vida.
Así la Semana Santa no es un recuerdo lejano de lo que ocurrió en Jerusalén. Es la historia que se repite y se repite de manera especial en cada hogar que hay sufrimiento, en cada mesa donde falta el pan, en cada familia que lucha por mantenerse unida, en cada joven que busca esperanza y sentido, en cada anciano que necesita compañía. Jesucristo sigue cayendo en quienes tropiezan con la soledad. Sigue siendo crucificado en la injusticia, en la indiferencia, en el olvido de los más débiles.
El domingo pasado, 4° de Cuaresma, El Papa, León XIV, nos animaba a mirar al mundo desde el punto de vista de Jesús en particular ante las dramáticas situaciones de injusticia, violencia y sufrimiento que marcan nuestro tiempo. Una fe despierta, profética, atenta que abra nuestros ojos ante las necesidades de nuestro mundo para llevar la luz del Evangelio. YO SOY LA LIUZ DEL MUNDO.
Porque, también, hoy, tenemos que reconocer con mucha honestidad, que vivimos en una cultura a la que la Semana Santa le resulta extraña.
Para muchos es simplemente tiempo de vacaciones, de procesiones, de tradiciones bonitas. Y no digo que eso esté mal, pero si nos quedamos sólo ahí corremos el riesgo de vaciarla por dentro. Una pregunta que vuelve cada año insistente y necesaria. ¿Dejamos que la Semana Santa nos cambie el corazón? La Semana Santa no está hecha para contemplarse desde fuera. Los misterios que celebramos son historias de carne herida, de amor entregado, de esperanza contra toda esperanza. Son la vida misma, cuando duele y cuando, aun doliendo, se ama.
Miramos a Jesus entrando en Jerusalen y aprendemos que la verdadera grandeza no se impone, se ofrece con mansedumbre.
Miramos a Jesús que se cife la toalla y comprendemos que quien ama de verdad se arroditla para lavar los pies cansados. Miramos al Cristo traicionado, juzgado injustamente, golpeado y despreciado y no podemos evitar reconocer ahí tantos rostros de hoy porque, el Señor sigue cargando con la cuz de los cuerpos agotados por la pobreza, en las personas que viven solas y nadie nombra, en quienes sufren enfermedad mental, migración forzada. Cristo sigue cayendo en quienes ya no esperan nada, en quienes han aprendido a sobrevivir sin ser mirados.
La cruz no nos invita a resignarnos, nos invita hacernos cargo, a no blindar el alma para no sufrir, a no acostumbrarnos a la injusticia, a no pasar de largo. Nos invita a que el sufrimiento del hermano nos duela lo suficiente como para movernos.
Cuando María se queda al pie de la cruz, no entiende todo, PERO PERMANECE Y PERMANECER YA ES UNA FORMA DE AMOR INMENSA, Tal vez hoy se nos pida eso, quedarnos cerca, no mirar para otro lado, no huir, a no resignarnos, a dejar que el sufrimiento del hermano nos duela lo suficiente como para movernos.
PERO La SEMANA SANTA NO TERMINA EN LA CRUZ, NUNCA TERMINA AHÍ, EL SEPULCRO SE ABRE, LA PIEDRA SE CORRE Y LA VIDA VUELVE A PRONUNCIAR LA ULTIMA PALABRA.
LA RESURRECCIÓN NOS DICE QUE EL AMOR NO HA SIDO EN VANO, QUE CADA GESTO DE CUIDADO CUENTA, QUE CADA VIDA ROTA PUEDE RECOMPONERSE, QUE EL SEÑOR RESUCITA CUANDO ELEGIMOS EL PERDÓN EN LUGAR DEL RENCOR, RESUCITA CUANDO UN PUEBLO SE UNE ANTE LA DIFICULTAD. QUE CADA GESTO DE CUIDADO CUENTA.
Nuestro pueblo, Peñaranda, sabe de esfuerzo. Sabe de manos encallecidas, de madrugones, de trabajo duro y de puertas que siempre se han abierto al que lo necesita. Esa es nuestra mayor riqueza.
verdadera, atenta y profética.
Que esta Semana Santa nos regale una mirada nueva: una mirada que descubra dignidad donde otros ven problemas.
No podemos, no debemos, vivir una Semana Santa solo de flores y de cirios encendidos si apagamos la luz de la solidaridad el resto del año. No podemos acompañar a Cristo en la procesión y dejarlo solo en el hermano que sufre. No podemos cantar victoria el Domingo de Resurrección si no pasamos por el compromiso del Viernes Santo.
Hoy, os invito a que esta Semana Santa no sea sólo emoción sino CONVERSIÓN. Que cada paso de nuestras procesiones sea también un paso hacia una comunidad más justa y fraterna. Que cada canto, sea un grito por la paz y contra la pobreza y exclusión. Que cada silencio ante el Cristo crucificado nos haga escuchar el clamor de los que necesitan nuestro apoyo.
Seamos un pueblo que reza y un pueblo que actúa. Un pueblo que conserva sus tradiciones, pero que no se queda anclado en ellas. Un pueblo que mira al cielo sin dejar de tener los pies firmes en la tierra.
Que nuestras cofradías no sean sólo portadoras de imágenes, sino escuelas de fraternidad. Que nuestros jóvenes encuentren en la fe un camino de sentido.
Que nuestros mayores sientan que su historia es cimiento y no carga. Que la piedra del sepulcro no sea el final. Que la última palabra no la tiene el dolor, ni el miedo, ni la crisis. LA ULTIMA PALABRA LA TIENE LA VIDA CON MAYUSCULAS.
Que esta Semana Santa 2026 nos renueve por dentro y nos fortalezca por fuera. Que salgamos a nuestras calles no sólo como espectadores, sino como testigos de esperanza. Testigos de unidad y fraternidad. testigos de un amor que transforma.
Y que cuando las luces se apaguen y las imágenes regresen a sus templos permanezca encendida en nosotros la llama del COMPROMISO.
Termino con las últimas palabras que el Pap León XiV nos dirige en io cuaresmal. «Pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oido a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometamonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciendonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor".
PORQUE UN PUEBLO QUE VIVE SU FE CON COHERENCIA NO SOLO CELEBRA LA RESURRECCIÓN... LA CONSTRUYE CADA DÍA.
FELIZY COPROMETIDA SEMANA SANTA DE PEÑARANDA!