Su prosa afilada y su uso del humor, del terror y de la visión distorsionada del lenguaje hacen de la autora todo un descubrimiento.
La portada del libro publicado por Candaya sorprende, incluso desagrada. Un bosque de densas oscuridades, un columpio infantil abandonado y un extraño personaje perdido en el tiempo y en el espacio. Así es el discurso enloquecido de este libro, una mirada diferente, sorprendente, originalísima, distorsionada de la realidad de todos los días… y con un lenguaje que es el gran hallazgo de la obra de Fernanda García Lao.
Candaya es una editorial que suele sorprendernos con propuestas novedosas. Autores que manejan el discurso de una forma tan atrevida que parecen crearlo a cada página: “Él está blindado en un traje que le disimula el cuerpo, que parece tragarlo”, autores que se atreven con atmósferas enloquecidas donde nada es lo que parece. Un extraño hotel donde nada parece cierto, ni los extraterrestres ni la violencia ni la locura. Y dos viajeros, hermanos en el horror, que pierden al gato de un tercero, recién fallecido. El gato se escapa y ellos salen de la carretera para enfangarse en un mundo extraño, “el mundo vuelve a ser el mundo”, afirman cuando parecen salir de esa pesadilla extraña y fantasmal. Pero ¿Qué es de verdad el mundo? ¿No es ridículo, enloquecido, todo lo que nos rodea?

Tiene la novelista, cuentista, poeta y dramaturga, Fernanda García Lao una forma original de hacer ese terror latinoamericano que tanto nos recuerda a Mariana Enríquez. Quizás es propio de los autores del cono sur, un lugar vuelto del revés en los mapas, como está vuelto del revés este extraño lugar donde recalan los hermanos. Y la extrañeza, no solo de lo contado, sino de cómo se cuenta. De un lenguaje distorsionado, de frases cortas, de escenas inolvidables. Un cuidado minucioso en cada palabra, cada imagen, cada breve párrafo. A veces, uno piensa que no es tan importante lo que se cuenta, como esa portada perturbadora. Sino cómo se cuenta, qué lleva acarreado, como el gato del fallecido, que arrastra la autora por escenarios de pesadilla que parecen desaparecer a cada paso.
Libro de una originalidad libérrima, casi divertida en su uso prodigioso del lenguaje, cuadra muy bien con la sonrisa abierta de una autora que sí, que es argentina, pero que lleva mucho tiempo viviendo en la locura de grandes ciudades como Madrid y Barcelona. Quizás de ahí su gusto por las carreteras, los bosques, el agua y hasta los extraterrestres. Quizás porque son ellos, digo, nosotros, los que buscan un gato entre lo que es y no es, lo que suponen los personajes extraños y la violencia soterrada. La familia como una pústula enloquecida y la pérdida en medio del paisaje más extraño. Merece la pena entrar en este marasmo particular, extraviarse y hasta encontrarse. Encontrarse leyendo a García Lao. Sorpresa a cada renglón torcido.

Charo Alonso.
Fotografías: Editorial Candaya y Librería Letras Corsarias.