Hoy en día, existen servicios online para obtener financiación rápida. Quizá no tienen mucha publicidad ni salen en la televisión, radio o en las marquesinas de los autobuses, pero esto no significa que no los ampare el marco legal; al contrario: cumplen con la normativa y sus condiciones son transparentes.
Desde que acabara la pandemia en el año 2023, la inflación, la precariedad laboral, la falta de oportunidades y el precio de la vivienda, ente otros factores, dieron un vuelco al panorama crediticio español. Si hasta ese momento los bancos tradicionales eran la opción más reclamada, su circuito burocrático dejó de ser efectivo para muchos.
Los minicréditos, también llamados créditos rápidos o créditos online, pasaron a ser una opción habitual para todas aquellas personas que necesitan financiación. Aunque en un primer momento estaban centrados en resolver gastos imprevistos, su uso se ha diversificado con el paso del tiempo y ya sirven hasta para financiar vacaciones.
Pero ¿son legales los microcréditos en España? La respuesta es sí. Aunque su regulación sea peculiar y su coste sea elevado si no conoces las condiciones, estás ante un producto que sigue las reglas del juego en cuanto a productos financieros se refiere. Una vez clara su legalidad, otras preguntas que vienen solas: ¿son seguros? ¿pueden estafarme?...
Muchas empresas que no son bancos ofrecen ya microcréditos. Por lo general son Fintech, es decir empresas tecnológicas dedicadas a las finanzas y están sujetas a la legislación española y europea de los créditos al consumo. La ley de referencia que debes tener en mente es la Ley 16/2011.
Esa ley es la de contratos de créditos al consumo y detalla los cálculos de los costes, la información previa y las obligaciones. La norma es una trasposición de la Directiva Europea 2008/48/CE que ampara a todos los consumidores de la Unión Europea, segunda ley importante para tener en cuenta.
Por último, si empresa que otorga los créditos no es una entidad financiera, debe cumplir con lo que establece la Ley 2/2009. Esta norma regula a los prestamistas no bancarios y, además, les exige unos requisitos de solvencia, publicidad y, por supuesto, de información.
La TAE (Tasa Anual Equivalente) es el punto de fricción de estos créditos para la mayoría de los clientes y crea confusión. Esto no quiere decir, ni mucho menos, que sea ilegal o una estafa, pero siembra dudas y pánico entre aquellos que, sobre todo, nunca han solicitado uno de estos préstamos.
Por poner un ejemplo práctico: un minicrédito de 100 euros a 30 días tiene un coste de 20 euros. Esta cifra no parece descabellada (las empresas que los conceden no son ONG y deben recuperar el dinero prestado con margen de beneficio), pero si se anualiza (TAE) el número se dispara por encima del mil por cien. Ahí vienen los sustos.
La TAE se expresa en términos anuales porque así lo exige la ley, pero si el producto financiero se resuelve en cuestión de días (30 en la mayoría de los casos) compararlo con algo anual resulta desorbitado. Aunque España no tiene un límite de esta tasa, si se controlan los abusos.
A nadie le gusta comprar con financiación si se puede hacer con efectivo y que no te suponga un desbarajuste en la economía familiar. Por desgracia, no todo el mundo puede permitirse hacerlo y no todos disponen de ahorros que les permitan recuperarse. Intereses hay en todas partes: ya sea un banco u otra entidad crediticia.
Para resolver problemas puntuales que necesitan cantidades inferiores a 2.000 €, los créditos rápidos son una solución si se usan con responsabilidad. Hay multitud de plataformas para solicitarlos, así que encontrar una no es complicado. Entre sus ventajas destacan:
Pero no es oro todo lo que reluce; también existen riesgos si no se hace la gestión con responsabilidad financiera, pero exactamente igual que si se deja de pagar un crédito hipotecario, el préstamo de un automóvil o cualquier otra cosa que se financie. Una cosa hay que tener clara: si se pide un crédito, hay que devolverlo.
El microcrédito no es peligroso en sí mismo, pero los principales problemas que trae consigo son que se use para pagar deudas, que se pidan varios a la vez en distinta empresa, que se hagan muchas prorrogas de devolución y que no se lean las condiciones de contratación donde se detallan las comisiones y penalizaciones por impago.
La clave está en escoger empresas reguladas, sólidas y transparentes. Además, conviene usarlos cuando se necesite y comparando el importe inicial con el final para que no lleguen las sorpresas. En definitiva, los créditos online son legales y tienen una regulación muy clara en el marco europeo, pero no son algo para usar a la ligera.