El arte por el arte ha sido la estocada que lo ha matado. No es más que el reflejo de la sociedad donde vivimos. Un cuadro debe tener una función sino acabará siendo el onanismo de alguien que ha descubierto que tiene sensibilidad. Lo mismo ocurre en política y en el trabajo, cuando perdemos el norte, es decir, cuando no discernimos el valor tangible e intangible de lo que hacemos. El arte nunca gozo de mayor esplendor que cuando se hacía por encargo. Miguel Angel, Rafael, Velázquez, Goya, etc. Se esforzaban en resolver los encargos. Al realizar y conseguir resolver el problema de la capilla Sixtina, o que la meretriz de un noble pareciera tan casta como guapa, o que la nariz de Carlos IV se asemejara a la realidad se conseguían metas, que el arte prosperara, nacían estilos. Se conseguían que todo fuera un paso adelante. Vivimos el mundo al revés. Vuela la sensación que las personas saben el precio de todo pero ya no saben el valor de nada.
La memoria colectiva es escasa, y poco efectiva, aunque subyacen ciertas estructuras mentales. La rapidez con la que se suceden los acontecimientos y los escándalos hace que no puedan fijarse suficientemente lo positivo y lo negativo de lo que ocurre y recordarlo para mejorar. Se sabe todo sin recordar mucho.
Todos los días vemos en la radio o la televisión que invitan a dementes, personajes de moral distraída o ignorantes sin oficio ni beneficio para opinar sobre cualquier asunto como si tuvieran una representación de cien escaños en el congreso. Qué hartazgo de gente. Un país no es rico porque tenga petróleo, es rico cuando tiene educación, que significa qué aunque puedas robar, no robas. Es definitiva la riqueza es conocimiento y respeto. El drama de España no es que lleguemos a 4 millones de parados, el verdadero drama es que haya 12 millones de quietos.
En Canarias un centro de menas permite la visita de sus padres marroquíes y que se marchen dejando a sus hijos en custodia del Estado. De locos. Para maquillar el paro crearon a los fijos-discontinuos, así no suben las estadísticas. Mientras millones de españoles se parten el lomo y la vida trabajando, madrugando cada día, levantando negocios, pagando impuestos y sosteniendo el país, se sigue disparando el gasto sin exigir cotizar ni nada a cambio. Hay más de 3,2 millones de personas cobrando ayudas, más de 10.000 millones de euros. Es castigar el esfuerzo y premiar la dependencia. España necesita respeto por el trabajador. El 25 por ciento de los trabajadores cobra menos que los que reciben ayudas. Se ha normalizado el cansancio como estilo de vida y la nueva ambición de reposar. La inmigración ilegal roba el pan a nuestros jóvenes ya nuestros senior. Antes para convivir con otras culturas te cogías un avión, ahora las tienes todas en la parada del autobús, menos la tuya.
Si se aplicara eso de que aquí sólo se quedaran los inmigrantes con contrato de trabajo, se iba a solucionar el problema de vivienda, del paro, de la saturación de la sanidad pública y hasta de las cuentas del estado.
España se ha librado de cortes de suministro de energías tras la guerra de Ucrania gracias a los EEUU, ha contado con su defensa y apoyo estratégico siempre. La irresponsabilidad del gobierno nos va a costar mucho a todos los españoles. Lo de la transición ecológica parece ahora que no era para salvar el planeta sino para que algunos chorizos se llenaran el bolsillo a costa de arruinar a la gente trabajadora. A los ojos de Trump el presidente del gobierno nos ha puesto del lado del enemigo. Vivimos una sociedad decadente y la gente lo sabe. Solo hay que mirarnos en los semáforos.
Celebramos el día de la mujer pero cabe preguntarnos de qué mujer. La mujer ya no se respeta a sí misma y cada vez tienen más kilómetros que el AVE. De la bata manta pasa a la desnudez en sociedad como si tal cosa. No se forman familias ni se llega a viejo juntos. Se ha perdido el rumbo moral. El feminismo no ha parado hasta que las mujeres vean a los niños como una carga, los hombres como un rival, el aborto como un derecho y el libertinaje como un logro. Los tiempos de la abundancia parece que van camino de terminar y la charocracia no lo va a soportar, tendrá que desaparecer. Es una locura intentar racionalizar los mensajes del gobierno si tienes una experiencia de más de sesenta años.
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