Las mentiras son armas que no causan heridas visibles, pero dejan secuelas incluso en los que las utilizan. Y creo que estamos ante un caso en el que a los profesionales de mentiras, de bulos, de infundios, que protagonizan estas líneas, les pasará factura aunque crean lo contrario.
Trump sigue practicando su “deporte” favorito: declarar guerras. En esta ocasión cenó una noche con su amigo Netanyahu, estas cosas no se deciden sin antes ponerse morados a comer y beber, y se animaron a atacar a Irán, y como todas las guerras, de una manera o de otra, nos afecta a todos. Pedro Sánchez no tardó en manifestarse, dijo firme, alto y claro “no a la guerra” y le hizo saber a Trump que no contara con las bases norteamericanas ubicadas en territorio español para que él le mandara bombas a su amigo del alma. Como cabía esperar, se enfadó con él, que es como enfadarse con España y con todos los españoles. ¡Ay, si el supiera lo enfadados que estamos los españoles con él y con los cantamañanas que lo votaron a sabiendas de la pata que cojeaba…! Y lo peor para él, y lo mejor para nosotros, es que de momento no tiene razones para poder empezar a desenfadarse porque pensó que el mundo entero iba a ponerse en contra del presidente español y se ha encontrado con que la mayoría de los países han aplaudido su actitud y la han secundado. Hace unos días, por destacar un ejemplo entre tantos, la presentadora del telediario en Turquía, lo cerraba encomiando al presidente de España por valiente y por ser un gobernante comprometido con la paz, con la democracia y con los derechos humanos, y aunque pidió perdón por su mal español, se la entendió perfectamente. También los españoles, al margen de la ideología de cada uno, celebramos la decisión del presidente, bueno, todos no, Feijóo debe estar pasando las de Caín: convencido de que era el momento ideal para obligar a Pedro Sánchez a convocar elecciones y él ganarlas por mayoría, no dudó en fabricar una mentira tergiversando una frase de la ministra de Justicia y tras grabar un vidio hacer que se divulgara por todas las redes sociales y medios de comunicación, pero finalmente se ha demostrado que era falso y solo ha conseguido hacer el ridículo del siglo, o la risión, que dirían nuestras abuelas. Pero hay que agregar que recurrir a esta estúpida arma para vencer, no es solamente cosa de Feijóo, es la tan vieja como nueva práctica del Partido Popular. Hagamos memoria.
El miércoles se cumplirán 21 años de los atentados de Madrid. Aquel día, mientras que España lloraba de norte a sur y de este a oeste y el mundo se estremecía con su tragedia, el expresidente Aznar recurría a todas las posibilidades para que los españoles creyéramos que los atentados habían sido perpetrados por ETA, como si los españoles fuéramos tontitos, como si no supiéramos la forma de actuar que tenía la banda terrorista, como si los muertos de ETA dolieran menos que los de otro grupo terrorista… y todo por creer que la mentira le ayudaría a ganar las generales que tenía en ciernes. A pesar de todos sus esfuerzos, las perdió finalmente. Y el “silencio” de Feijóo ante este caso y el empeño de los suyos por seguir afirmando que la ministra dijo “estoy a favor de Trump, pero la gente…” en lugar de “estoy a favor de que se apague, porque yo no soy friolera, pero la gente…”, puesto que antes de empezar la reunión estaban hablando de no sé qué problema que tenían con el sistema de calefacción y hacía frío, nos dejan claro que las mentiras siguen siendo para el partido una de las armas utilizadas para intentar convencer a los ciudadanos de que ellos son los buenos y los demás los malos. Margarita Robles, les guste o no les guste, hoy por hoy es una de las políticas españolas más prudente, más respetuosa, más educada, y no parece tan imbécil como para decir tonterías, piense lo que piense, donde solo cabe decir cosas serias. Mejor les iría si algunas de sus mujeres de partido aprendieran de ella y siguieran su ejemplo.
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