Mundo convulso este en el que nos toca vivir y que, desde luego, nos toca sufrir también. Ataques bélicos desatados irracionalmente, en un afán destructivo que no conduce a nada, sino a la destrucción de cientos, si no miles, de seres humanos, víctimas de poderes bestiales y antihumanos; así como también destrucción de todo lo que los pueblos y las comunidades humanas van tejiendo, con su labor y su existir, a lo largo de los siglos.
La respuesta, frente a tantas barbaries, es el pacifismo constructivo, inclusivo, comprensivo de todo lo humano, fraternal, abarcador. De nuevo, como en un pasado no tan lejano de este tiempo, se impone el no a la guerra, no a los genocidios y no a las impunidades de los actos violentos y destructores.
¿Y entre nosotros, en nuestra comunidad, tan despoblada, tan envejecida, tan conformista, tan apática? ¿Qué respuestas damos ante el anquilosamiento en que, desde hace lustros, nos encontramos? No avanzamos, retrocedemos, perdemos población, perdemos energía, perdemos ánimo.
Y, en la campaña electoral por la que atravesamos, leemos en los carteles propagandísticos, como solución, meramente nombres abstractos, sustantivos abstractos, que, en el fondo, no proponen nada, porque parecería que no hay un proyecto de comunidad, que no hay un proyecto de sacarnos de la decadencia conformista en que nos encontramos y en la que sobrevivimos, en una suerte de estrategia implícita del sálvese quien pueda.
Querríamos ver en las vallas publicitarias no sustantivos abstractos, cuyas significaciones, ya de por sí escurridizas, se terminan diluyendo en la nada, para que a quien los dicta y los propone no se le pueda ajustar cuenta alguna en torno al cumplimiento de sus propuestas electorales.
Nos gustaría ver escritos y, sobre todo, ver propuestos, nombres, sustantivos que pertenecen a la médula de lo que la sociedad espera para dignificarse, para dinamizarse, para crecer, para no morir.
Sustantivos y propuestas, escritas, proclamadas y perseguidas como objetivos para convertirse en realidades, como: sanidad pública, educación pública, servicios públicos y sociales, trabajo para que los jóvenes no emigren, retención de los titulados y especialistas en nuestro territorio acceso de los más desfavorecidos a una vivienda digna, atención y dotación del mundo rural de todos los servicios necesarios… y otras necesidades por el estilo que, en el fondo, aunque callada, está reclamando y esperando nuestra sociedad.
Porque los sustantivos abstractos, a la hora de la verdad, son un engaño, constituyen un recurso fácil para salir del paso y seguir detentando el poder e instalarse en unas poltronas, al tiempo que nuestra sociedad languidece, envejece, pierde población…, hasta terminar en la insignificancia.
De nosotros, de nuestra ciudadanía, depende…
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