Los animales de compañía han dejado de ser mascotas para ser familia. En muchos casos la única familia cercana. Siguen siendo animales, pero humanizados, con categoría familiar y, como tales miembros de la familia, se les reconoce a efectos de procesos de divorcio (custodia) y herencias. El volumen de estos “nuevos familiares” es de tales dimensiones que bien podríamos pensar que estamos entrando en la era de los animales de compañía.
No hay unas cifras únicas, depende de las fuentes que consultemos, censados o no, y de las especies que se consideren. Según el INE (Instituto Nacional de Estadística) a finales de 2024 se contabilizaron en España casi 11 millones de mascotas censadas, incluyendo perros, gatos y hurones. Por su parte, un informe de 2021 aportado por la Asociación Nacional de Fabricantes de Alimentos para Animales de Compañía (ANFAAC) aseguraba que había más de 31 millones de mascotas, incluyendo en este caso perros, gatos, hurones, pájaros, peces, reptiles y otros.
Lo que acabamos de exponer: evolución del concepto de “mascota” y las cifras citadas, nos lleva a la reflexión de hasta qué punto ha cambiado la sensibilidad, consideración y relación de la sociedad española hacia los conocidos, hasta ahora, como animales de compañía. El salto ha sido vertiginoso en los últimos años. Se ha dado un cambio profundo en cuanto a qué significan para nosotros esos animales, una conexión con ellos mucho más emocional, otro tipo de relación más humanizada.
Y, todo ello, reflejado no solo en el trato diario que se les da, sino también en las nuevas leyes que dejan de considerar a los animales como objetos o cosas, para pasar a considerarlos como seres vivos sintientes a todos los efectos legales en España.
Nueva normativa legal que, en el caso de España (otros países tienen su propia legislación al respecto) contempla leyes estatales, autonómicas y locales. No vamos a entrar en todas ellas para no cansar al lector debido a su abundancia. Solo haremos referencia a la “Ley 17/2021 de modificación del Código Civil en España” que introdujo un cambio de estatus jurídico por el que los animales pasan de ser considerados "bienes inmuebles" a seres sintientes con derecho a protección; la “Ley 9/2022, de 30 de junio, de protección de los animales domésticos” y la “Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales”, las tres leyes de ámbito nacional y cuyo propio enunciado de esta última es lo suficientemente elocuente: se estima que los animales tienen derechos y necesitan bienestar. Una paradoja en estos tiempos en los que la ola reaccionaria de la extrema derecha que recorre el mundo, pretende cargarse el Estado de bienestar para las personas, símbolo de identidad europea.
La citada legislación (y a la que se alude) está alineada con las directrices de la Unión Europea, especialmente con el artículo 13 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE) en el que se establece que la UE y sus Estados miembros deben respetar plenamente las exigencias de bienestar animal al formular y aplicar políticas de agricultura, pesca, transporte, mercado interior, investigación, desarrollo tecnológico y espacio, reconociendo a los animales como seres sensibles, evitándoles dolores innecesarios y garantizando un trato humano. Otra paradoja: estamos tratando de humanizar a los animales, mientras se está dando una regresión significativa en el trato humano de las personas, deshumanizándolas.
El cambio de estatus jurídico de los animales tiene un referente clave en el mencionado artículo 13 del TFUE que busca asegurar las cinco libertades fundamentales del bienestar animal. A saber: que estén libres de hambre y sed, libres de incomodidades (condiciones de alojamiento adecuado) libres de dolor, lesiones y enfermedades (carnet de medicina preventiva, atención veterinaria pertinente) libres para expresar su comportamiento natural, libres de miedo y angustia. Cinco estándares fundamentales internacionales para asegurar la salud física y mental de los animales. ¡Ay esa ansiada libertad de muchos humanos!, para no pasar hambre, tener acceso a una vivienda digna, gozar de una medicina preventiva que le libere del dolor, expresarse libremente y liberarse de la angustia o el estrés.
Creemos que cabe una profunda reflexión, tanto individual como colectiva, sobre qué elementos han incidido para que un país como España, semejante a lo ocurrido en otras latitudes, se movilice de forma tan emotiva y comprometida por un animal o unos animales en particular. Pensamos que el punto de inflexión en la relación entre los humanos y los animales domésticos ha evolucionado, desde un aspecto utilitario práctico, hacia un vínculo emocional de honda dependencia y compromiso.
Actualmente, la relación con perros, gatos y otras especies domésticas se construye cada vez más desde el vínculo cotidiano y afectivo, aunque esto siga costando entenderse para quienes no conviven con animales. Evidentemente, a ello ha contribuido el marco legal al que antes hemos hecho referencia, pero también la dinámica de la sociedad ha influido en que aquella regularización se desarrollara.
Otro de los elementos fundamentales de este cambio ha sido la caída de la natalidad, por motivos varios. Esta lleva cayendo persistentemente durante mucho tiempo y en muchas latitudes. En el caso de España, en 2023 había 6,4 millones de menores de 14 años, mientras que contaba con unos 10 millones de perros. Había, y hay, más perros que niños. Existencialmente es un sorpaso a la natalidad. El perro lleva conviviendo con la humanidad como animal domesticado unos 35.000 años, pero nunca había sucedido algo parecido.
Los humanos tenemos la necesidad innata de cuidar y, por la razón que sea, si no tenemos la oportunidad de aplicarla sobre los hijos, volcamos ese afecto sobre los animales de compañía, hasta el punto de llegar a considerarlos como “los niños”, “las niñas”, “mi familia”, “mis hijos”, “mis herederos”. Por supuesto que hay muchas personas que hacen compatible el afecto a los hijos con el de los animales.
El fenómeno, que no para de crecer. Ha expandido el concepto de “familia” más allá de los lazos humanos convencionales y desarrollado el concepto de “familia multiespecie”, transformando también las necesidades afectivas de muchos ciudadanos. Criar y cuidar a los animales de compañía como hijos es, además de una cuestión emocional, una realidad de convivencia, una carga económica y un negocio para las clínicas veterinarias de las cuales hay más 7.000 en España, así como para el negocio de alimentación para mascotas que en 2023 facturó 1.900 millones de euros.
Escuchemos y veamos Hachiko Yo Te Extrañare:
https://www.youtube.com/watch?v=Z1OV2fiSMkc
Aguadero@acta.es
© Francisco Aguadero Fernández, 6 de marzo de 2025
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