La biotecnológica, instalada en la incubadora de alta tecnología Abioinnova, ultima los preparativos para iniciar los ensayos clínicos de una terapia viral pionera. El proyecto, que combina tecnología del Monte Sinaí de Nueva York con talento salmantino, estima una inversión necesaria de 60 millones de euros para completar todas sus fases.
Salamanca está transformando su tejido productivo para convertirse en un referente de la industria del conocimiento y la salud. En este contexto, ViroFend Therapeutics emerge como uno de los proyectos más ambiciosos alojados en la nueva incubadora de empresas de alta tecnología Abioinnova. La firma biotecnológica se ha marcado un objetivo de alcance global: el desarrollo de un nuevo fármaco basado en virus oncolíticos para el tratamiento del cáncer de colon.
Al frente de esta iniciativa se encuentra un tándem que une la gestión estratégica con la excelencia científica. Por un lado, Miguel Ángel Ávila, ingeniero agrónomo con una dilatada experiencia en transferencia tecnológica y cofundador de Neurofix Pharma; por otro, la doctora Sara Cuadrado Castaño, profesora en la Icahn School of Medicine del Monte Sinaí (Nueva York) y experta en viroterapia. Ambos lideran un proyecto que busca trasladar la investigación básica de laboratorio a una solución clínica real para los pacientes.
Según ha detallado Miguel Ángel, la compañía se encuentra actualmente en una fase crucial, preparándose para comenzar la denominada fase 1/2a del ensayo clínico. El objetivo inmediato de estos estudios es "poder demostrar, comprobar o verificar que el producto sí que puede ser bueno en humanos", validando la seguridad y la eficacia preliminar de la terapia.
El camino para llevar un medicamento desde el laboratorio hasta la farmacia es una carrera de fondo que requiere paciencia y una inyección de capital masiva. El director general de ViroFend no oculta la magnitud del reto y estima que, para llegar al final del proceso regulatorio y comercial, restan todavía "por lo menos, 8 o 9 años".
Las cifras económicas que maneja la biotecnológica son igualmente impactantes. "Para desarrollar un fármaco como este, hasta una fase 3, se necesitan del orden de 60 millones de euros hasta llegar a destino final", ha precisado el directivo. Sin embargo, la recompensa potencial trasciende lo económico. Miguel Ángel Ávila ha subrayado la trascendencia histórica que tendría el éxito de la investigación: "El desarrollo de un fármaco es un evento mundial; que pueda ser efectivo en humanos es un evento de una dimensión mundial", ha asegurado, añadiendo que un hito así "cambia muchas cosas a nivel económico, político y estratégico".

La génesis de ViroFend es, en palabras de su cofundador, "una historia bastante bonita y curiosa" que ilustra cómo los eventos de networking pueden cristalizar en proyectos reales. Todo comenzó durante la primera edición de 'Salamanca Tech', donde Sara Cuadrado participaba como ponente principal. Miguel Ángel Ávila ha recordado cómo, tras ser presentados, mantuvieron una primera reunión improvisada en la calle a la una y media de la madrugada. Lejos de hablar de negocios en ese primer encuentro, la conversación giró en torno a "la filosofía, la ciencia, el arte y la vida".
Fue a la mañana siguiente cuando Sara Cuadrado expuso los detalles técnicos de su investigación, basada en tecnología puntera desarrollada en el Monte Sinaí. "Era un proyecto de una envergadura descomunal", ha reconocido Ávila. Tras analizar la viabilidad de construir una estructura empresarial sólida sobre esa base científica, decidieron poner en marcha la compañía en su tierra natal.
Para sustentar un proyecto de esta complejidad, ViroFend ha logrado reunir un respaldo financiero de primer nivel. La estructura del accionariado se ha consolidado con la participación de socios estratégicos cuyo soporte es fundamental para atravesar las primeras etapas de desarrollo, las de mayor riesgo en el sector biotecnológico.
La elección de Salamanca como sede operativa no responde únicamente al origen salmantino de sus fundadores, sino a una apuesta decidida por el ecosistema local y al apoyo institucional recibido. La instalación en Abioinnova ha sido determinante para la viabilidad inicial de la empresa. El director general ha calificado la infraestructura y el equipamiento disponible de "extraordinario", destacando que el acceso a estas instalaciones muncipales les "ahorra mucho tiempo y dinero", recursos críticos en una startup científica.
Miguel Ángel Ávila ha insistido en que la capital del Tormes ya no es una promesa, sino una realidad en el mapa del sector salud. "En Salamanca ya hay un entorno biotech", ha aseverado con rotundidad. Para ilustrar la fortaleza de este ecosistema, el directivo ha citado a modo de ejemplo la presencia de multinacionales y empresas locales de referencia que conviven en la ciudad.
La voluntad de los fundadores es mantener la sede y el cerebro de la compañía en la ciudad a largo plazo, evitando la deslocalización. "La voluntad siempre es estar en Salamanca", ha concluido Miguel Ángel, quien ha expresado su deseo de que un hipotético éxito comercial en el futuro sirva para retroalimentar el sistema, permitiendo financiar "otras terapias para otros tipos de cáncer o nuevos desarrollos desde Salamanca".

FOTOS: David Sañudo