, 01 de marzo de 2026
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La exposición antológica de Marina Gómez en la Torre de los Anaya, 'Dos tiempos, dos espacios', se cierra con enorme éxito de público
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La exposición antológica de Marina Gómez en la Torre de los Anaya, 'Dos tiempos, dos espacios', se cierra con enorme éxito de público

Publicado 01/03/2026 19:51

La artista de Alaraz ha deslumbrado con los dos aspectos de su obra artística que puede visitarse en el Museo que abre durante el verano en su pueblo natal

Retrata la artista Carmen Borrego a la pintora de Alaraz en pleno pensamiento, el perfil delicado, sumida en esa reflexión serena que caracteriza su trabajo. Diez años después de su exposición en la más hermosa de las salas salmantinas, La Salina que ahora ocupa otra artista, Raquel Pérez Guiraldez, Marina Gómez ha llenado la Torre de los Anaya de su fecunda trayectoria, y el público ha respondido de una forma masiva, lo que indica que amamos a los buenos artistas de la tierra y que la cultura es necesaria.

Una antológica dividida en dos tiempos y dos espacios cuyas obras regresaran a su espacio querido de Alaraz, yendo la pintura a la histórica galería zamorana Espacio 36. Ha querido Ángel Almeida, alma de este lugar emblemático, llevarse la obra pictórica de nuestra artista, aquella que practica el bodegón en todas sus modalidades y que retrata la naturaleza con un despliegue de color inédito, rebasando incluso el marco que le sirve también de soporte. La originalidad de Marina Gómez es una marca de la casa, y su tratamiento de temas tan clásicos como las Meninas, los bodegones o las naturalezas en su caso no vivas, sino vivísimas, es sorprendente.

Retrata Carmen Borrego a la artista en plena reflexión, en plena quietud hablando de su obra y recuerdo que no hay nadie tan activo como ella. Nacida en Alaraz, el trabajo de su familia, dueña de una fábrica de materiales de construcción, hace que pronto se adentre en el mundo del trabajo manual. Independiente y laboriosa, Marina es licenciada en ciencias de la educación, profesora, logopeda, madre, ahora abuela dedicada y sobre todo, pintora cuya formación y producción sorprende por su constancia y dedicación. En el Madrid de su existencia cotidiana, Marina Gómez aprende sobre todo de dos maestros fundamentales, el pintor Jorge Ludueña y la artista Consuelo Chacón. Y su trabajo evoluciona y no se detiene, del óleo y el collage, pasa al tratamiento del objeto que se conjuga en forma de metacrilato, fotografía, pintura, escultura… de ahí esos dos tiempos y dos espacios que han dividido la muestra y que nos enseñan la prodigiosa tarea de una artista siempre en movimiento. Y entregada.

Entregada porque durante mucho tiempo Marina Gómez organizó un Concurso Internacional de Pintura Rápida en su pueblo natal, aquel al que regresa constantemente y al que ahora se da en forma de museo y de exposiciones que coordina para que todos puedan conocer nuevos artistas. Como en el caso de la escultora Amelia García en su Valverdón originario, Marina Gómez no solo continúa su trabajo en la soledad del estudio, sino que lo convierte en ofrenda para esa tierra “vaciada” que se pone en el mapa con el nombre de estas artistas que siempre aluden a su lugar de origen, y que honran el espacio con sus propuestas generosas.

Cierra la exposición antológica de Marina Gómez y el público se despide de su particular visión de la naturaleza desbordante, de su estribillo constante de encinas que se convierten en su marca propia, de su visión del espacio que juega con las cajas de la tienda de su hermana Domi –qué entrega a una familia que abraza, que apoya, que forma parte de su obra- y donde tiende la ropa del tiempo que pasa o superpone la magia con la que interviene el espacio. “Soy un poco trapera” dice entre risas esta mujer de elegancia innata, y por eso pinta sobre los marcos reciclados, amontona pedazos de madera, interviene cajas, superpone pintura, fotografía y ese metacrilato que nos da otra perspectiva de sus árboles icónicos con las impresionantes “Encinas negras”, una visión desoladora de la tierra calcinada, de la tierra herida. Porque es una artista de la tierra que surge de ella para habitar la modernidad, la rapidez de un Madrid que habita sin dejar a un lado el paisaje, el tótem con el que se identifica. Obra que nos ha ofrecido la tarea de toda una vida que no detiene su curso, sino que sigue investigando, pintando, buscando, entregando y reflexionando. Y es en este momento casi íntimo de reflexión sobre lo que nos ha dejado a lo largo de estas semanas de exposición, en el que Carmen Borrego detiene la mirada sobre su perfil seguro. Y nos entrega un instante de pura belleza, la de la artista entre su obra.

Fotografía: Carmen Borrego