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"Llegar al pueblo será el momento más emotivo": el salmantino Adrián Lafuente culmina a pie su vuelta al mundo de 1.000 días
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ENTREVISTA

"Llegar al pueblo será el momento más emotivo": el salmantino Adrián Lafuente culmina a pie su vuelta al mundo de 1.000 días

Publicado 25/02/2026 13:55

El aventurero charro partirá este jueves desde Salamanca capital para completar el sabado en La Alberca la última etapa de un viaje de 150.000 kilómetros a través de 50 países sin utilizar aviones

Tras recorrer el planeta durante casi tres años, el impulsor de la iniciativa Project Kune afronta los últimos kilómetros de su travesía. El joven llegará este sábado a la Plaza Mayor albercana tras cruzar océanos en velero y continentes en transporte terrestre, demostrando que es posible explorar el mundo con un presupuesto ajustado y un impacto ambiental mínimo.

El aventurero salmantino Adrián Lafuente iniciará este jueves, 26 de febrero, la última etapa de una experiencia vital extraordinaria. Partirá a pie desde la capital del Tormes con destino a La Alberca, su localidad natal, donde tiene previsto llegar este sábado en torno a las 17:00 h, poniendo fin a exactamente 1.000 días de viaje ininterrumpido.

"Llegar al pueblo será el momento más emotivo": el salmantino Adrián Lafuente culmina a pie su vuelta al mundo de 1.000 días | Imagen 1

La iniciativa, bautizada como Project Kune, comenzó el 5 de junio de 2023 con una premisa innegociable: dar la vuelta al mundo de forma sostenible. Desde entonces, el joven ha recorrido 150.000 kilómetros a través de 50 países, atravesando Europa, África, Asia, Oceanía y América utilizando únicamente medios de transporte de bajo impacto ambiental.

El regreso a casa marca el cierre de un ciclo vital importante, ya que partió con 25 años y regresa con 28. "Tengo la sensación de ser como un astronauta que se ha ido al espacio y que ha vuelto pensando que han sido unas pocas horas y ya han pasado tres años", ha confesado el viajero, destacando la particular percepción del tiempo al carecer de rutinas habituales y pasar fechas como la Navidad cruzando el Atlántico, en Australia o a bordo del ferrocarril Transiberiano.

La separación amistosa y el valor del "viaje lento"

Durante la mayor parte del trayecto, Adrián no estuvo solo. Compartió ruta con un compañero italiano desde el inicio hasta febrero de 2025, momento en el que decidieron separar sus caminos en Australia. El salmantino ha explicado esta decisión con una metáfora musical: "La vida es como un álbum de música, y en este tiempo hemos conseguido cantar los dos al mismo ritmo... y ahora queríamos cantar por separado". Una separación amistosa basada en el respeto a las necesidades individuales de cada viajero.

Esta forma pausada de recorrer el globo le ha otorgado una ventaja física inesperada: la ausencia total de 'jet lag'. Al desplazarse al ritmo de los trenes, los autobuses o las olas del mar, el cuerpo del aventurero se ha ido adaptando gradualmente a los husos horarios, evitando el choque térmico y temporal que producen los vuelos transoceánicos.

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Financiación: austeridad, trueque y trabajo

Una de las grandes incógnitas de este tipo de hazañas es la viabilidad económica. Lejos de contar con grandes presupuestos, el aventurero ha detallado que la austeridad ha sido su principal aliada. "Habré gastado entre 14.000 y 16.000 euros en los 1.000 días que he viajado", ha calculado el salmantino, una cifra que excluye su etapa en Australia, donde se mantuvo con ingresos locales.

Para lograr esta eficiencia económica, ha recurrido constantemente al trueque de servicios y al voluntariado. Entre sus múltiples ocupaciones, ha participado en la reconstrucción de un faro en Noruega y ha colaborado en unas piscinas municipales en Bolivia, siempre a cambio de alojamiento y comida.

Durante su estancia en Australia, mientras esperaba a que pasara la temporada de ciclones, aprovechó para generar ingresos realizando todo tipo de labores. "He trabajado en una fábrica de pan, haciendo camas en hoteles, de lavaplatos, limpiando caravanas y coches, poniendo escenarios de conciertos y césped alrededor de las autopistas", ha enumerado con orgullo por no haber tenido que pedir ayuda económica externa.

El transporte transoceánico también lo consiguió mediante el intercambio de trabajo. Lafuente cruzó los mares realizando guardias en veleros, asumiendo turnos de medianoche a 4:00 h y de 12:00 a 16:00 h, ayudando en las labores de mantenimiento y limpieza a cambio del pasaje.

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Supervivencia en el Pacífico y tensión en Venezuela

El viaje no ha estado exento de situaciones límite. El momento de mayor peligro lo vivió durante la travesía del océano Pacífico, un trayecto de cinco meses desde Panamá hasta Australia, llegando a estar 39 días sin avistar tierra firme hasta alcanzar las islas Marquesas.

Saliendo del Golfo de Panamá, la embarcación se enfrentó a 15 días de fuertes tormentas. "Hubo una noche que yo recuerdo que estaba dormido en el sofá y al levantarme veo que tengo agua hasta los tobillos", ha relatado sobre un incidente ocurrido a las cuatro de la madrugada, a diez días de la costa colombiana.

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En aquel instante, achicando agua con una sartén en medio de olas de hasta nueve metros, fue plenamente consciente del riesgo. "Ahí pensé que igual no iba a morir, pero sabía que estaba en peligro", ha admitido, aunque finalmente el problema derivó de una bomba de agua averiada y no de una vía en el casco.

En tierra firme, el episodio más tenso tuvo lugar en Venezuela, donde se enfrentó a un intento de extorsión policial. La necesidad de proteger los pocos dólares que llevaba escondidos en los calcetines y la ropa interior le hizo reaccionar con una firmeza inusual frente a los agentes para evitar perder sus únicos recursos de supervivencia en el país.

Desconexión tecnológica y lecciones de humanidad

La incomunicación ha sido otra constante en la aventura. En alta mar, el alto coste de la conexión por satélite limitaba sus comunicaciones a mensajes esporádicos con sus coordenadas para tranquilizar a su familia. En Venezuela, los constantes cortes de suministro eléctrico le obligaban a dormir con los interruptores encendidos para despertarse de madrugada y aprovechar las escasas horas de luz para cargar baterías y actualizar sus redes sociales.

A pesar de las dificultades, el balance de la iniciativa Project Kune es profundamente optimista. La experiencia ha derribado numerosos prejuicios infundados sobre la seguridad en distintos países, como Colombia o Brasil. "Hay más gente buena que mala en este mundo", ha sentenciado con convicción, destacando que la mayor generosidad la ha encontrado precisamente en aquellas personas que menos recursos materiales poseen.

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Tras conocer multitud de culturas, tradiciones y etnias, el viajero salmantino extrae una conclusión universal que resume el espíritu de su aventura: "Como personas somos todos más parecidos de lo que queremos ser; todo el mundo quiere ser feliz y tener buena salud".

El esperado regreso a La Alberca

La llegada a la Plaza Mayor de La Alberca supondrá el broche de oro a esta odisea. El aventurero ya experimentó una fuerte emoción al entrar de nuevo en Europa desde Rusia y, posteriormente, al pisar territorio español el lunes, donde su primera acción fue comprar un bocadillo de jamón.

Sobre el inminente reencuentro, el protagonista prefiere mantener la cautela para evitar falsas expectativas, aunque reconoce la intensidad del momento que vivirá este sábado. "El hecho de poder volver y ver a mi familia, a mis padres que llevo sin verles todo este tiempo, a mi abuela, a mis amigos del pueblo de la infancia, va a ser muy especial", ha asegurado Adrián.

Para él, pisar de nuevo las calles empedradas de su municipio supone el cierre perfecto a 1.000 días de aprendizaje continuo: "Llegar al pueblo será el momento más emotivo de todos, me imagino".

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FOTOS: David Sañudo