El alcalde y los vecinos han entregado una placa y flores a la sanitaria, destacando su papel fundamental como apoyo moral para los mayores del municipio
A veces el destino escribe con renglones torcidos para regalar finales más luminosos. Estaba escrito que Guadramiro debía despedirse de su enfermera el pasado 28 de enero, pero el invierno de Las Arribes, crudo y blanco, cubrió de nieve los caminos e impidió el adiós. Ha tenido que ser este lunes, 23 de febrero, bajo un sol que parecía querer sumarse al homenaje, cuando el pueblo ha podido por fin devolver a Carmen Díez Vacas una pequeña parte de todo el cariño entregado durante los últimos 13 años.
El acto, sencillo pero cargado de una profunda emotividad, ha servido para cerrar un ciclo de más de una década en la que Carmen no solo ha curado heridas físicas, sino que ha sido el sostén moral de muchos vecinos. Como ocurriera recientemente en la vecina localidad de Valderrodrigo, Guadramiro ha querido dejar constancia de que, en el mundo rural, una enfermera es mucho más que una profesional sanitaria: es parte de la familia.
El alcalde del municipio, Albert Calderón, ha puesto voz al sentir de los vecinos durante su intervención, recordando aquel día de enero en el que los elementos impidieron la celebración. "Así es la vida, a veces toca improvisar", ha señalado el regidor, quien ha querido ver en el retraso una señal de la providencia: "Yo creo que el destino simplemente quería que Carmen se quedara un poco más con nosotros y despedirse más a lo grande, en un día lleno de luz y soleado como hoy".
A pesar de ser una jornada laborable de lunes, y con las faenas del campo marcando el ritmo —muchos ganaderos no han podido asistir por encontrarse en pleno saneamiento de sus reses—, un nutrido grupo de vecinos se ha congregado para arropar a la sanitaria. "Aquí estamos los suficientes para demostrarte que este pueblo te quiere", ha afirmado Calderón, disculpando a los escolares y trabajadores que, aunque ausentes físicamente, se han sumado al agradecimiento colectivo.
Durante el homenaje se ha destacado la "calidad humana" de Carmen, especialmente en el trato con los más mayores, aquellos que ya no pueden desplazarse al consultorio y a quienes ella visitaba casa por casa. El alcalde ha compartido una anécdota personal que resume la esencia de estos 13 años: el recuerdo de su propia abuela, quien, pese a los estragos de la edad y el olvido, siempre reconocía la bondad de la enfermera. "Sin apenas acordarse de lo que hizo ayer, inmediatamente decía: ¡hola guapetona, pero qué simpática eres!", ha rememorado emocionado el primer edil, destacando que esa "sonrisa incansable" y esa "positividad" han sido la mejor medicina para muchos pacientes. "Para los que te necesitaron fuiste aliento, por esto te apreciamos tanto", ha sentenciado.
La gratitud de Guadramiro se ha materializado en la entrega de una placa conmemorativa en nombre del Ayuntamiento y de todo el pueblo, así como dos ramos de flores y diversos obsequios entregados por los vecinos a título particular. En la placa reza la siguiente frase: "El pueblo y el Ayuntamiento de Guadramiro, en agradecimiento por tu extraordinaria labor, dedicación y rpofesionalidad con todos los vecinos durante estos trece años. Te queremos”. Tras las palabras y los aplausos en el bajo de la Casa Consistorial, los asistentes han compartido un pequeño convite, un momento de cercanía para intercambiar los últimos consejos y abrazos.
Carmen Díez emprende ahora una nueva etapa profesional, pero se lleva en la maleta la certeza de que su paso por Vitigudino y su comarca ha dejado huella. Como le ha recordado el alcalde en su despedida: "Guadramiro siempre será tu casa". Y es que, como reza la sabiduría popular de estas tierras, una de las mayores satisfacciones de la vida es que la gente te quiera allá por donde vas.