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La salida de jóvenes de Salamanca: Madrid es el principal destino
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La salida de jóvenes de Salamanca: Madrid es el principal destino

Publicado 20/02/2026 13:56

Si vives en Salamanca el tiempo suficiente, empiezas a reconocer el ritmo.

Llega septiembre y la ciudad se llena como si alguien hubiera abierto una válvula. Pisos nuevos, mochilas nuevas, cafeterías llenas, horarios recién estrenados, todo ese “este año sí voy a organizarme”. Y luego, un par de años después, ocurre algo distinto. No es tan fotogénico, pero es igual de real. Muchos de esos jóvenes se van. No porque Salamanca se haya vuelto de repente inhabitable ni porque todo el mundo desprecie la ciudad. Se van porque la vida fuera del aula no funciona como editor de video: tiene otras reglas, y esas reglas se llaman ofertas de trabajo, salarios y escalones profesionales.

Cuando se habla de la salida de jóvenes en Castilla y León, suele utilizarse un término genérico: la fuga de talento hacia las grandes ciudades. Sin embargo, en el caso de Salamanca hay un destino especialmente constante. Ese destino es Madrid.

Un informe sindical sobre la fuga de talento juvenil en Castilla y León, basado en patrones de movilidad del censo, lo dice sin rodeos: entre los jóvenes que salen de Salamanca, Madrid es el principal destino, concentrando el 36% del total. A partir de ahí, las cifras caen con fuerza: Valladolid representa un 6% y Barcelona, un 5%.

  • Ese dato por sí solo no lo explica todo, pero sirve como ancla. Dice dos cosas al mismo tiempo: esto no es una dispersión aleatoria. Es un movimiento concentrado.
  • El “después” de Salamanca suele apuntar en una sola dirección: la capital.

¿Por qué Madrid? Las razones evidentes (y las que no lo son tanto)

No tiene sentido fingir que existe una única causa. Las personas no cambian de ciudad como si fueran piezas de ajedrez. Se mudan porque un amigo consigue trabajo, porque una relación se vuelve seria, porque se acaba una beca y el casero sube el alquiler, o simplemente porque quieren una vida que no encaje eternamente en un piso compartido.

Aun así, la lógica macro es difícil de esquivar: Madrid ofrece volumen. Volumen de sectores, de empresas, de salarios y de movilidad profesional.

Y aunque no sea agradable repetirlo, esa lógica pesa. Madrid es una ciudad de escala: escala industrial, escala empresarial, escala salarial y escala de oportunidades.

Investigaciones más amplias del Real Instituto Elcano, centradas en cómo España gana y pierde capital humano a través de la migración, señalan un patrón conocido: provincias como Madrid (y también Barcelona) tienden a registrar saldos positivos de entrada de jóvenes con estudios universitarios, mientras que regiones como Castilla y León presentan pérdidas netas de población joven cualificada en la mayor parte de su territorio.

Esto es especialmente relevante para Salamanca, porque es una ciudad universitaria por excelencia. Forma titulados y, después, el engranaje de la migración interna española hace lo que suele hacer: colocar las oportunidades donde el mercado es más profundo.

La salida de jóvenes de Salamanca: Madrid es el principal destino | Imagen 1

Del “ciudad de estudios” a la “ciudad de carrera”

Salamanca tiene algo que muchísimos lugares envidiarían: una identidad universitaria muy fuerte, actividad investigadora, estudiantes internacionales y una marca que roza lo mítico dentro de España. Se puede estar orgulloso de eso y, al mismo tiempo, reconocer una realidad incómoda: una universidad sólida no garantiza automáticamente un mercado laboral capaz de absorber a todos sus graduados.

Aquí es donde la relación Salamanca–Madrid cobra todo su sentido. Para muchos jóvenes, el dilema no es si quieren o no a Salamanca. La pregunta real es otra: ¿puedo construir una vida aquí, con un salario inicial y una trayectoria profesional que no se quede congelada?

Y Madrid, con todos sus defectos, suele responder a esa pregunta con un “sí”.

Un titular reciente sobre la “huida juvenil” de Castilla y León hacia Madrid lo planteaba en términos laborales: pérdidas netas de trabajadores asalariados menores de 35 años hacia otras regiones, principalmente Madrid, con Salamanca entre las provincias con balances más negativos. Se puede discutir el tono —algunos titulares dramatizan—, pero el fondo es coherente. No se trata solo de estudiantes buscando novedad, sino de jóvenes en edad laboral siguiendo la gravedad del empleo.

Madrid no es solo un destino; es un sistema

Este es un matiz que a menudo se pasa por alto. Para muchos salmantinos, Madrid no es únicamente un nuevo lugar para vivir. A veces funciona como un ecosistema de ida y vuelta.

El crecimiento de los corredores ferroviarios de media distancia de alta velocidad es una pista clara. Datos de Renfe citados por Cadena SER muestran un aumento del uso en los servicios Avant de Castilla y León, incluyendo un incremento notable en el corredor Salamanca–Segovia–Madrid, diseñado para desplazamientos recurrentes por trabajo o estudios.

Eso dice mucho. La relación Salamanca–Madrid no se limita al cambio de residencia permanente. También incluye migración parcial: prácticas, desplazamientos diarios o semanales, dobles vidas, una maleta que nunca termina de deshacerse.

Dicho de forma sencilla: Madrid está lo suficientemente cerca como para arrastrar a Salamanca a su órbita.

Vivienda, emancipación y la adultez aplazada

En España existe una palabra que concentra muchos problemas: emancipación. Es decir, salir del hogar familiar y llegar a fin de mes. Cuando la tasa de emancipación es baja, suele indicar que los salarios iniciales y los precios de la vivienda no encajan con la idea de una vida adulta independiente.

Y en Castilla y León, Salamanca aparece mal parada en este indicador. El Observatorio de Emancipación señala a la provincia de Salamanca con una de las tasas de emancipación juvenil más bajas entre las reflejadas en sus tablas (con advertencias metodológicas sobre la muestra).

Emanciparse, sin embargo, no es lo mismo que marcharse de la provincia. Hay jóvenes que se quedan en Salamanca pero no logran independizarse. Otros se van precisamente porque creen que fuera podrán hacerlo antes. De forma paradójica, incluso en una ciudad cara como Madrid, donde los salarios y la densidad de empleo pueden hacer que las cuentas, al menos, parezcan posibles.

Aquí surge la frustración habitual: Madrid también es cara, ¿por qué irse? Porque “cara” es solo la mitad de la ecuación. La otra mitad es cuánto ganas y qué viene después si te va bien.

En muchos sectores de inicio profesional —consultoría, medios, tecnología, derecho especializado, formación corporativa, grandes sistemas sanitarios, ONG de gran tamaño, administración pública a gran escala— Madrid tiene más escaleras. Salamanca puede tener buenos trabajos, pero menos escalones. Si pierdes el primero, puede que el siguiente no exista a nivel local.

La salida de jóvenes de Salamanca: Madrid es el principal destino | Imagen 2

El efecto red: se va uno, luego van cinco

La migración es social tanto como económica.

Alguien termina la carrera, hace prácticas en Madrid y, de pronto, Madrid deja de ser un concepto abstracto. Es donde vive Marta. Luego se va otro amigo, y Madrid se convierte en un lugar donde puedes dormir en un sofá una semana mientras haces entrevistas. Luego alguien habla con un reclutador. Y, de repente, irse es lo normal.

Así es como las ciudades se convierten en imanes: no solo por los salarios, sino por los efectos de red.

Por eso el dato del 36% es tan potente. Indica que la salida de jóvenes de Salamanca no es difusa, sino canalizada. Y una salida guiada se produce más rápido porque parece más segura. No se siente como saltar por un acantilado, sino como subirse a una escalera mecánica en marcha.

¿Es esto malo para Salamanca? Depende de qué entendamos por “malo”

Es tentador contar esta historia como una tragedia: Salamanca los forma, Madrid se los lleva. Es verdad, pero solo a medias.

Algunos se van y no vuelven, sí. Otros se marchan y regresan con experiencia, ahorros y más habilidades. Otros mantienen vínculos e invierten localmente. Otros montan proyectos que funcionan entre ciudades (vivir en Salamanca y trabajar para clientes de Madrid no es un modelo raro).

Pero cuando la salida se vuelve estructuralmente unidireccional, aparecen los problemas. Si la ciudad pierde de forma recurrente a profesionales jóvenes entre los 25 y los 35 años, las consecuencias a largo plazo son claras: menos contribuyentes jóvenes, menos nuevas familias, una capa intermedia de profesionales más débil y una base más frágil para el emprendimiento, que necesita tanto talento como mercado.

Ahí está la diferencia entre movilidad y fuga. La movilidad es sana. La fuga aparece cuando el camino de vuelta deja de ser realista.

¿Qué podría retener a más jóvenes en Salamanca?

Decir “más empleo” es fácil, pero impreciso. Los verdaderos factores suelen ser otros: más puestos de inicio que conduzcan a algo, más oportunidades de mitad de carrera para evitar el “techo”, mejores puentes entre la universidad y las empresas locales, y un acceso a la vivienda que haga viable la independencia.

Algunas de estas ideas ya se intentan impulsar mediante ferias de empleo universitarias y redes entre empleadores y centros académicos, aunque el volumen de ofertas no pueda competir con lo que Madrid genera en pocos días. Aun así, estos esfuerzos importan: reducen la fricción de quedarse y convierten las oportunidades locales en algo visible, no meramente teórico.

Pero la visibilidad por sí sola no compite con un mercado laboral mucho mayor. La apuesta más realista de Salamanca pasa por reforzar sectores donde puede ser realmente competitiva: educación e investigación, servicios sanitarios, turismo especializado (no solo escapadas de fin de semana, sino estancias más largas), y polos de trabajo remoto o híbrido que permitan vivir en la ciudad y trabajar a escala nacional o internacional.

Si hubiera que resumirlo en una frase, sin dramatismos: Salamanca forma, Madrid absorbe. No siempre de forma permanente. No para todo el mundo. Pero lo suficiente como para que aparezca en los datos, una y otra vez.