Otro de los descalabros e incoherencias narrativas del escribiente Luigig Verines en su novelucha “El último caso de Unamuno”, es cómo narra (bueno, “narrar” es un decir…) los acontecimientos del entierro de Unamuno, y días posteriores.
Si te he visto no me acuerdo, chao D. Miguel de Unamuno… Eso parece que hicieron, pocos días después, todos los falangistas que antes en el cementerio, brazo en alto, le halagaron el 1 de enero 1937. Se olvidaron enseguida de él, fuera detective quijotesco o no.
Y eso, Luis Verines, no lo tiene en cuenta en su último novelón. No sabemos porqué sus dos investigadores, Teresa M. y Manuel Rivera, no indagaron más este desatinado hecho del cementerio y la proclama falangista sospechosa para ocultar lo que había sucedió realmente con Unamuno.
Y, según él, fueron a entrevistar a todo quisqui viviente (general Millán Astray, Francisco Bravo, B. Aragón, Víctor de la Serna, rector Madruga, Gonzalo Aguilera, Giménez Caballero, etc. etc.)
Por cierto, los detectives enviados por Luigig Verines sí entrevistaron a B. Aragón y a Francisco Bravo (en la ficción de su novelita). Pero estos dos, en esas fechas, precisamente, estaban fuera de Salamanca. ¡Dios mío, qué intuición narrativa y detectivesca la de L. Verines!
Tan solo tres días después (4 de enero 1937) del entierro folclórico de Unamuno, con fatuos falangistas, se celebró un Pleno Municipal, y allí se intentó debatir una moción a favor de Unamuno, por el concejal Julio Ibáñez. Pero el alcalde, comandante Valle, no permitió esa propuesta, cortando tajantemente la intervención del concejal Ibáñez.
Una vez más se volvió a vilipendiar y a despreciar a Unamuno. Ni siquiera se aprobó dar el pésame oficial a la familia. ¡A una figura que, además fue rector y alcalde honorario de la ciudad…!
No se si la narrativa documental está por debajo de la ficción, incluso para averiguar lo que ocurrió de verdad. Pero todo esto lo niega Verines, o no se entera.
Tampoco interrogaron al que era concejal esos días y luego alcalde de la ciudad charra, Gil Remírez, líder local falangista, y que en el cementerio soltó eso del ¡viva Unamuno! Y no se enteraron ¡vaya detectives! Y es que el SIM (Servicio de Información Militar) y la policía del gobierno militar “andaban” detrás de ellos dos porque estaban investigando el posible asesinato de Unamuno por los fascistas. Y ellos, tan campantes, sin enterarse de que los tenían controlados. No se qué pintaban allí, por el cementerio, primero Manuel y luego Teresa, el día 1 cuando el entierro de Unamuno ¡Si estaba plagado de falangistas y policías del Gobierno militar!¡Como si fueran tontos los falangistas y las autoridades! A ellos dos, allí, los tenían más calados que al “pupas”.
Asimismo, no entrevistaron a Ramos Loscertales, que fue el promotor y redactor del prólogo libro-panfleto “Cuando murió Unamuno”, que quedó falangelizado para toda la vida. Y el tal Loscertales fue vicerrector, y antes rector, oponente universitario de Unamuno. ¿Y a este tampoco le entrevistaron? También Loscertales fue en 1937-38 concejal del ayuntamiento salmantino por Falange Tradicionalista y de las JONS, además de vicerrector de la universidad.
Manuel Gil Remírez ese jefecillo falangista, “extiende el brazo en alto con el saludo romano y grita: ¡Presente, camarada Miguel de Unamuno! Y le contestaron todos los falangistas, ¡Presente!”, mientras saludan delante del nicho en posición militar de firmes.
Igualmente andaban por allí, entre esos fervorosos “fachas”, Manuel Torres (concejal y después alcalde de Salamanca por FET y de las JONS), y Ramos Loscertales, entre otros fascistas hipócritamente compungidos (Maximiliano G. Venero, Víctor de la Serna, …, etc. etc.)
Cuando, en octubre del 36, destituyeron a Unamuno como concejal y alcalde honorario, a propuesta del concejal Rubio Polo, este dijo, además que Unamuno había incurrido en un caso de "incompatibilidad moral corporativa", de "vanidad delirante" y "antipatriota actuación ciudadana". O su “actitud "incongruente, facciosa y antipatriota en el Paraninfo”…
Asunto tan importante, ¿no entraba en la narración ficticia de L.Verines? O es que no se habían enterado sus detectives que eso se sabía ya, sobradamente, en los mentideros de la ciudad. También corrían por toda Salamanca murmullos de que D. Miguel fue envenenado.
Estas contradicciones e incoherencias del escribiente Luigig Verines vienen a cuento porque plagia; pero “piratea” mal, y así se equivoca, metiendo la pata por copiar a otros que ya la habían metido antes que él.
Es poco original, Verines, con esos ilustres espabilados inspectores (Manuel y Teresa), y sobre lo que ocurrió después. Murieron todos hasta el apuntador, excepto el amigo -o familiar- de él, Manuel, para seguir investigando más casos “Unamuno detective”. O vete tú a saber, porque se supone que este era el último caso, y en medio hay varios más.
Aquí, Luigig Verines, da risa, de provocación narrativa y conceptual.
Si el alcalde de Salamanca, entonces 1936-37, comandante Valle, hubiese tenido el
encargo expreso de defender a Unamuno, lo hubiera hecho claramente, sin tapujos. Un militar está obligado a obedecer al jefe del Estado, generalísimo Franco, y más en tiempos de guerra. Y entonces, de ser así, cuando el concejal Rubio Polo proponía la destitución de Unamuno como concejal y alcalde honorario, le hubiera parado los pies.
Y también por el mismo motivo, el comandante-alcalde Valle, el 4 de enero del 37, tres días después del entierro falangelizado cuando otro concejal de derechas, Ibáñez, que quiso solicitar el pésame, simplemente, para la familia, no le hubiera denegado la moción, pero le mandó callar, tajantemente dos veces.
El caso es que ya desde el 12 de octubre del 36, después de los hechos del Paraninfo, incluso antes, el ejército, los militares, sobre todo Mola, Queipo de Llano y Millán Astray, no podían ver a Unamuno, ni en pintura, y le consideraban un traidor.
¿Se enteraron de esto L. Verines y sus inspectores Manuel y Teresa? No…, porque solo se busca el espectáculo, la narración sensacionalista, y forzar la ficción en busca del beneficio propio a cualquier costa. ¿O es que Luigig Verines pensaba dejar ese tema para su próxima entrega sobre “Caso Unamuno post mortem”?
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