William Morris (1834-1896) que fue un arquitecto, diseñador y maestro textil, traductor, poeta, novelista y activista socialista inglés, afirmaba que “el verdadero secreto de la felicidad radica en interesarse genuinamente por todos los detalles de la vida diaria”. En realidad, pude haber elegido veinte…o también cien, poetas, novelistas, pensadores, etc., que se han referido en los últimos doscientos años a la felicidad. Pero la respuesta a esa eterna pregunta sobre qué es la felicidad hay que buscarla en las cosas sencillas de la vida.
A lo largo de la historia las respuestas han sido tan variopintas como diversa es la naturaleza humana. Pero, en primer lugar, debemos asumir que la felicidad es un estado emocional, cuya característica principal es esa sensación tan especial que invade nuestro cuerpo de alegría y satisfacción que nos ocurre de vez en cuando al experimentar un sentimiento de plenitud.
Ese sentirse pleno…no es ninguna tontería. Es algo que invade todo nuestro ser…que nos llega a lo más profundo del alma. Evidentemente, es imposible dar una definición de felicidad, siquiera intentarlo, porque tiene muchísimas definiciones diferentes, aunque a menudo se describe como que involucra emociones positivas y un cierto nivel de satisfacción con nuestra vida. Cómo la estamos llevando, cómo estamos experimentando el mundo y nuestras relaciones desde ese sentimiento de felicidad, de estar agradecidos y transmitirla a los demás.
Cuando las personas discutimos acerca de la felicidad, si hay una medida razonable, o cuándo nos damos cuenta que estamos experimentando un nivel de insatisfacción, por ejemplo, en el trabajo, que nos hace infelices, etc., en todo momento, cualquier persona a la que preguntemos sobre la felicidad, casi siempre entiende que la pregunta va dirigida a cómo se sienten en ese preciso momento. Y por lo general, ese estado que se tiene de felicidad razonable no responde a un hecho extraordinario, sino a cómo va siendo cada día, desde compartir un desayuno con compañeros de oficina o con la pareja, hasta aprovechar el mediodía cuando se descansa en el trabajo para ir al gimnasio. Por aquello de que “lo pequeño es hermoso”. O sea, en el presente mismo de cada día que están viviendo. Aunque también, la pregunta va dirigida en un sentido más amplio, de cómo se sienten acerca de la vida en general.
Bienestar subjetivo
Es tan frágil el sentimiento de felicidad (también su valor semiótico) que, al querer ser definido de manera tan amplia, termina generando un cierto malestar (vaya paradoja) para las personas que aún, siendo felices, no son capaces de explicar por qué se sienten así, o incluso llegan a dudar de la felicidad que creían tenían.
De ahí que la psicología individual y social ha preferido utilizar el término "bienestar subjetivo" cuando hablan de este estado emocional. Como cabe esperar, la subjetividad se entiende en el ámbito de los sentimientos personales generales de un individuo sobre su vida en el presente.
¿Cuáles son los componentes de este bienestar subjetivo?
- Saber equilibrar las emociones, porque todas las personas experimentan emociones, sentimientos y estados de ánimo tanto positivos como negativos. Pero no todo el mundo las gestiona igual. Ni tampoco todas se detienen a pensar en lo importante que es reconocer el valor y la aportación que dan al estado de ánimo, ese juego armónico de las cosas ordinarias que nos ocurren diariamente y que van conformando ese estado de sentirse bien.
- En el balance de las acciones que hacemos todos los días y al cabo de los años, la felicidad generalmente está relacionada con experimentar sentimientos más positivos que negativos. Da igual que midamos (es imposible hacerlo, solo es una percepción) durante el último mes, o quizás si sentimos felicidad el fin de semana pasado, o si nos referimos a todo el último año.
- La cuestión es que nuestro personal balance nos dé positivo, porque estamos convencidos que han pesado mucho más las experiencias y sentimientos netamente positivos que las adversidades y todos esos momentos en los que hemos estado estresados, preocupados por alguna cuestión laboral, o familiar, etc.
- Esto nos da un nivel de satisfacción personal con nuestra vida. Es algo que cada persona posee, aunque no sea consciente de ello.
Se relaciona con lo satisfecho que se siente en diferentes áreas de su vida, incluidas sus relaciones, trabajo, logros y otras cosas que considera importantes. Incluso, cómo se acomoda o adapta a esos fracasos que inevitablemente se tienen de vez en cuando.
Cómo saber si eres feliz
Si bien las percepciones de la felicidad pueden ser diferentes de una persona a otra, existen algunas manifestaciones que son claras de que estamos experimentando una cierta felicidad. Para la psicología esta forma de manifestarse son signos clave que sirven para medir y evaluar la felicidad.
En principio, nadie habla de medición en términos cuantitativos, porque sería una tontería. Se refieren a meros signos (descripciones visibles de los sentimientos según sea la personalidad del individuo), tales como:
- Sintiendo que estás viviendo la vida que querías.
- Sintiendo que las condiciones de tu vida son buenas.
- Sintiendo que has logrado (o lograrás) lo que quieres en la vida.
- Sintiéndote satisfecho con tu vida.
- Sintiéndote positivo más que negativo.
Pero no se confundan, porque la felicidad de ninguna manera es un estado de placer y euforia constante. Se produce en algún momento de nuestros días o de los meses o incluso del año, uno o más momentos en que nuestra alegría desborda, nos sentimos bien y tenemos la sensación de ser felices.
Pero han sido unos pocos momentos de desbordamiento, que compensan los tantos otros que no lo hemos sido, por discusiones con un jefe o un compañero en el trabajo, por problemas con nuestra pareja, etc.
Pero en todo caso, siempre si el balance es positivo, entonces no miramos ni medimos este momento especial en que estallábamos de alegría, sino la tendencia que hemos marcado a lo largo de los últimos meses o años en que el balance es netamente positivo, porque todo lo que hemos hecho, dicho, sentido, percibido, esperado, etc., es en número (al menos es lo que creemos aunque no lo sepamos con exactitud) mayor que todas aquellas situaciones, discusiones, disgustos, malos momentos que en paralelo hemos soportado durante el mismo período. Y un “pequeño detalle” que no debemos olvidar: la mayoría de esas situaciones que nos han estimulado, abrigado esperanzas en que las cosas iban a ir a mejor, etc., son aquellas que con frecuencia no le damos importancia…nos pasan desapercibidas…pero, en definitiva, son las que van condicionando ese estado de ánimo referido.
De ahí, que la felicidad hay que entenderla como un estado medio de sentimiento y no un estado de euforia constante. Un sentimiento de felicidad razonable, es el que una persona sabe que va ganando en su batalla existencial por sentir, hacer, percibir, experimentar, aprender, disfrutar, cosas positivas que anulen o al menos neutralicen todas aquellas cuestiones homólogas a las citadas pero que están en el terreno de la negatividad.
Por ello, la felicidad es una sensación general a lo largo de nuestra vida, o de un período de tiempo que no sea solo unas vacaciones, sino más prolongado de experiencias, en el que las emociones positivas experimentadas fueron netamente superiores a las negativas.
Y tal es la fuerza de esta subjetividad (nuestra actitud positiva en la vida) que incluso, algunas que sin ser negativas netas eran suficientemente complicadas para afrontarlas, gracias a ese sentimiento balanceado de positividad, termina siendo absorbido por la parte positiva de nuestra vida, porque estamos sintiendo satisfacción en niveles personales, laborales, de relaciones, etc. Aunque las personas felices todavía sienten de vez en cuando toda la gama de emociones humanas (ira, frustración, aburrimiento, soledad e incluso tristeza).
Pero incluso cuando se enfrentan a la incomodidad, tienen una sensación subyacente de optimismo de que las cosas mejorarán, de que pueden lidiar con lo que está sucediendo y de que podrán volver a sentirse felices.
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