Investigadores de la USAL y el IBSAL identifican moléculas producidas por la microbiota que viajan hasta la bilis, abriendo nuevas vías para el diagnóstico de enfermedades hepáticas.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Salamanca (USAL) y del Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL) ha logrado un avance significativo en el conocimiento de la fisiología humana al descubrir un nuevo mecanismo de comunicación biológica. El estudio ha revelado que ciertas moléculas producidas por la microbiota intestinal tienen la capacidad de recorrer el circuito enterohepático y llegar hasta la bilis humana, actuando más allá de su entorno local en el intestino.
Este hallazgo científico, que ha sido publicado en la revista de alto impacto Hepatology, demuestra por primera vez la presencia de ácidos biliares microbianos amidados (MABAs) en la bilis de los pacientes. Estas moléculas específicas se generan cuando las bacterias intestinales modifican los ácidos biliares, y su detección en el hígado supone la confirmación de una ruta de interacción directa entre la flora intestinal y el sistema biliar que hasta ahora no se había detallado con esta precisión.
La investigación se ha desarrollado bajo un enfoque traslacional riguroso que ha combinado la observación clínica con la experimentación básica. Para validar este nuevo proceso fisiológico, los científicos salmantinos han analizado muestras procedentes de más de 200 pacientes, complementando estos datos clínicos con estudios exhaustivos en modelos animales y cultivos celulares.
La relevancia de este descubrimiento radica en su potencial aplicación médica. Según los resultados obtenidos por el equipo de la USAL y el IBSAL, la presencia de estas moléculas en la bilis no es un hecho aislado, sino que guarda una relación directa con el estado de salud del paciente.
El estudio concluye que los MABAs pueden funcionar como indicadores fiables de disbiosis (desequilibrio en la microbiota intestinal). Además, la investigación ha confirmado que estas moléculas están presentes en la bilis de personas afectadas por diversas patologías, incluyendo enfermedades del hígado, el páncreas y las vías biliares. Este avance abre la puerta a futuras estrategias de diagnóstico basadas en la detección de estos compuestos químicos generados por la actividad bacteriana.
Fuente: USAL