Martes, 17 de febrero de 2026
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Si vis pacem para bellum
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Si vis pacem para bellum

Publicado 15/02/2026 09:31

Después de haber padecido la I y II Guerras Mundiales, sería lógico pensar que los pueblos habían quedado vacunados para evitar futuros enfrentamientos. Por la condición del ser humano, la realidad es muy distinta. Se atribuye a Julio César en el siglo I a.C. la frase: “Si vis pacem, para bellun” (Si quieres la paz, prepárate para la guerra). Por eso, los sensatos suelen asegurar que las guerras se ganan siempre en tiempo de paz.

Con la entrada en escena del arma nuclear, las naciones que cuentan con ella conocen su poder y, sobre todo, las consecuencias de su empleo. Después de Hiroshima y Nagasaky, a pesar de las amenazas, nadie ha querido dar el primer paso, sabedor de que sería el desencadenante de un conflicto de carácter mundial. Por ello, en función del poderío económico de cada cual, las naciones suelen ponerse al día dotándose de armas más sofisticadas, más precisas, más eficaces y con mayor alcance. Con ello se pretende, dentro de lo posible, hacerse con los medios necesarios para contrarrestar los del adversario.

Todas las naciones planifican detenidamente su política de defensa en función de su situación geográfica, su pasado histórico, sus vecinos y, por supuesto, su poder adquisitivo. Analizado todo, procuran unas Fuerzas Armadas susceptibles de ser mantenidas. Hoy día, hay que pensar que los conflictos armados entre países vecinos nunca serán exclusivos de los dos contendientes; siempre habrá otras naciones que directa o indirectamente apoyen a cualquiera de los dos. A lo largo de nuestra historia hemos tenido conflictos armados con los tres vecinos más próximos: Francia, Portugal y Marruecos. Con los dos primeros nuestras desavenencias están ya muy lejanas y, además, forman parte, como España, de la UE y la OTAN. Nuestros posibles roces se espera que no sean tan serios como para que puedan degenerar en conflicto armado.

Otra cosa es el caso de Marruecos, país que mantuvimos como protectorado hasta 1956, para pasar a controlar el Sáhara Occidental hasta 1975, cuando Hasán II forzó nuestra salida con la tristemente famosa Marcha Verde. Marruecos siempre ha considerado al Sáhara formando parte de su integridad territorial, la misma que reclama para Ceuta, Melilla, islas Chafarinas, Alhucemas, Peñón de Vélez de la Gomera y las aguas territoriales las Islas Canarias, para lo cual no ha dejado de buscar apoyo internacional. España, por su parte, ha mantenido con respecto al Sáhara una posición más ajustada a la legalidad internacional, hasta que llegó Sánchez a La Moncloa.

Algún día sabremos la razón por la que, sin contar con el Parlamento, se ha dado la vuelta a la chaqueta para declarar que su gobierno reconoce para Marruecos la titularidad del Sáhara. Algo muy importante tiene que haberle obligado a recoger velas. Hasta ahora no hay pruebas, pero la realidad demuestra que, tarde o temprano, se acaba sabiendo la verdad. Desde entonces, las relaciones bilaterales han estado tirantes a pesar de que los sucesivos gobiernos de España hayan querido aparentar lo contrario.

Está muy reciente el alineamiento de Marruecos con dos potencias como EE.UU. e Israel. Se ha visto en maniobras conjuntas y cooperación en materia de armamento moderno, guerra electrónica y drones. A pesar de los constantes desplantes diplomáticos de Rabat, España sigue manteniendo relaciones económicas y cooperación en temas tan significativos como el terrorismo, el contrabando y la emigración. Somos, además, un importante socio a través de la UE.

Y, hablando de la UE, para ver la aureola que Sánchez se ha ganado fuera de España, conviene recordar que recientemente se ha celebrado una reunión de líderes miembros de la misma, a la que fueron invitados 20, entre los que no figuraba Sánchez ¿Por qué será? A nuestro conspicuo ministro de Asuntos Exteriores le faltó tiempo para elevar la correspondiente queja al gobierno italiano, organizador del acto. Se le contestó muy educadamente que, tal vez, en La Moncloa se entendió mal el tema. Se trataba de una reunión informal, no de una reunión para informales. En la reunión formal de Múnich, ha vuelto a dar la nota, rechazando el 5 % y el escudo nuclear.

Con nuestras estrecheces económicas, resulta paradójico que se concedan subvenciones a Marruecos para la modernización de su red ferroviaria, o donaciones de tecnología, vehículos todo terreno y otras menudencias sin justificación aparente. Todos estos detalles podrían indicar que un enfrentamiento directo, además de costoso, chocaría contra los intereses compartidos. Claro que también acabamos de saber que hemos destinado 1.000 millones para que la República Dominicana y México puedan combatir una plaga de algas. Después se extrañará Sánchez de que le insulten ¿Por qué no se da una vuelta por el litoral de Cádiz y echa una mano a los pescadores que no pueden salir por la extensa capa de algas que se lo impide?

Siento defraudar a alguien, pero no soy nada optimista. La historia ha demostrado que Marruecos siempre nos la ha jugado. Alguien pensará que, siendo miembro de la OTAN, el resto de países apoyaría nuestra respuesta ante una agresión. Entre ese resto de países, sería muy difícil que estuviera EE.UU. porque ya lo ha advertido: los miembros de la Organización deben emplear el 5 % de su PIB. Sánchez, por falso pacifismo y por granjearse la etiqueta de líder del paraíso progresista, llegará, a regañadientes, al 2 %. Si, llegado el momento, el Presidente USA es Trump, o alguien de su cuerda, no creo que atacara a un socio preferente, Marruecos, para ayudar a otro, España, cuyo gobierno se ha distinguido por sus desplantes a los “yankis”.

Tampoco me fío porque nuestro gobierno, como consecuencia del conflicto palestino-israelí, ha encabezado el movimiento de países partidarios de romper relaciones con Israel –que es una prolongación de EE.UU. En contraposición, Marruecos, país islamista, no sólo ha reconocido al gobierno de Israel, sino que ha firmado tratados de estrecha colaboración, a la vez que ha dado un fuerte acelerón en la adquisición a sus dos socios preferentes de armamento y material, con tecnología de última generación.

Habrá también quien piense que, en el ranking de potencias armadas, aparecemos delante de Marruecos. Eso es una verdad a medias. Actualmente, ocupamos el puesto 17. Es cierto que nuestra Armada está muy por encima de la suya y la Fuerza Aérea también es más numerosa, pero la guerra moderna no se gana con más armas, sino con las más modernas y, ya hemos repetido que Marruecos está “poniéndose al día”. En cuanto al Ejército de Tierra, estamos en franca desventaja; menos hombres y menos carros de combate. Abundando en todo lo anterior, Marruecos ha desplegado un escudo antimisiles y una base de defensa aérea, de tecnología israelí, en un complejo situado 200 km. al noroeste de Ceuta.

Resumiendo, España nunca debe temer a Marruecos, pero tampoco debemos dormirnos en los laureles. En la anormal fórmula que maneja nuestro gobierno para emplear los fondos es imprescindible que suprima gastos que no son indispensables para solucionar los verdaderos problemas que nos acucian, y el de nuestra raquítica política de Defensa es ahora uno de ellos.

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