Los vecinos denuncian una nueva caída generalizada de la red de Movistar, exactamente dos meses después de la última gran avería, y temen permanecer incomunicados hasta el lunes
La historia se repite en La Fregeneda con una precisión casi matemática y frustrante. Exactamente dos meses después de la última incidencia grave, los vecinos de esta localidad de Las Arribes han vuelto a amanecer con los teléfonos mudos y sin conexión a internet. La avería, que afecta tanto a la telefonía móvil como a la fija y a los datos, ha dejado al pueblo prácticamente incomunicado este viernes, 13 de febrero.
El malestar es palpable en las calles y en los pocos puntos donde llega algo de cobertura residual. La indignación no solo se debe al corte del servicio, sino al momento en el que se produce. "Lo peor es que estamos ya en fin de semana", señalan los vecinos afectados, que basándose en experiencias previas, temen que la solución técnica no llegue, como mínimo, hasta el próximo lunes.
La situación ha dejado de ser un hecho puntual para convertirse en un problema crónico que afecta a la seguridad y la vida cotidiana del municipio. Los residentes recuerdan con enfado que esta secuencia de "apagones" digitales se está volviendo habitual. La localidad ya sufrió situaciones idénticas el pasado mes de noviembre y, posteriormente, el 13 de diciembre, hace justo dos meses.
Al igual que en las ocasiones anteriores, la caída de la red de Movistar ha generado una sensación de impotencia absoluta. Los intentos por contactar con el servicio técnico a través del 1004 o el 1002 resultan, en la mayoría de los casos, infructuosos o derivan en locuciones automáticas que reconocen la avería sin ofrecer plazos de resolución ni interlocución humana.
Más allá de las molestias laborales o de ocio, el corte de las comunicaciones supone un riesgo real para la población de La Fregeneda, caracterizada por una media de edad elevada. Muchos mayores viven solos y el teléfono fijo o el botón de teleasistencia son sus únicos vínculos con familiares y servicios de emergencia.
La falta de línea impide que los hijos y nietos que residen fuera puedan contactar con sus familiares para comprobar su estado de salud, generando una angustia innecesaria que se agrava con la perspectiva de pasar 48 horas de silencio administrativo por parte de la operadora.
El Ayuntamiento y los vecinos exigen, una vez más, una solución definitiva a una infraestructura que se demuestra frágil e insuficiente, y que deja a los habitantes del medio rural en una situación de desventaja y vulnerabilidad cada vez que se acerca un fin de semana.