Publicada por la editorial Asteroide, “Albión” está despertando un gran interés entre los lectores por su factura tradicional y su inquietante mensaje.
Podíamos recordar los versos del poeta que pasara su infancia en Sequeros, León Felipe: “¡Qué lástima que yo no tenga una casa!/una casa solariega y blasonada,/una casa en que guardara/además de otras cosas raras/un sillón apolillado”. Qué lástima, sí, porque no tenemos la mansión inglesa del siglo XVIII y sus cuatrocientas hectáreas donde la familia Brooke se reúne para despedir al patriarca. Claro que quizás semejante herencia sea una losa para los herederos que se enfrentan a las típicas rencillas de familia, a ese duelo que para Ana Hope “es un tema que nos da más vida”. La autora ha escrito una típica novela de campiña inglesa a la manera de Jane Austen, a quien le gusta parecerse, pero esta discrepancia familiar con escenario privilegiado va más allá, porque los personajes han vivido la locura de las drogas, de una mal llamada libertad, e incluso, se ven en la actualidad entre la tesitura de convertirse en un refugio para ultrarricos o en un experimento para restaurar la naturaleza.
Tiene la autora nacida en Manchester una sensibilidad especial y un apego a la tierra aprendido en sus años en México junto a tribus en comunión con el paisaje. Anna Hope se enfrenta en esta novela de género, ahora en boga gracias a las series de época, a la más absoluta modernidad desde la tradición. Y lo hace con respeto, incluso con reconocimiento. Aquí no hay nobles malvados haciendo sentir sus privilegios, ni siquiera un ama de llaves a la manera de Rebeca cuidando la geometría de los jardines. Hay naturaleza y hay una niña que, afirma la autora, está inspirada en su propia hija. Hay esperanza y miedo, hay rencores familiares, hay desgarro y también, esa muerte que reúne a las familias en torno a un ataúd ecológico trenzado con mimbre. El jardín, el bosque, el viejo roble, la escritura de Hope logra que la naturaleza se sienta y sea mucho más importante que la casa, esa casa que encierra, domina, golpea a sus visitantes mientras guarda el secreto de la fortuna que la levantó como un templo griego con arenisca de Sussex.
“Albión” no solo es una magnífica novela que nos reúne, como tantas otras, alrededor de una tumba para conjugar el pasado y el futuro en medio de un presente en crisis. Es toda una declaración de principios sobre la importancia de devolver al entorno su pureza y a la vez, reconocer que nos puede el futuro con su posibilidad de buscar la verdad e incluso, de separarnos. El instante en el que una de las hermanas ve a su hija ajearse de ella mirando el móvil es sumamente revelador. La tierra, a veces, no logra que los descendientes sientan la pertenencia, y quien lo padece, está atado de pies y manos a una tarea ingente. Quizás sea ese uno de los temas que mejor trabaja la autora en esta novela de hechuras perfectas que no se ven, de personajes que no juegan a ser buenos y malos, y sobre todo, de ideas que no se imponen, pero que rodean al lector como el canto de los pájaros, la frondosidad de un bosque… el discurso abiertamente conservacionista de Hope no es un panfleto, sino una necesidad. Y se trenza, página a página, con el mismo cuidado y la misma belleza con la que se realiza el ataúd del inusual patriarca.
Ediciones Acantilado, cuyos títulos son verdaderamente un regalo para el lector, no podemos por menos que recordar el magistral “Hamnet” de Maggie O`Farrel convertido ahora en película, nos trae esta novela inglesa a la manera de Jane Austen, de George Elliot, de Elizabeth Jane Howard pero con un tema tremendamente actual, necesario y con el punto justo de intriga que no vamos a desvelar. Sencillamente, de necesaria lectura. Como la necesidad de casa blasonada y sobre todo, de bosque donde canten pájaros y corra el agua.

Charo Alonso.
Fotografía Jonathan Greet para Acantilado.