La pregonera ha repasado la historia de la Plaza del Buen Alcalde desde los Pachecos hasta Sánchez Arjona
Jueves de Casetas y, aunque la lluvia finalmente no perdonó el pregón a la intemperie, no detuvo ni el acto ni la asistencia, porque las ganas de los mirobrigenses de disfrutar de esta jornada eran mucho más fuertes que el mal tiempo. Como es tradición de este día, las casetas de la Plaza del Buen Alcalde celebraron su pregón anual.
Este año, el pregón fue pronunciado por Sonsoles Salazar, impulsora del proyecto "Cultura con Arte", una iniciativa que busca acercar la riqueza cultural de la provincia a toda la ciudadanía, basada en la accesibilidad para todos los públicos.
La pregonera ingresó al acto en la Plazuela del Buen Alcalde del brazo del alcalde Marcos Iglesias,procedentes del Teatron Nuevo Fernando Arrabal seguida por la Corte de Honor, La Rondalla y representantes municipales. Un miembro en representación de las casetas, Álvaro de la Peña el Cuerno, rindió un recuerdo especial a Leoncio, integrante de la Peña el Cuerno, antes de presentar oficialmente a Salazar.
Entre la lluvia y protegida con un paraguas, al igual que muchos de los asisitentes, Sonsoles Salazar tomó la palabra y pronunció un pregón cargado de cariño, emoción, rigor histórico y homenaje a sus raíces familiares. Agradeció a los presentes, a las peñas y a los miembros de la Rondalla Tres Columnas, recordando con especial cariño a su padre, cuya pasión por el carnaval la inspiró.
Durante su intervención, puso en valor la transformación arquitectónica de la plaza a lo largo de los siglos, desde que en el siglo XV albergaba el palacio de los Pacheco y la contaduría, hasta los años 20 del siglo XX, cuando José Manuel Sánchez Arjona incorporó el estilo andaluz en la Plaza del Buen Alcalde que tenemos hoy en día, y promovió la conservación del castillo de Enrique II. También relató la historia del recinto, destacando la creación del mercado de los martes, concedido por los Reyes Católicos en 1475 como reconocimiento a la lealtad de la ciudad, un privilegio que permitió el florecimiento del comercio local.
El pregón exaltó el escenario de la Plaza del Buen Alcalde, poniendo en relieve la riqueza histórica y arquitectónica de Ciudad Rodrigo y de ese lugar tan emblemático, despertando entre los presentes un sentimiento de emoción y conciencia sobre todo lo que esta ciudad tiene para ofrecer.
Los soportales de la Plazuela del Buen Alcalde sirvieron también de refugio al público, que marchó nada más terminar el pregón al no estar la noche apacible, con lo cual el ambiente festivo de casetas, quedó tras el pregón algo desolado.