La semana pasada, dos concejales de Podemos y PSOE, en el ayuntamiento ibicenco de San Antonio, presentaron una iniciativa para prohibir el fútbol en el patio de los colegios. Esto se va animando: comienzan con los festejos taurinos, continúan con la caza y ahora el fútbol ¿Qué será lo próximo? Tal vez poner cabinas en el patio de cada colegio para que puedan entrar parejas –no importa de qué sexo sean- y aprender sobre el terreno las nociones teóricas de anatomía que tanto obsesionan a ciertos profesores ¡Parece mentira que estos temas tan graves hayan sido olvidados por la ultraderecha fascista y tenga que llegar la izquierda progresista e insolente para poner las cosas en su sitio! Quiero pensar que los dirigentes de los partidos, cuando ven pasar el tiempo sin que sus parlamentarios tengan una sola iniciativa, les mostrarán la tarjeta amarilla por no sudar la camiseta. Antes de que asome la roja, exprimirán las pocas neuronas que tengan para que puedan levantarse e iluminar a la asamblea con alguna feliz idea. El primer parto de los montes. Y se quedan tan satisfechos. Vayamos por partes. Los que nacimos a mitad del siglo pasado fuimos a colegios de un solo sexo y no teníamos el problema que plantean los preclaros ediles ibicencos. Ahora, salvo contadas excepciones, los centros de enseñanza ya son unisex. Después de deambular por media España, he vuelto a mis orígenes y vivo muy cerca del colegio donde hice el bachiller. Mantengo relación con mis compañeros de curso –por ley de vida ya vamos quedando pocos- y suelo asomarme al patio. El recreo sigue siendo a distinta hora para mayores y pequeños. Nosotros éramos cerca de mil, pero todos jugábamos al fútbol en el mismo campo –nunca mejor dicho porque era de tierra.
Ahora, el piso es de cemento, nadie obliga a practicar un deporte determinado y en los equipos hay chicos y chicas. Tengo familiares y me dicen que no ha habido apuñalamientos, violaciones ni bullyng. Para más preocupación de los abnegados concejales baleares, debo decir que también hay un frontón, pero ¡lástima! lo emplean chicos y chicas para juzgar al fútbol sala. Sin embargo, el colegio no ha tenido la feliz idea de plantar árboles para que los escolares puedan estrellarse contra ellos. Eso sí, hay una fuente con agua para todos y zonas a la sombra para el primero que llegue. También he preguntado si había discriminación y me dicen que no saben lo que es eso, pero una jovencita, algo ofendida, me dijo: ¿Acaso no sabe Ud. que el equipo español de fútbol femenino es campeón del mundo? Tuve que contestarla: ¡No lo digas, que pueden tacharte de antifeminista!
A falta de argumentos de peso, el concejal del PSOE dice que el fútbol es tóxico porque genera graves problemas de convivencia. Es verdad; en los campos de fútbol hay verdaderos energúmenos que no se cortan a la hora de insultar, apedrear y hasta apuñalar a todo el que les caiga mal. El problema es que esos cafres no están en el terreno de juego sino en las gradas o en los alrededores del campo, pero siempre amparados en la masa. Es decir, esa ley de la selva no la aprendieron en el patio del colegio –entre otras razones, porque suelen ser los que menos iban a clase-, lo hacen imitando a más de un político.
Nuestro gobierno Frankenstein, y dentro de él la titular de Juventud e Infancia -y digo yo: ¿por qué, puestos a colocar advenedizos, no nombrar también el de Adultos? -, se saca de la manga modificar la LO 8/21 para la protección integral de la infancia y la adolescencia frente a la violencia,y que no puedan asistir a espectáculos en los que esa violencia se ejerza contra animales. Agarremos al toro por los cuernos. El maltrato a esos animales siempre ha sido una animalada, hasta tal punto que nuestros vecinos de la izquierda sufren más con el ensañamiento, por ejemplo, contra una mascota hasta causarla la muerte, que con el daño que se ejerce sobre la embarazada que aborta y, más grave aún, sobre el ser vivo que es el único inocente en esa ejecución. Por cierto, esa adolescente embarazada ha podido casarse, puede abortar, pero no puede asistir a un espectáculo taurino. En cuanto al posible perjuicio psicológico del niño que asiste a ese espectáculo y, a la vez, puede ser familiar de quien fue asesinado por unos terroristas a los que pretende indultar el mismo gobierno que quiere impedirle la asistencia ¿debe asumir la ley del embudo por aquello de la moral y el perjuicio psicológico? Procure la izquierda usar prendas más fuertes para no rasgarse las vestiduras con tanta facilidad.
El último eslabón de la cadena que envuelve la maleta de la izquierda, lleva grabada la palabra PROHIBICIONES. Eso se les da muy bien. Claro que, para “aparecer en los papeles” debe exhibir esa otra que pone SOLUCIONES, pero está vacía. Como el aprendiz de mago, saca el tercer conejo: la prohibición de que los niños asistan a las cacerías. No soy asiduo practicante de ese deporte, pero cuando he participado, y cuando veo reportajes, debo ser sincero diciendo que he visto muy pocos niños. Se madruga demasiado, suele hacer frío y los trayectos recorridos a buen paso no suelen ser muy del agrado de un chiquillo. El verdadero cazador se encargará de que el niño aprenda a manejar un arma evitando cualquier accidente, a conocer el abc del cuidado a la naturaleza y lo que de selección supone el deporte de la caza. En cuanto a la violencia que pueda suponer el disparo a un blanco fijo o móvil –animal o persona-, es algo que practican a diario con su Tablet. Habrá que prohibírselo.
Cuando este gobierno multicolor -predomina el rojo-, repite machaconamente los mensajes en las campañas electorales -que olvida cuando llega al poder-, debería tener presente que el asalta a la independencia de poderes, el paro, la vivienda, la sanidad, la monstruosa deuda, la enseñanza, la inmigración, la desenfrenada subida de precios, el grave problema con el amparo a los okupas, nuestros gafados trenes y carreteras, entre otros muchos, son asuntos que debe grabárselos a fuego y, cuando se declare en huelga de brazos caídos, ahí tiene suficiente materia para justificar su nada despreciable nómina. A entrenarse, déjense de sacar chorradas del sombrero y ¡Váyanse a esparragar!
La empresa Diario de Salamanca S.L, No nos hacemos responsables de ninguna de las informaciones, opiniones y conceptos que se emitan o publiquen, por los columnistas que en su sección de opinión realizan su intervención, así como de la imagen que los mismos envían.
Serán única y exclusivamente responsable el columnista que haga uso de nuestros servicios y enlaces.
La publicación por SALAMANCARTVALDIA de los artículos de opinión no implica la existencia de relación alguna entre nuestra empresa y columnista, como tampoco la aceptación y aprobación por nuestra parte de los contenidos, siendo su el interviniente el único responsable de los mismos.
En este sentido, si tiene conocimiento efectivo de la ilicitud de las opiniones o imágenes utilizadas por alguno de ellos, agradeceremos que nos lo comunique inmediatamente para que procedamos a deshabilitar el enlace de acceso a la misma.