Miércoles, 11 de febrero de 2026
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Nuevo orden económico mundial
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Al cabo de la calle

Nuevo orden económico mundial

Actualizado 07/02/2026 09:17

Los bancos españoles ganaron una cifra record de 34.000 millones de euros en el 2025, un 7 % más que en el ejercicio anterior que fueron 31.771 millones, y más del doble que en el 2021, cuando ganaron 16.289 millones. Lo que pone de manifiesto la bonanza sostenida e incrementada anualmente de los seis grandes bancos españoles que cotizan en bolsa: Santander, BBVA, CaixaBank, Bankinter, Unicaja y Sabadell.

Bienvenidos sean esos excelentes resultados y ojalá se cumpla aquello que dicen algunos y muchos esperamos, de que sirvan para el progreso de la comunidad y el bienestar de los ciudadanos en general. Aunque tales excedentes los bancos citados ya los están destinando, principalmente, a retribuir con dividendos a los accionistas, a la recompra de acciones que fortalezcan al propio banco y a la compra de otras entidades bancarias.

“La banca siempre gana” y quizá por eso, los banqueros dirigentes de las entidades mencionadas, esperan continuar elevando este año 2026 las ganancias, animados por el empuje del que goza la economía española, aunque no sabemos hasta donde están dispuestos a echar una mano a los ciudadanos en el principal y más grave problema que tenemos, el de la vivienda.

Como ocurre en otros órdenes de la vida, los buenos resultados se deben a la concurrencia de varios factores y entre ellos, en el caso que nos ocupa, a las mejoras en la gestión y la eficiencia bancaria, apoyándose en la digitalización y en una apuesta decidida por la Inteligencia Artificial (IA) elementos fundamentales del nuevo orden económico mundial.

Mientras eso ocurre en las grandes entidades financieras y en muchas grandes empresas, no podemos olvidar que estamos en la crisis estructural más honda del viejo orden internacional, mundial, surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Tan profunda es la crisis del ordenamiento internacional que está dando lugar a que surja un nuevo orden, o nuevo desorden liberal, al cual estamos transitando con más penas que glorias. Parece que se tambalea todo: el multilateralismo, la democracia liberal, la democracia social, la ética, los valores, el respeto.

Por si fuera poco, sigue aumentando la deshumanización, la desigualdad. Los desequilibrios entre riqueza y pobreza son cada vez más grandes. Los superricos del siglo XXI no solo alcanzan más poder económico y político, una gran parte de ellos son magnates de las plataformas digitales que, a través de internet, de las redes sociodigitales y los algoritmos que manejan, nos controlan a todos y cada uno de nosotros, nos roban nuestra intimidad y dirigen nuestros pensamientos. Esto hace que la idea de la política como servicio público, que sostiene a la democracia, está dando paso a la tecnología y a la política como negocio.

En este contexto de desorden, causa pavor y genera angustia, el hecho de que hasta se utilice el hambre de la población como arma para llevar a cabo un genocidio, caso de Gaza. Que se utilice la energía y sus fuentes como arma geopolítica, cual es el caso de los Estados Unidos intentando controlar aquellas, allí donde estén. O el caso de Rusia boicoteando la distribución de energía para que los ucranianos perezcan de frio durante el duro invierno. Crueldades carentes de toda humanidad y difíciles de comprender. Ante tal barbarie, cabe preguntarse si ¿estamos en un nuevo orden económico, o en un desorden liberal?.

Una de las consecuencias de todo ello es que en la pirámide de población la distancia entre la base que forma la mayoría de la población y la cúspide de la misma, compuesta por una minoría muy minoritaria, es cada vez más grande. En esto que se comienza a llamar el “nuevo orden económico”, aunque algunos pensamos que sigue siendo el capitalismo con nuevas formas más identitarias y exclusivas, el peso de los salarios en la distribución de la riqueza global cae a mínimos históricos. Pero quizás lo más preocupante es que la llegada e implantación de la Inteligencia Artificial (IA) acelera los despidos y con ello un mayor declive de las rentas del trabajo (salarios y beneficios sociales) frente a las rentas del capital (formadas por empresarios, accionista e inversores, con sus beneficios empresariales) que incrementan su volumen.

Lo que acabamos de decir viene a confirmarlo el último informe de Pimco, la mayor gestora de renta fija del mundo, usando datos oficiales de la Oficina de Estadísticas norteamericana (Why U.S. productivity gains no longer reach workers) Dicho informe pone de manifiesto que, aunque la economía crezca y las empresas sean más productivas (por la tecnología o la IA) la parte que los empleados estadounidenses reciben en forma de sueldo es la más pequeña desde que se tienen registros, desde hace unos 80 años.

En la misma línea y según el Banco de Francia, el 10 % de los franceses más ricos posee más de la mitad (el 54 %) de la riqueza del país, mientras que el 50 % de la población más pobre, dispone de menos del 5 % de la misma. La brecha entre las diferentes capas de la sociedad se ha hecho cada vez más grande y profunda a lo largo del primer cuarto del siglo XXI. Entre 1998 y 2021 el patrimonio medio del 10 % de los franceses más pobres se redujo a menos de la mitad (en un 54 %) mientras que el patrimonio del 10 % de los más ricos aumentó un 94 %, casi se duplicó. Compartimos el pensamiento de la filósofa y profesora en la Universidad Côte d'Azur, Mélanie Plouviez, de que “Nuestra sociedad se parece más a la sociedad del siglo XIX que a la de los años 1950-1970, en el sentido de que cada vez es más difícil acumular un patrimonio solo con los ingresos del trabajo”.

Algo parecido ocurre en España, donde la macroeconomía crece a buen ritmo y los beneficios de los bancos y las grandes empresas son buenos. Pero la microeconomía, la de los ciudadanos de la base y del tronco piramidal, no notan tal mejoría, todo lo contrario, el vivir cada vez cuesta más: el precio de la vivienda desbordado, las cosas del comer más caras, los servicios públicos saturados y los salarios contenidos. Y todo esto afecta más a las clases medias y humildes que a los ricos. En conjunto, la riqueza nacional crece, pero el dinero se queda en la parte alta de la pirámide de población.

La cuestión no es exclusiva de los tres países citados (EE. UU., Francia y España) se trata de un fenómeno global. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) a principios de los años ochenta las rentas del trabajo, los sueldos, representaban en torno a dos tercios (un 66 %) del Producto Interior Bruto (PIB) global, mientras que actualmente están sobre el 52 %. Para la OIT, si los trabajadores recibieran hoy la misma proporción que en el 2004, ingresarían 2,037 billones de euros más.

El peso de los salarios en la riqueza global cae a un mínimo histórico y el mito contemporáneo de la “igualdad” se desvanece cada vez más en el nuevo orden económico mundial. No tenemos aquí espacio para adentrarnos ni siquiera en los principales actores de ese nuevo orden económico, como son EE. UU. China, Europa, América Latina…, lo dejamos para otra ocasión. Sí cabe preguntarnos: ¿vamos hacia un mundo mejor o más peligroso? En nuestra opinión, el nuevo orden económico mundial puede y debe mejorar.

Escuchemos La Misión:

https://www.youtube.com/watch?v=ORw5Zu5J3Hs

Aguadero@acta.es

© Francisco Aguadero Fernández, 6 de febrero de 2026

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