Conocido por su trabajo en locales como 'Cuadricula' y 'La Bodeguilla', deja un legado de cercanía, humor y profesionalidad que le convirtió en una figura muy querida en la villa ducal.
La villa ducal amanece hoy más silenciosa. Javier Calvo, conocido cariñosamente por todos como Javi '15 pelos', ha fallecido hoy dejando un vacío en familiares, clientes y amigos. Referente del sector durante décadas, su trayectoria estuvo marcada por su paso por el emblemático Cuadricula y, en su última etapa, al frente de La Bodeguilla, establecimientos que convirtió en mucho más que simples lugares de paso.
Javi encarnó los valores del hostelero de toda la vida: sencillez, cercanía y un amor incondicional a su pueblo. Durante más de 40 años de profesión, vio crecer a varias generaciones de albenses, atendiendo primero a los padres y años después a los hijos, tejiendo una red de afectos que traspasaba la barra del bar.
Bajo su gestión, los locales donde trabajó se transformaron en centros neurálgicos de la vida social de la localidad. En su última etapa en La Bodeguilla, los clientes acudían no solo por las excepcionales tapas cocinadas por su mujer, Luzma, sino por la compañía de Javi. El establecimiento se convirtió en un espacio para hablar, reír y desahogarse.
Su carácter dejó una huella imborrable. Javi era un hombre que "se dejaba vacilar y vacilaba", que renegaba con humor y que tenía la capacidad innata de cambiar el estado de ánimo de quien cruzaba la puerta. Incluso cuando la enfermedad comenzó a afectarle, mantuvo su espíritu trabajador y cercano, intentando siempre que el cliente que entraba serio saliera un poco mejor.
La enfermedad me impidió realizar una entrevista formal de despedida con motivo de su jubilación. Sin embargo, basándome en conversaciones previas durante estos últimos meses, voy a intentar reconstruir su mensaje y el legado que Javier Calvo deja a sus vecinos y amigos. Unas palabras que reflejan su esencia y su amor por Alba de Tormes:
— Javi, ¿qué ha sido La Bodeguilla para ti?
— Pues mira, gran parte de mi vida. Aquí he pasado más tiempo que en casa. He visto de todo: risas, penas, celebraciones. La Bodeguilla era un bar, sí, pero también era un sitio donde la gente se sentía a gusto.
— Mucha gente dice que eras “el de siempre”.
— Y bien orgulloso. Yo abría el bar todos los días igual, saludando a todo el mundo. Si entrabas, te sentías como en casa, aunque solo fuera para tomar algo rápido.
— ¿Con qué te quedas de tantos años detrás de la barra?
— Con la gente. Con los buenos días, con las charlas largas, con los clientes a los que ya no hace falta ni preguntarles qué quieren. Eso es lo bonito del bar de pueblo.
— Alba de Tormes y tú ibais de la mano.
— Totalmente. Este pueblo me lo ha dado todo. Aquí he trabajado, he vivido y aquí me he sentido querido. ¿Qué más se puede pedir?
— ¿Cómo te gustaría que te recordaran?
— Como uno más. Como Javi '15 pelos', el de La Bodeguilla, el del Cuadri, que curraba lo suyo y siempre intentaba hacer bien a la gente. Con eso me vale.
Su mensaje final para clientes y amigos resume una vida dedicada al servicio: "Siempre he intentado ser cercano y honesto. Poco más, si al pasar por La Bodeguilla alguien sonríe al acordarse de mí, ya estaría todo hecho". Hoy, sin duda, Alba de Tormes sonríe con nostalgia al recordar a uno de sus vecinos más queridos.
