Estar asociado a una ideología no siempre lleva un buen resultado, sobre todo cuando crea dependencia y es difícil liberarse de algunas consignas y hechos con los que no se está de acuerdo, pero se asiente igual. Dice el poeta griego Teócrito que las ideas crean libertad y la ideología sometimiento. No obstante, los pensamientos y las acciones nobles, vengan de cualquier contexto, se dan por buenas. El problema surge cuando estos tratados políticos llevan un dardo envenenado cuajado de engaño e intereses personales y tantos ciudadanos permanecen insensibles.
Estas corrientes de pensamiento son igualmente censurables en una dirección o en otra, pero la dimensión de lo que ocurre ahora en España, por mucha corrupción o políticos bajo sospecha, que los ha habido de los dos lados, no se había alcanzado nunca, y en los últimos tiempos, vienen en gran parte del mismo sitio, con la misma firma e idéntico objetivo: mantener el poder al precio que sea: prostituyendo las instituciones, ofreciendo favores e indultos a partidos independentistas y afines a ETA, hasta el punto de blanquear de forma miserable a una banda; quitando derechos al propietario para dárselos al delincuente, regalando millones a Marruecos por el chantaje del homónimo sátrapa, o a otros países, derrochando nuestro dinero sin motivo y buscando el voto, etc. El rosario es interminable y las omisiones, inhibiciones y concesiones a menudo rayan el escándalo, vendiendo a quienes nos defienden para no enfadar a los que nos agreden, cambiando leyes a discreción sin criterio, gestionando de forma negligente y criminal la pandemia, despreciando al ejército en situaciones límite, regalando fortunas a causas sin sentido o a los trenes de Marruecos, Egipto o Uzbekistán y descuidando y gestionando los nuestros con tramas corruptas, trampeando elecciones, comprando voluntades sin sonrojo…
La sarta de despropósitos es infinita como interminable se hace el mandato del responsable de tanto dislate, adicto al latrocinio y corrupción en equipo, que nos mina. Dice Albert Boadella que con tanto filtro y vigilancia como hay en España, se nos ha colado en la Presidencia del Gobierno un demente. El problema es que una sociedad sin valores lo apoya, por encima de independentistas, que siempre los hubo, y socios antisistema, que también. Una peste ideológica aún sin vacuna, una curiosa fauna variopinta afín en las urnas que no vota al sumo pontífice socialista sólo por intereses, que son muchos los ‘dopados’, sino por alentar la fórmula progresista, que neutraliza el progreso, por haber firmado de por vida por el PSOE, aunque entre un imbécil sin ideología al que se vio venir desde el principio, y su predecesor Zapatero iluminando el camino. El otro mantra es que no puede volver la derecha. Y un amplio sector con un buen registro cultural dentro de la izquierda defendiendo esa idea y sosteniendo a un infame y enfangado Gobierno, por no se sabe bien qué motivos. Ciertamente es desolador comprobar la vuelta que se ha dado a todo y que apenas queda nada por vender ni por comprar, y tanto acólito fiel y clientelar engordando el censo socio comunista, y tanto jeta y aprovechado y tanto inconsecuente, votando además a gente sin nivel ni principios. Pero el agujero y el déficit lo pagamos a escote.
La verdad absoluta forma parte del sistema, el dogma como dotrina. Y a seguir la corriente. Explica el reconocido psicólogo salmantino Hilario Garrudo, que “toda adicción, ya sea a sustancias, actividades, relaciones o ideologías, genera una dependencia que esclaviza a la persona que la sufre haciéndole perder su capacidad para tomar decisiones autónomas". La línea está marcada. Una multitud ampara al Gobierno de coalición desde junio de 2018, más de siete años inmensamente largos, con graves episodios desde el principio que lastiman nuestra sociedad sin parar. Los feligreses defienden a su líder sin tregua. Aunque nos arruine, aunque muriera más gente en la pandemia por las reivindicaciones, torpezas y corruptelas; aunque nos roben la casa, aunque no se respete nuestra cultura, aunque se manden fortunas fuera sin sentido saqueando nuestros bolsillos, aunque no haya para investigación ni para las catástrofes, aunque se trapichee con compañías aéreas sin piedad, aunque nos desborde la inmigración ilegal o se cambien leyes por doquier, aunque se compren los medios, y los sindicatos, aunque haya que sacar a la peor chusma de la cárcel, aunque se sigan haciendo descomunales transferencias a Cataluña, aunque se quemen los bosques y las vidas por no limpiar el campo, aunque en Venezuela y Cuba nuestros hermanos escupan sangre. O aunque haya que derrochar para la Flotilla o blanquear a Hamas, o despreciar a las mujeres iraníes u obviar masacres de cristianos o tanta gente inocente, o destrozar la Vuelta Ciclista a España. Y todo por mantener la ideología, y el apoyo de tanta mugre y neurona en huelga a un sátrapa cada día más peligroso y kamikace.
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