Quedo, de vez en cuando, a desayunar con mi amigo el neurocirujano David Santamarta, cuando sale de guardia del hospital. Charlamos de lo divino y de lo humano. En ocasiones, como esta última, me trae alguno de sus textos de creación, para que los lea y le dé mi parecer. Dentro de esa tradición de médicos humanistas a la que David, por fortuna, pertenece.
Tratan sus folios sobre el rostro, dentro de un trenzado que combina hilos narrativos y reflexivos. Y me encuentro con Emmanuel Lévinas, ese pensador judío francés de origen lituano, en la estela de Husserl y de Heidegger, nada menos.
No podía ser menos. Lévinas, judío, víctima en un campo de concentración, había de proponernos, en esta contemporaneidad tan problemática, un pensamiento ético. Sin ética, no hay existencia digna posible (en este tiempo de tantos amorales, internos y externos).
Y, a partir de Lévinas, nos surgen conceptos claves en nuestro mundo, como la diáspora, el exilio, el existir con dignidad… o la identidad problemática. Sobre esto último, el narrador francés Patrick Modiano (uno de los premios Nobel de literatura mejor otorgados en los últimos decenios) desarrolla todas sus tramas novelísticas. ¿Qué somos?, ¿a qué pertenecemos?
Porque, en nuestro mundo, los seres humanos, muchos seres humanos, son privados de identidad, de raíz, son expatriados, han de existir en derivas de expulsión, buscando un lugar en que poder desarrollar su existir.
Somos seres sin identidad, sin rostro… Todas nuestras huellas las borra sistemáticamente el cruel oleaje de las expulsiones, de las condenas, de los confinamientos, de las extracciones, de las rapiñas de los poderosos…
Y una de las mayores rapiñas que sufrimos es la de privarnos de las dos perspectivas que más nos humanizan: la perspectiva del amor y la perspectiva de la fraternidad. De ahí que, quienes adrede y con cálculo y estrategia lo hacen, que se esté inoculando a todos la perspectiva del odio, de la crispación, de la contienda salvaje.
Porque eso es lo que nos deshumaniza, lo que nos expulsa de nuestros pequeños paraísos, lo que borra nuestra identidad, lo que nos priva del rostro.
La Verónica, en el camino de Cristo hacia el Calvario, le tiende un paño en el que, con sangre, sudor y sufrimiento, queda estampado el rostro, la verdadera efigie, la Santa Faz. La mujer que tiende su lienzo al hombre, para estampar el rostro, para que no se desdibuje, para que no pierda su identidad y, con ella, la verdad de su ser.
Ese es el paño de la Santa Faz, llamado también Verónica, que, en las indumentarias campesinas, se convirtió en relicario hermoso, que llevan las mujeres entre las alhajas con que se adornan.
La perspectiva de la fraternidad y del amor. Octavio Paz, en su hermoso y dilatado poema “Piedra de sol”, nos habla de tal perspectiva y de ese amo sin rostro que trata de dominarnos y de arrebatarnos lo mejor que tenemos: la hermandad y el amor.
Conviene que lo escuchemos: “amar es combatir, es abrir puertas, / dejar de ser fantasma con un número / a perpetua cadena condenado / por un amo sin rostro”…
No es extraño que el cantautor español Luis Pastor haya cantado estos versos, o el grupo mexicano Maná.
Abramos las puertas de la fraternidad y del amor, sostengamos nuestro rostro (una de las manifestaciones del alma, según los antiguos), no dejemos que ese amo sin rostro nos condene a esa cadena perpetua de la crispación y del odio.
Abramos estas puertas. Las del existir digno, las del pensamiento ético, las del rostro sostenido frente a quienes quieren privarnos de identidad, las de la fraternidad y del amor.
La empresa Diario de Salamanca S.L, No nos hacemos responsables de ninguna de las informaciones, opiniones y conceptos que se emitan o publiquen, por los columnistas que en su sección de opinión realizan su intervención, así como de la imagen que los mismos envían.
Serán única y exclusivamente responsable el columnista que haga uso de nuestros servicios y enlaces.
La publicación por SALAMANCARTVALDIA de los artículos de opinión no implica la existencia de relación alguna entre nuestra empresa y columnista, como tampoco la aceptación y aprobación por nuestra parte de los contenidos, siendo su el interviniente el único responsable de los mismos.
En este sentido, si tiene conocimiento efectivo de la ilicitud de las opiniones o imágenes utilizadas por alguno de ellos, agradeceremos que nos lo comunique inmediatamente para que procedamos a deshabilitar el enlace de acceso a la misma.