Sábado, 17 de enero de 2026
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Lo bien que funcionan los servicios sociales
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Lo bien que funcionan los servicios sociales

Actualizado 13/01/2026 07:59

Al que Dios no le da hijos el Diablo le da “amigos de la calle”. Es lo que me pasa a mí: ha caído cerca de mí, desde hace unos treinta años un experto en calles, JMP es su alias, que a buen conocedor pocas pistas bastan; experto ante todo en no normas que, de tanto no obedecer ninguna, ha estado y está a punto de romperse el coco, pero con la cabeza remendada por varios sitios sobrevive incluso a unas averías cerebrales muy graves, mientras que si nos coge a otro, nos ha llevado hace tiempo al patatal.

Dice su hermana Carlota, nombre ficticio, que tiene siete vidas como los gatos; pero deben ser más porque siete vidas ya las ha despilfarrado hace tiempo. Mi “amigo” JMP pudo haber sido un tío brillante: ayudante de dirección con Pedro Almodóvar, piloto de avión, titular de todos los carnets de conducir vehículos y máquinas. No llegó a ser brillante porque lo que brilló y brilla en él son los fulgores otoñales de drogas diversas, de todas ellas, con orden o sin orden, pero todas ellas presentes ordenada o atropelladamente.

No es plan de andar hurgando en historias familiares que pueden explicar algo pero no todo, pues hay personas con iguales o peores circunstancias vividas en la infancia y en la juventud y sin embargo no han desarrollado drogodependencias omnipotentes o comportamientos asociales “ostentóreos”, como diría “la otra”.

Lo que sí me voy a permitir es traer a las mientes una pequeña experiencia de visitar reiteradamente el Hospital Psiquiátrico, verdadero almacén de todas las patologías y que era necesario reformar y actualizar. La reforma se llevó a cabo con dos características: devolver los pacientes psiquiátricos a las familias y a unas pocas oenegés que, ni por el forro, han dado respuestas adecuadas a los enfermos psiquiátricos. Una de las características de esta reforma de los psiquiátricos es que si el paciente no quiere una solución terapéutica o simplemente no le mola, puede suceder y sucede muchas veces que el paciente pide el alta voluntaria y no hay nada que hacer: se va y punto. Bueno, con una única e importante excepción: si el penado ha delinquido como consecuencia del consumo o tráfico de drogas, pudiera ser que de la prisión no se librara y tuviera que acatar sí o sí las dos o tres normas de la enfermería carcelaria o de determinados pabellones especiales. No en todos, pero en muchos penados se observa una gran mejoría en su salud física y en su comportamiento social. Tal vez sea el principio pedagógico y socializador del “obligado te veas”.

Por no enrollarme voy a ir al grano: mi amigo JMP y digo amigo porque el roce hace el cariño, ha ingresado cinco o seis veces en el hospital de Salamanca en los últimos meses, sobre todo en el último trimestre de 2025. Las dos últimas veces en los últimos 6 días: para meterlo o al menos subirlo en la cama se necesitaban dos personas jóvenes y entrenadas pues durante horas quedaba prácticamente inconsciente.

Solución: llamar al 112 y llevarlo a Urgencias del Hospital. Protocolo hospitalario: hacerle radiografías, TAC, analítica de sustancias consumidas, una buena merienda para matar el hambre que había reaparecido después de que se le pasara el “chute” mental y físico. Destino final del paciente: devolverlo a su domicilio. O sea, a su no domicilio, porque ni tiene domicilio ni empadronado.

Su último domicilio conocido fue el penal de Topas. De modo que JMP, espabilado del macrochute, vuelta a la pensión u hostal donde, naturalmente, le dejan como máximo un día más, porque no quieren tener numeritos que les espanten los clientes y tienen razón.

Este cura que suscribe, Carlota, la hermana de JMP y su hija Luisa, se encuentran con que les devuelven el paquete y allá te las compongas. Voy a explicar lo de devolverme el paquete (o sea JMP): los servicios sociales del hospital y de la comunidad autónoma de Castilla y León quieren que el responsable que ha llamado al 112 lo recoja de nuevo ya curadito: Pero hay unos pequeños detalles: este cura, amigo a la fuerza de JMP, resulta que tiene 77 años, padece un cáncer, en remisión completa, pero que me obliga a tomar medicación crónica de por vida. La familia no puede hacerse cargo pues su hija es demasiado joven y su hermana tiene demasiadas personas que atender y cuidar.

Caritas y Proyecto Hombre no pueden hacerse cargo porque no están pensados para casos tan persistentes y tan difíciles. Hoy JMP está de nuevo en Urgencias. Habida cuenta de que a mis 77 años no puedo físicamente con él y que psicológicamente me agota tanto estrés, me hago una pregunta: al igual que hace cinco días ¿me lo devolverán al hostal para que a las cinco horas vuelva al fumadero y pasado mañana por la tarde me lo vuelva a encontrar doblado sobre sí mismo, completamente dormido o pasmao o empastillao y sin fuerzas ni para subir a la cama? Será el momento, por enésima vez, de llamar al 112.

Espero que mañana las autoridades competentes busquen una solución que no sea la de mi error: experimentar un poco de compasión e intentar ayudar a la familia de JMP. No entraba en mis cálculos que el trabajo de todas las instancias médicas, sociales, oficiales o autonómicas o privadas o eclesiales, acabaran cargándole este muerto a un cura de 77 años.

Espero que las autoridades pertinentes, representantes del Estado (Gobierno de la Nación, Junta de Castilla y León –incluida la Consejería de Sanidad y sus servicios sociales y los Servicios Sociales del Hospital-, la Diputación y los Ayuntamientos son y forman parte del Estado). Espero una respuesta inmediata para un problema inmediato y urgente (toda la urgencia que Urgencias del hospital tarde en volver a poner en circulación a JMP). En cuanto a mí, soy un ciudadano consciente. Ni más ni menos. Y autor de unos 2.500 artículos de opinión.

Antonio Matilla, cura.

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