Los terribles acontecimientos de estos últimos días (de estos últimos tiempos también), en los que se están cometiendo actos que atentan contra un orden internacional, emanado tras la segunda gran guerra (expulsión injustificada de inmigrantes, tras capturarlos como si fueran delincuentes, por todo el territorio norteamericano; el secuestro del presidente venezolano, para usurpar el petróleo de ese país…, y otras barbaridades por el estilo; además de tantas expresiones antidemocráticas en no pocos países del mundo, incluida Europa), son signos que nos están hablando d que la barbarie cabalga sin piedad por nuestro presente, de que los poderosos pretenden convertir la tierra en un planeta avasallado, en un mundo avasallado
Porque no quieren una Venezuela democrática, en la que haya elecciones libres, en la que tantas gentes inocentes apresadas injustificadamente salgan de las cárceles…; quieren instaurar un nuevo colonialismo de patio trasero, un sometimiento de los pueblos y de los países, en este caso, del cono sur de América.
Y tal mundo de sometimiento, de mordaza, de neocolonialismos, de ataques a la democracia, de regreso a la oscuridad y a la barbarie…, no lo podemos aceptar, cuando toda la historia ha ido dando pasos hacia un orden civilizado en el mundo, a través de las conquistas sucesivas del racionalismo, de la ilustración, del espíritu romántico, de la declaración de los derechos humanos, de las conquistas del movimiento obrero, de los modos de vida más libres propuestos por los movimientos contraculturales, por el mayo del 68, etc.
Todo ese proceso histórico no se puede eliminar de un plumazo en aras de los intereses de las potencias más poderosas del mundo, que despliegan todo su arsenal militar, agresivo y bélico para avasallar a los demás países y esquilmar sus riquezas y recursos.
Y nosotros, como españoles que hemos dejado tantas huellas culturales, históricas y civilizadoras en Hispanoamérica, en América del Sur, no podemos tolerar ni estar conformes con el avasallamiento norteamericano contra nuestros países hermanos. Y resuena aquí, en ese sentido, el verso de Rubén Darío, con su lúcida pregunta: “¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?”.
Y nos surge aquí esa hermosa contribución de Venezuela a nuestras letras. Con Rómulo Gallegos, que, además de novelista, fuera presidente del país, y su hermosa novela Doña Bárbara (1929); o Arturo Uslar Pietri y su también deliciosa narración Las lanzas coloradas (1931); o ese maravilloso poeta que fuera Vicente Gerbasi, con una emocionante obra lírica, cósmica, metafísica y existencial; o ese espiritual, poeta y ensayista, que fuera Juan Liscano, cuyas reflexiones leemos cuando buscamos asideros para construir los sentidos del mundo.
No merece el progreso de la historia, todas las aportaciones históricas que acabamos de enunciar, encaminadas siempre a la tolerancia, a la civilización, al entendimiento de las gentes y de los pueblos, que ahora los matones de los patios de colegio, los matones que quieren imponerse sobre toda la tierra y esquilmarla y arruinar toda la civilización de que nos hemos dotado, nos conduzcan, por un puñado de oro (petróleo, riquezas, recursos de los pueblos, tierras raras y cosas por el estilo), a la oscuridad y a la barbarie.
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