, 18 de enero de 2026
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ENTREVISTA | Virginia Sánchez, la búsqueda más allá del pentagrama
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Musicóloga, docente, intérprete e investigadora salmantina

ENTREVISTA | Virginia Sánchez, la búsqueda más allá del pentagrama

Actualizado 02/01/2026 10:05

Profesora titular de la Universidad de Castilla-La Mancha e investigadora asociada al CSIC, la musicóloga peñarandina es la voz solista de los estudios de género en su ámbito.

La sonrisa de Virginia Sánchez Rodríguez entibia la mañana de frío. Será esa armónica alegría la de quien vive su trabajo como un privilegio y, también, la de quien regresa a un lugar que ama. Miembro de la Comisión de Patrimonio y del grupo cultural Fe y Arte, Virginia Sánchez aquí no necesita partitura.

Autora de numerosos libros y trabajos académicos, busca en sus investigaciones dignificar a las figuras olvidadas en los pentagramas de la historia desde dos extremos que se juntan en la música de sus esferas: el rigor académico y la divulgación cercana que disfrutamos oyéndola en sus “Autografías”, en las ondas del programa de Radio Clásica “La sinfonía de las mañanas”.

Además, hace unas semanas recogía el Premio Ciencia Violeta, otorgado por la Cátedra de Igualdad de Género de la Universidad de Castilla-La Mancha, por su labor investigadora sobre mujeres en la música.

Charo Alonso: ¡Qué difícil es hablarnos de música! ¿Dónde está el origen de nuestra desafección por la música clásica?

Virginia Sánchez: La experiencia de mi colaboración en el programa Sinfonía de la mañana, con Clara Corrales y Martín Llade es muy gratificante. Hablo de anécdotas que nunca nos habían contado de los grandes compositores a través de sus cartas. Es un honor que hayan contado conmigo para estas “Autografías”. Somos una sociedad que no cuidamos la música desde el colegio, de ahí viene esa desafección. Las artes parece que no tienen importancia frente a otras líneas del saber, pero no es así, porque esas artes configuran el espíritu, lo enriquecen…

Carmen Borrego: La pintura, la música, son terapéuticas…

V.S.: Son vitales para el desarrollo del niño y tienen un componente sanador. Los padres que pueden, matriculan a los niños en las escuelas de música para que aprendan a tocar un instrumento y, sin embargo, eso no se ve en el currículum, la administración va por detrás. La música nos acompaña en nuestros momentos de alegría y de tristeza como lo fue en su origen, como un elemento sanador. Ya en el antiguo Egipto reconocían la música como algo catártico y terapéutico. Y ahora goza de buena salud, aunque siempre es mejorable, porque puede estudiarse a través del conservatorio, en los grados de Musicología o Historia del Arte. Yo doy clase a futuros maestros que espero que sean conscientes del valor de las artes para la educación y el crecimiento no solo académico, sino personal de los individuos.

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Ch.A.: En nuestra última entrevista hablamos con José María García Laborda, musicólogo, compositor, maestro…

V.S.: Laborda es todo un personaje, le conocí en un master de Música Hispana y me impresionaron sus clases. Es difícil encontrar a alguien tan completo: compositor, conferenciante, docente, investigador… Cuando publicamos el libro sobre Tomás Bretón supe que Laborda debía escribir el prólogo porque ambos tienen mucho en común: son compositores, docentes, conferenciantes y ambos, después de la jubilación, han seguido activos y creativos.

Ch.A.: Tu libro Tomás Bretón, los últimos compases es fantástico, pero desolador, porque si el final de la vida de un compositor exitoso fue problemático, ¿qué sería de los demás?

V.S.: Puedes imaginártelo. Para mí fue un descubrimiento. Como salmantina, sentí que tenía una deuda con Tomás Bretón y decidí estudiar sobre él, a partir de unas cartas inéditas que forman parte de mi colección (colecciono documentos musicales); al analizarlas me di cuenta de que muchas estaban fechadas al final de su vida y que trataban de algo triste, de algo legal. Empecé a profundizar un poco más y aunque en los libros no se habla de esto, vi que sus últimos años fueron de penuria, de lucha por una pensión digna. Por eso este libro habla de un sentimiento de desánimo, pero también de esa vitalidad y esa lucha de un hombre que había llevado el nombre de España por todo el mundo a través de su música y que peleaba por dignificar su profesión y logar una pensión acorde con su trabajo.

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Ch.A.: Has investigado a Bretón pero tu campo de trabajo también son autoras…

V.S.: Mi interés por los estudios de género viene de mi tesis doctoral en la que hablé de la música del cine del franquismo desde la perspectiva de los personajes femeninos. Desde siempre me interesó la participación femenina en las artes, pero fue a partir del 2015 cuando se intensificó ese interés, quizás por casualidad, o por el destino. Tenía una estancia de investigación en la biblioteca de Barcelona y estaba buscando otras cosas cuando encontré un sobre blanco entre los legajos con el nombre de María Barrientos. Por curiosidad abrí el sobre y encontré las cartas de una soprano importantísima del primer tercio del siglo XX, española, con una visibilidad mundial brutal, máxima figura en Italia, en América… Entonces pensé cuántas personas tuvieron esa fama y ahora son desconocidas y qué importante es tener esas cartas suyas que cuentan no lo que decían otros sobre ellas, sino lo que ellas mismas decían de sus vidas, de sus emociones. Eso es lo que ha marcado mis investigaciones posteriores sobre mujeres de la música, no solo compositoras, sino también intérpretes, mecenas. Las cartas pueden perderse, son documentos nacidos para la comunicación, pero cuando se conservan son fuentes fantásticas. Todo esto me ha llevado a interesarme por mujeres muy conocidas, como Clara Schuman u otras más desconocidas.

Ch.A.: ¿Te dejan las investigaciones tiempo para el piano?

V.S.: Fundamentalmente soy docente e investigadora. Soy pianista y trato de mantener mi actividad, sobre todo a través de conciertos didácticos o conferencias-conciertos, pero es verdad que ahora me dedico a la investigación desde esta perspectiva de género en la música. Me gusta comunicar, pero donde más disfruto es investigando, quizás porque soy curiosa y me gusta descubrir cosas ocultas y también por justicia social. Al final, cuando investigas y descubres algo y crees que eso tendría que tener un lugar más visible en la historia del que tiene actualmente, mis desvelos van hacia eso, que esos hechos o esas personas tengan el lugar que merecen en la historia y que no ocupan en la actualidad.

C.B.: Tomás Bretón fue importantísimo y quizás ahora no se le tiene tan en cuenta, tú lo reivindicas como lo hemos hecho aquí con artistas como Vidal González Arenal, Núñez Solé… además, salmantinos.

V.S.: Estoy de acuerdo contigo, nos pasa aquí en España, que damos más importancia a lo de fuera que a lo nuestro. Nos pasa con la música tradicional, que también trabajo. Aunque ahora goza de buena salud, antes se consideraba como algo menor, y con el patrimonio cultural o la alta cultura pasa lo mismo, cualquier pintor extranjero o de fuera de Salamanca es mejor que lo nuestro. Hay que atender desde la escuela a lo más cercano.

Ch.A.: Tú lo atiendes también con esa colección de documentos musicales que atesoras. ¿Cómo lo abordas?

V.S.: A veces es casualidad… Encuentras documentación a la que las personas no le dan importancia porque son papeles y estorban. Documentación que guarda tesoros, no tanto de carácter económico, sino histórico, porque tienen informaciones que no encuentras en ninguna otra fuente.

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Ch.A.: Eres peñarandina, ¿cómo empezó todo?

V.S.: A los cuatro años comencé a estudiar en la Escuela Municipal de Música de Peñaranda, qué buena labor hacen las escuelas municipales en pueblos y ciudades. Era un juego, pero descubrí que me gustaba mucho la música y continué en el conservatorio, en Valladolid. Soy pianista de formación, pero ya entonces me interesaba saber por qué la música que yo tocaba era así, por qué estaba escrita de esa manera, cuáles habían sido las circunstancias en las que había nacido… Paralelamente a mi último año de conservatorio hice Historia del Arte y me siento privilegiada porque puedo dedicarme a mi pasión.

Ch.A.: Supiste que el camino no sería el de una intérprete.

V.S.: El piano es un elemento indispensable en mis clases, siempre trato de utilizarlo. Y más en el programa de mayores. Lo uso para enseñar música, para dar a conocer mis investigaciones. Es imposible hablar de música sin escuchar esa música.

C.B.: ¿Qué se hace ahora en música que merezca la pena escuchar?

V.S.: Para mí, todo lo que se hace merece la pena que sea escuchado y valorado de acuerdo con el contexto. No podemos comparar a Rosalía con una obra de Vivaldi, a pesar de que Berghain bebe de la música del barroco, de los oratorios de Bach. Pero es una música que nace en el siglo XXI, cercana a una parte de la sociedad, que toca el alma y así debe estudiarse. Pasa con un grafiti, ¿es arte o no es arte? Hoy en día se hacen cosas muy interesantes, tanto en la música urbana como en la música llamada clásica, y también se recuperan cosas importantes.

C.B.: Virginia cuando viaja, en el coche, ¿qué va escuchando?

V.S.: Virginia es una persona viejoven porque puede estar escuchando música clásica, música de los sesenta, Camilo Sesto, la Dúrcal… y sí, estoy al tanto de todo lo actual ¿Y tú?

C.B.: Yo soy roquera, ¿canturreas o tarareas?

V.S.: Qué buena pregunta, a veces nada, otras, canturreo. ¿Y tú Charo?

Ch.A.: Ni lo uno ni lo otro. Y lo mío es Vivaldi, la música barroca.

V.S.: Es que tiene algo que te toca el alma, sobre todo cuando no te encuentras bien. Es por cómo está hecha, en el barroco daban muchísima importancia a la teoría de los afectos, la música, a través de distintos recursos, tocaba los distintos estados del alma. Se hizo también el romanticismo, pero de otra manera. En el barroco es más universal, tiene un halo especial. Rosalía, en Berghain, ha recurrido a esos violines de Vivaldi, a una compositora, a las cantatas de Bach.

Ch.A.: Virginia, formas parte de publicaciones musicales muy específicas…

V.S.: Soy la editora jefa de una revista, Cuadernos de investigación musical, que trata de canalizar los nuevos caminos de la investigación y sí, es para un lector muy específico, pero tiene una función en el ámbito académico que es dar a conocer nuevas investigaciones que se van gestando. Soy colaboradora de publicaciones más divulgativas como Ritmo u Ópera actual. Es importantísimo mostrar el trabajo académico con un lenguaje científico para un público especializado y restringido, pero también lo es llegar a la sociedad con un lenguaje más cercano. ¡En el grupo Fe y Arte hemos hecho encuentros de música! Ambas cosas son necesarias porque lo que investigamos se quedaría en el olvido si no se comunicara a la sociedad.

Y es la música la que nos lleva a la pintura de otro peñarandino como lo son Virginia Sánchez y Tomás Gil. Alejandro Mesonero, el autor del impresionante retablo moderno de la iglesia del pueblo de ambos, pintó “Los misterios del rosario” bajo la batuta de un músico barroco, Von Biber, que compuso una obra para ilustrarlos. Los cambios en los tonos de una misma melodía del músico, violinista virtuoso, se vuelven variaciones cromáticas en los lienzos del artista frente a los que posa Virginia Sánchez. Es la música de las esferas donde el hallazgo obra el milagro del encuentro sobre la tierra. La misma tierra.

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Charo Alonso y Carmen Borrego.