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Últimos días de Unamuno (y III)
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Olvidado y vilipendiado

Últimos días de Unamuno (y III)

Actualizado 09/01/2026 08:00

El 4 de enero de 1937, tres días después del entierro de Unamuno, se celebró el primer Pleno Municipal, anual, del Ayuntamiento de la capital salmantina. Nada más iniciar dicha Junta, el concejal Julio Ibáñez Rodríguez (directivo de la Caja de Previsión Social de Salamanca, simplemente de derechas, sin más), pidió la palabra para intervenir. El alcalde, militar, comandante Valle, le interrumpió con severidad, advirtiéndole, si iba a referirse a D. Miguel de Unamuno, “recordara que estaba muy reciente (13 octubre del 36) la resolución del ayuntamiento en la que por unanimidad se acordó declarar incompatible a dicho señor con la Corporación. Por lo que debía de abstenerse de hacer manifestación alguna sobre él”. Y, sin embargo, el sr. Ibáñez insistía diciendo que “acato la resolución de la Presidencia, pero con verdadero sentimiento”, ante el gran silencio del resto de concejales. Pero el comandante Valle le cortó tajantemente otra vez, para dar paso al primer punto del orden del día establecido. No se volvió hablar más de Unamuno en el ayuntamiento salmantino durante muchísimos años.

Recordemos cómo después de los actos del 12 de octubre en el Paraninfo de la universidad salmantina, las cosas se le complicaron a Unamuno acusado de traición a la patria, a Franco y su Movimiento nacionalista. Esta “felonía” solía llevar pena de muerte o un castigo de cárcel dura y multa enorme. Le aislaron socialmente, vigilándole en casa y cuando salía a pasear, controlando su teléfono y las cartas –sobre todo– al exterior. Encarcelaron y asesinaron a amigos y vecinos. No le dejaban publicar en prensa, etc. Desde esa fecha del 12 octubre ya era repudiado, un apestado, por los militares y la derecha más rancia de Salamanca.

Aparte de los insultos de tertulianos del Casino de esa tarde del 12, el día 28 octubre le destituyeron de rector vitalicio de la USAL.

Y en esa moción del 13 de octubre 1936 (posiblemente celebrada antes de la Ordinaria, secretamente) el concejal sr. Rubio Polo (jefe provincial de los tradicionalistas en Salamanca) propuso, y se aceptó por unanimidad, que se retirara el acta de concejal al pensador como consecuencia de su actitud "incongruente, facciosa y antipatriota de ciudadano de honor de la República" durante su intervención en el acto académico del día anterior en el Paraninfo. (Y luego, dicen algunos de sus biógrafos que los hechos del Paraninfo fueron una cuestión banal…)

Andrés Rubio Polo dijo, además, que Unamuno había incurrido en un caso de "incompatibilidad moral corporativa", de "vanidad delirante" y "antipatriota actuación ciudadana"…Ahora, en ese plenario, el alcalde, militar, comandante Valle vuelve a recordar lo que hicieron con Unamuno hace unos meses.

¡Y qué casualidad, ahora tres días después de que muchos falangistas vitoreaban a Unamuno con el brazo en alto, en el funeral y cuando le sepultaban, ninguno salió a defenderlo, no dijeron ni “pío”! Entre ellos, en el funeral y cementerio, estaban algunos de los concejales presentes este día 4 de enero (M. Torres, M. Gil Remírez (próximos alcaldes los dos, y otros; Francisco Bravo también fue alcalde salmantino entre 1941-43. Y a Ramos Loscertales le nombraron concejal en 1937-38 por FET).

Qué hipocresía más falangelizada la de estos “valentorros” mozalbetes falangistas lanzando fuertes vítores al “camarada” ¡Presente! Miguel de Unamuno. Pero no movieron un dedo para defenderlo en el pleno municipal ¡tres días después de enterrarlo con sus emperifollados honores!

Ya vimos que la Falange Auténtica, con sus intelectuales e intelectualoides, quería rememorar a Unamuno como uno de los suyos, como su gran, líder y pensador. Pero los falangistas de pistolón y correaje le odiaban tanto como los requetés tradicionalistas, o los de Acción Cívica, etc... Y, por supuesto, los militares.

Tras su muerte, esos intelectualoides falangistas que escribieron más tarde sus panegíricos (en libros, revistas y prensa) solo querían salvar su “no autoría” del sospechoso fallecimiento, natural, de D. Miguel, y perpetuarse como los defensores de los valores unamunianos respecto a la Patria.

Por último, insistimos, ¿nos tenemos que creer las falsedades poetizadas del falangismo del 36, perpetrado inicialmente por dos personajes como Ramos Loscertales y B. Aragón (ambos pertenecientes a la FET, (Falange Española Tradicionalista), aupados, arropados y premiados y condecorados, después, por el régimen falangista-franquista? Desde la dictadura de Franco hasta la Transición hemos soportado que una multitud de escritores, periodistas e historiógrafos, hayan difundido como potente altavoz esta glosa “fajista” más o menos edulcorada sobre la muerte y entierro de Unamuno. Eran camaradas camisas viejas, o azulonas, como Ridruejo, Laín Entralgo, Eugenio Montes, V. de la Serna, Sánchez Mazas, Giménez Caballero, García Venero, A. Obregón, A. de Foxá, Juan Aparicio, Francisco Bravo y muchos otros… (Manuel García Blanco, y A. Tovar, literariamente sí le vindicarían años más tarde, pero política y socialmente, NO. ¿Quizás no pudieron hacerlo por represalias?).

Algunos de estos, élites intelectualoides del falangismo o del franquismo se reconvirtieron años después a un falangismo liberal, católico y humanista, pre-democrático. O sea, cambiaron de ´chaqueta´, de ideología política, poco a poco. Pero ninguno de esos patriotas renegó de la ´apropiación flagrante, indebida´ de Unamuno por parte de la Falange, en su panfleto falangista iniciado en el prólogo de Loscertales al libro de B. Aragón.

Todos esos ´patriotas´ falangistas –que le ´homenajearon´ en su entierro y funeral, y los de sus ´paseos íntimos con él´–, apenas enterrado, se olvidaron de él. Algunos de ellos, luego tuvieron cargos públicos o funciones de alto ´copete´ en el Régimen franquista… Qué hicieron posteriormente por desterrar los insultos y vituperios, desprecios, contra él, por ejemplo, en la Universidad, en el Ayuntamiento, en el Casino, etc. Nada, absolutamente nada; no movieron un dedo todos esos que le halagaron con brazo en alto y vivas a España y a Unamuno. Y le vitorearon: ¡¡¡Camarada Miguel de Unamuno, Presente!!!

Pocos meses después, tras la Unificación de la Falange en abril 1937, auspiciada por Serrano Suñer, se olvidaron de él, ya no les interesaba. Y poco a poco Unamuno dejó de ser su referente espiritual y filosófico. Algunos de esos falangistas intentaron reivindicarle literariamente, pero solo como escritor para hacer ellos sus investigaciones y escritos, sus libros, sus ensayos… Bueno, para sacar tajada del “famoseo” de Unamuno. Vamos, casi como actualmente: derechos de autor, “buena parné”, y para escalar puestos de categoría en la universidad, meritocracia, etc.

Llama la atención en las descripciones falangelizadas que Aragón chillara como un descosido que él no lo había matado, cuando la muerte supuestamente obedecía a causa natural. También nos extraña que ningún vigilante o soldado no diera noticia de tanto ajetreo subir y bajar. Gritos, voces y lloriqueos, ¿y los guardias no se enteraron de nada?

¡Y eso que vigilaban constantemente a don Miguel con orden de dispararle si este pretendía huir! Y ya el colmo, es que no se realizara autopsia alguna (obligatoria por ley), y que el único certificado médico (con varias irregularidades) proviniera de Adolfo Núñez, un exconcejal republicano amigo de Unamuno, que ya había padecido duras represalias del nuevo régimen y que en ese momento seguramente se encontraba amenazado.

Recordemos, a la mañana siguiente de la muerte de Unamuno, a las 10, antes del funeral en la Iglesia de la Purísima, se presentó ante el juez municipal, Joaquín Segovia de la Mata, para que firmara la inscripción del Acta de Defunción, realizada por el doctor A. Núñez, con sus errores, tachaduras y rarezas…

Anteriormente, esa madrugada del 1 de enero de 1937, once hombres buenos fueron sacados de la Prisión de Salamanca, para ser llevados a la tapia del cementerio y colocados delante de un pelotón de fusilamiento para ser ejecutados. ¿Razones?... ser fieles a sus ideales y a la II República. Habían sido juzgados en un simulacro de juicio, una farsa de un Consejo de guerra sin legalidad alguna, y condenados por “rebelión militar”. Cosa que nunca hicieron. Sería al revés, los rebeldes nacionalistas que los detuvieron sí hicieron rebelión de la legitimidad de entonces. ¿Eran los 11 fusilados todos unos asesinos y radicales? Eran simplemente legales concejales republicanos de Béjar. También el juez municipal firmó “sui generis” la inscripción del acta de defunción de esos once concejales bejaranos asesinados. Fue un escarmiento de la “fachería” falangista.

Y una vez más, valoramos la tesis del asesinato por un individuo bajo las órdenes de Franco y del SIM (Servicio de Información Militar), con o sin la connivencia del falangista-requeté B. Aragón, según Carlos Sá Mayoral (“Miguel de Unamuno: ¿muerte natural o crimen de Estado?”. Editorial Cuadernos Laberinto, 1924).

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