Quiero dedicar mi primer artículo del año a todas esas personas que parece que no existen, pero que nos hacen la vida mucho más fácil, especialmente en fechas, como las pasadas, en las que el resto se dedica a vivir y disfrutar sin pensar en que otros tienen que seguir cumpliendo con sus obligaciones diarias para que todo funcione.
Entre ellos, y sabiendo de antemano que es imposible citarlos a todos, profesionales que se dedican al transporte, a llevar y traer alimentos para que no falte nada en nuestras mesas y podamos celebrar con nuestros seres más queridos; que contribuyen a que tengamos aquellos regalos más esperados sobre nuestros pulcros zapatos, o ayudan a que nuestros familiares y amigos se desplacen desde sus lugares de origen para poder fundirnos en largos y calurosos abrazos poniendo ruedas y alas a sus pies y a su equipaje para sentirnos todos mucho más cerca.
Otros llevan y traen cartas y misivas, paquetes envueltos con amor para acariciar el sueño de la felicidad, incluso muebles para rematar la habitación del niño que, de repente, se ha hecho tan mayor.
Quienes rellenan las estanterías de novedades, los escaparates de colores que ahora hay que recoger, quienes cambian turrones en las baldas por alimentos bajos en calorías para empezar rápidamente las dietas equilibradas, porque se nos acumula el trabajo tras tanto desatino.
A las personas que barren las calles, o pusieron y quitan luces, organizaron tradicionales belenes para disfrute de todos.
A quienes, con profesionalidad y cortesía, nos sirven los menús de celebrar amistad y los cafés humeantes que nos entonan el cuerpo.
A los que cuidan con cariño y dedicación a nuestros mayores y a los que necesitan cualquier tipo de ayuda.
A los amantes de la investigación, que arañan tiempo familiar para que la ciencia siga aportando tanto a la sociedad.
A los que reparan, arreglan, mantienen edificios y todo lo que ellos contienen, asisten nuestros coches y logran que se desplacen sin problemas.
A quienes hacen nuestras ciudades y nuestras calles más seguras y más limpias.
A los que están al pie de la noticia para mantenernos objetiva y puntualmente informados.
A las bibliotecas y lugares de estudio que impulsan el saber y el conocimiento forjando un mundo mejor.
A quienes reparten suerte o, al menos, ilusiones.
A los que nos dispensan los medicamentos y a los que regulan nuestros organismos haciendo revisiones y puestas a punto para que vivamos más y mejor.
Profesionales de toda índole, nivel y formación que desempeñan papeles cruciales en una sociedad a la que todos pertenecemos y que hacen, incluso en las fiestas más entrañables, que con su especial dedicación y entrega disfrutemos al máximo de fechas tan señaladas.
A todos ellos y a los que hoy no han cabido aquí, ¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS!
Mercedes Sánchez
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