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¿Tomarle la medida al mundo?
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¿Tomarle la medida al mundo?

Actualizado 08/01/2026 11:38

Una buena pregunta que deberíamos formularnos es: ¿somos capaces de medir el mundo? ¡Sí…sí… hablamos de la medición física del mundo… de tomarle la medida a nuestra “casa común”! Y a continuación la pregunta obligada: ¿realmente nos sirve la capacidad actual tecnológica para mejorar el bienestar de los ciudadanos a escala global?

Pero vayamos por partes y vamos a hacerlo desde la óptica de dos autores: el alemán Daniel Kehlmann (1975), con su obra “La medición del mundo” y el francés, Denis Guedj (1940-2010), con “La medida del mundo”, ya que ambos nos recrean hechos histórico-científicos, de los que habitualmente no se habla, a pesar de la importancia de sus descubrimientos.

En el caso de Kehlmann, realiza un brillante análisis sobre las vidas del matemático Carl Friedrich Gauss y el geógrafo Alexander von Humboldt, ambos alemanes; en cambio Guedj se esfuerza también de manera excelente en explicar las vicisitudes del proyecto cuyo objetivo era medir con exactitud un arco de meridiano terrestre, a partir del cual se pudiese obtener una unidad de longitud universal para toda la humanidad: el metro y que derivaría en el sistema métrico decimal.

En el caso de Friedrich Wilhelm Heinrich Alexander Freiherr von Humboldt (1769 - 1859), fue un científico, geógrafo, astrónomo, humanista, naturalista y explorador casi un idealista, que recorrió gran parte del mundo conocido de la época, las selvas del Orinoco, Asia Central, Estados Unidos, gran parte de Sudamérica, midiendo distancias y alturas, probando venenos y enfrentándose a tribus salvajes que jamás habían visto a un hombre occidental, y se le considera el “Padre de la Geografía Moderna Universal".

Johann Carl Friedrich Gauss (1777 – 1855), que fue matemático, astrónomo, geodesta y físico, considerado como uno de los matemáticos y científicos más importantes de la historia, dejó una contribución decisiva en campos como la teoría de números, el análisis matemático, la geometría diferencial, la estadística, el álgebra, la geodesia, el magnetismo y la óptica.

Para llegar al metro que hoy es nuestra medida universal, se tomó el meridiano de París, ajustando a fondo la línea imaginaria entre Dunkerque y Barcelona, de manera tal que, dada la gran precisión obtenida en esta medición, dividiendo el meridiano en 40.000.000 de partes, surgió el metro en 1798.

¿Pero en dónde nos encontramos hoy, si nos miramos en los sueños de estos precursores científicos?

Sencillamente en la cuneta, habida cuenta que lo que aquellas ensoñaciones orientadas a la búsqueda y exploración realmente importaban a los líderes de ese tiempo. Era el liderazgo de nuestra propia especie, el afán por descubrir, medir y también controlar el mundo conocido. Aún por aquella época, no contaba la clase dirigente con todas esas limitaciones necesarias que hoy día nos imponemos, tales como la defensa de la biodiversidad, el medio ambiente o la huella de carbono.

En el presente, ese liderazgo de búsqueda para el descubrimiento y la medida, ya fue llevado a cabo en los siglos XVIII y XIX, aunque en lo que respecta a la aplicación de todos los avances en beneficio de la sociedad mundial sigue cojeando.

Un liderazgo que actualmente está perdido en un gran desierto de la ignominia, como consecuencia de intereses espurios a los que poco les importa el avance científico, estando tan solo preocupados por el poder a partir de contar con la tecnología y la ciencia a su favor. Aquel patriotismo del siglo XVIII que el único objetivo que movía a los hombres de ciencia de entonces, era conocer mejor nuestro mundo y de su afán de medirlo, porque entendían con la mentalidad de ese tiempo, que significaba el progreso para las naciones cuanto más se conocieran los continentes.

Pero vaya paradoja del destino: ahora contamos con un desarrollo científico y tecnológico sin precedentes, ya que, por ejemplo, podemos ver una casa en una calle de una ciudad como Osaka, Japón, o saber exactamente en qué posición (latitud y meridiano) nos encontramos en este momento, pero no podemos medir ni siquiera mejorar las sensaciones de satisfacción, felicidad, bienestar de una gran mayoría de población en el mundo en general, porque los políticos del orbe se han ocupado de que ahí ya no se mida. En realidad, tuvo que ocurrir una pandemia mundial con millones de muertos como el Covid-19, para que los gobiernos empezaran a prestar atención en serio a la salud mental de sus respectivas poblaciones.

¿Hay una explicación, al menos en la medida? ¡Pues claro que sí! La medición del PIB per cápita o nivel de inflación, son con frecuencia indicadores tan vagos como inútiles, ya que si bien se supone deben orientar las medidas políticas que deberían tomar los gobiernos de las naciones, en el fondo no ha servido para poder eliminar cuestiones tan básicas como la desnutrición infantil, la falta de agua potable en 1/3 del mundo, las enfermedades endémicas y la pobreza estructural.

Los sacrificios que Humboldt pasara en las selvas del Orinoco, a pesar de las adversidades a las que se enfrentaba, el gran científico alemán intuía que su contribución para la civilización era importantísima. Sus sueños estaban encaminados a que el hombre como especie mejorara, al conocer mejor nuestro hábitat, nuestra casa común “la Tierra”.

Nuevamente la paradoja, que hemos descrito en más de una ocasión en artículos anteriores, del “determinismo tecnológico”, que cuanta más tecnología tiene a disposición la sociedad, el hombre se encuentra más aislado y dependiente de la misma. Así es fácil conducirlo a nuestras particulares “peripecias selváticas”, aunque no transitemos por el Orinoco, pero bastante se parece en cuanto a sacrificio social presente.

Nos faltan…y lo sabemos, pero hay que tener coraje y decirlo…más Humboldts, más Gauss…y también que aflore otro Copérnico y otro Colón, para que haya nuevos descubrimientos, ya no de medición de nuestro mundo geográfico físico, sino del nuestro interior, nuestro gran espacio intelectual y mental. Necesitamos una clase política mundial que sepa medir “el alma de los ciudadanos”, que redescubran aquel meridiano que nos condujo a nuestra medida universal del metro.

Lamentablemente…y esto nos duele…no lo vemos factible a corto plazo.

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