El principal problema que afecta a las vías pecuarias, en pocas palabras, es el del general deterioro, abandono y, a veces, intrusión y ocupación indebida de estos caminos seculares. Basándonos en los estudios que sobre vías pecuarias se vienen realizando se puede afirmar que una cantidad significativa de tornos de las mismas se han perdido por exactitud, se podría estimar que se encuentra en torno al sesenta por ciento.
Estamos asistiendo, pues a cuantiosas pérdidas de un dominio que es patrimonio de todos y que la Ley define como "imprescriptible e inalienable".
Entre las principales razones a que obedece este proceso de destrucción hemos de destacar siguientes:
Ocupación por cultivos.
Edificaciones ilegales.
Usurpación por cercado de fincas y otros tipos de vallados.
Vertidos de escombros y basuras.
Fenómenos de concentración parcelaria.
Circulación incontrolada de vehículos motorizados.
Irrupciones por parte de embalses.
Solapamiento y seccionamiento provocado por todo tipo de carreteras y líneas de ferrocarril
Aprovechamiento de los pastos por parte del ganado estante.
Explotaciones mineras
Crecimiento de las ciudades y proliferación de urbanizaciones para segunda residencia, etc.
Queremos hacer notar aquí, que vías pecuarias y trashumancia son dos términos estrechamente vinculados. Con ello queremos decir que la reciente historia ha demostrado cómo la disminución del tránsito ganadero por las cañadas ha provocado su abandono físico y administrativo y, como efecto boomerang, su menor uso. Todo ello lo que provoca, no es solo la usurpación de un bien público, sino el desánimo de muchos ganaderos trashumantes por continuar su peculiar y ecológico aprovechamiento de los recursos naturales
Son muchos los pastores y vaqueros que a lo largo de estos últimos años nos han confirmado su deseo de continuar con estas tareas, y no es el dormir al raso, ni las tormentas, ni el polvo del camino lo que les retrae; es el asfalto, las discusiones con propietarios, automovilistas, los desvíos repentinos e inesperados, las zanjas, las basuras... lo que les impide transitar por unas vías pecuarias descuidadas y en ocasiones infranqueables.
Porque no olvidemos que trashumancia es ecología y es economía. Es decir, mover a los ganados resulta en muchos casos más barato que tener que echarles de comer durante todo el año, y, además, viajar a pie resulta mucho menos costoso que transportar las reses en camión o en ferrocarril.
Sin pretender incurrir en modelos antidesarrollistas, pero sí como llamada de atención frente al abandono que están sufriendo estas vías, cabe mencionar como importante responsable de su deterioro la ejecución de numerosas obras públicas de distinto carácter.
Existe una interminable lista de ejemplos, tanto antiguos como actuales, de carreteras que aprovechando trazados seculares que facilitan el paso de los puertos montañosos y, en general, las rutas ya existentes que suponen las vías pecuarias, han solapado cañada y carretera sin atender a la restitución del territorio que la propia Ley de Vías Pecuarias (Ley 22/1974) y su Reglamento de 1978.
En muchos otros casos, no se trata de una usurpación longitudinal, sino del seccionamiento de la cañada provocando efectos de corte o efectos barrera en poblaciones y en su propia actividad pecuaria.
En vista de esta situación, se hace absolutamente necesario atender a ciertas recomendaciones si en algo se quiere paliar el ritmo de deterioro de las vías pecuarias:
Evitar, en la medida de lo posible, el solapamiento de trazados de vías pecuarias y carreteras de nueva construcción, considerándose patrimonio histórico, cultural y natural, que a toda costa debe ser conservado.
Restituir todos los terrenos afectados, tanto en la obra de construcción, cuanto más en los trazados definitivos de las carreteras de nueva apertura, restitución, que en todos los casos, ha de realizarse con las características que la Ley de Vías Pecuarias en su artículo
35.1, según las características de las mis-mas. "En los cruces de las vías pecuarias con líneas férreas, autopistas y carreteras, se facilitará por la Entidad Titular o Concesionaria de estas, el tránsito de ganados y demás comunicaciones agrarias de interés general, con pasos al mismo o distinto nivel".
Contemplar en las Evaluaciones de Impacto Ambiental la presencia del apartado dedicado a vías pecuarias, ya que en la actualidad los Estudios de Impacto Ambiental son la herramienta legal. El reglamento de Evaluación de Impacto Ambiental 1302/1986, en su artículo 5: "Se entiende por Evaluación de Impacto Ambiental el conjunto de estudios y sistemas técnicos que permiten estimar los efectos que la ejecución de un determinado proyecto, obra o actividad, causa sobre el medio ambiente", con la que poder prever y minimizar los atentados que sobre el medio natural y social se vienen realizando.
En los últimos años, estamos asistiendo a un fuerte auge de la conducción deportiva de vehículos todo-terreno (tanto de los denominados 4x4, como de motocicletas todoterreno) que utilizan el patrimonio colectivo de las cañadas ganaderas, además de otros caminos rurales a modo de pista de conducción.
Esta moda, impuesta en gran medida por las campañas publicitarias de los fabricantes, además de resultar incompatible con la correcta conservación de estas milenarias rutas ibéricas, agrede al propio espíritu de la Ley española de Vías Pecuarias, que no contempla el uso motorizado de las mismas salvo en circunstancias locales, profesionalmente justificadas, y básicamente como apoyo al uso tradicional del tránsito de ganado.
Los efectos negativos de la conducción deportiva utilizando vías pecuarias como soporte, podemos resumirlas en los siguientes puntos:
Contaminación acústica, que afecta a la fauna de forma negativa, sobre todo en períodos críticos (cortejo, reproducción y cría).
Contaminación atmosférica y de las aguas por emisión de gases tóxicos (hidrocarburos inquemados, monóxido de carbono, etc.).
Turbidez de las aguas de los arroyos por el paso indiscriminado de estos vehículos
Erosión del suelo, debido al ancho y al dibujo de las ruedas. Si el paso es continuado, se produce la compactación del suelo, lo que facilita el trabajo a los agentes denudadores (erosivos)
Daños en pastos y sembrados debido al paso de este tipo de vehículos.
Molestias para el ganado en las fincas colindantes. En general, producen efecto disuasorio para la puesta en valor de las posibilidades de las vías pecuarias como soporte de otras actividades de ocio respetuosas con el medio natural, que propicien el desarrollo local y la generación de empleo y riqueza.
Imagen Santiago Bayón Vera
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