El 18 de agosto de 1936, el poeta granadino Federico García Lorca era fusilado, al comienzo de la Guerra Civil, en algún rincón del camino de Viznar a Alfacar, de Granada.
El significado de este excelso poeta, el más sobresaliente y popular de la generación del 27, ha sustentado una profunda huella en todas las generaciones de poetas posteriores. Su figura intelectual, literaria, poética y cultural ha cercenado el olvido al que están habitualmente sometidos los poetas, cuya obra, más pequeña o abultada navega sin sujeción en las procelosas y caprichosas aguas de la historia.
La obra de Federico García Lorca envuelve muchos misterios, una ternura infinita, las gargantas, las pasiones desatadas y las penas de libertad de un pueblo entero. El brujo más sorprendente de la metáfora más bella y el actor más grave y visceral de la cueva del amor y sus circunvalaciones.
Comienza un año nuevo (1936-2026). Hace años que Lorca ilumina y duerme en mi mesilla de noche. Y moriré con él.
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