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2026, año de inquietud
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Al cabo de la calle

2026, año de inquietud

Actualizado 03/01/2026 09:32

No queremos ser deterministas y menos si los augurios no son buenos, pero intuimos que el año que acaba de empezar no va a ser nada tranquilo. El mundo estará en vilo durante el 2026 ante las perspectivas de incertidumbre que tenemos por delante.

Muchas de las cosas que pasarán en el 2026 vienen como herencia del 2025 y anteriores tiempos, porque son grandes temas de transformación social que requieren largos períodos, aunque tomen su matiz con arreglo a las circunstancias del día a día. Entre esos asuntos está la climatología; la paz, la guerra y otras formas de violencia; la gobernanza con sus formas democráticas o autoritarias; o la economía con sus desequilibrios y desigualdades, entre otros.

A pesar de la continuidad de esos grandes temas, en nuestra columna del 27 de diciembre despedíamos al 2025 con la sensación de que estamos viviendo un cambio histórico y que el año que acaba de terminar será recordado y quizá contemplado en los anales de la historia, como el año en que murió aquella época surgida tras la Segunda Guerra Mundial, conocida como la Guerra Fría, iniciada en 1945 y concluida en 1991 con la disolución de la URSS (Unión Soviética) A ese período de casi medio siglo de tensión ideológica, geopolítica y militar entre el bloque capitalista capitaneado por Estados Unidos (EE. UU.) y el bloque comunista liderado por la desaparecida URSS, le siguió una época marcada por la democracia, por las instituciones multilaterales y por la expansión de la globalización.

La segunda llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos en enero de 2025 ha supuesto el asalto y destrucción de ese modelo de gobernanza en Occidente, cosa que ya venía ocurriendo con Putin en Oriente. Se han roto los equilibrios existentes. Trump ha colocado a Europa como un adversario estratégico de EE. UU., en un papel incómodo, lejos del socio amigo y aliado que representaba ser para aquel país. Ahora, el amigo de Trump es la Rusia de Putin. Desde esta visión, en el 2026 estaríamos iniciando una nueva época que no sabemos cómo evolucionará y menos cuándo o cómo acabará, pero que se prevé convulsa. Ojalá nos equivoquemos y sea una época de paz y justa prosperidad.

La consecuencia más inmediata y de mayores dimensiones de lo que venimos diciendo es que la democracia liberal, tal y como la conocemos, está desapareciendo. A los tecnomandatarios cada vez les cuesta menos llegar al poder y les resulta más fácil influir en nuestra manera de pensar, así como manejar las elecciones e incidir en sus resultados, ya sean elecciones políticas propias de su país o de terceros. Lamentablemente, en el mundo ya hay más autocracias (91) que democracias (88).

Somos conscientes de que no podemos entrar a analizar la globalidad de este año que comienza y que nos mantendrá en vilo. Sabemos que Putin continuará con sus aspiraciones zaristas y que China persigue ser hegemónica a escala global, amén de la conflictividad bélica en África y los intentos de la India por buscar su sitio en el contexto internacional. Pero no podemos entrar a analizar todo ello. Nos centramos en los tres escenarios de Occidente de los que, en mayor medida, formamos parte: EE. UU., Europa y América Latina.

En EE. UU., ya hemos comentado la llegada de Trump y sus consecuencias, con un intervencionismo expansionista que pareciera una especie de emperador mundial, con una diplomacia de los negocios y del amiguismo. Internamente, EE.UU. se enfrenta en el 2026 a la celebración de los 250 años de su fundación, a la encrucijada de seguir siendo una democracia o a lo consolidación de una autocracia. Al respecto, las elecciones legislativas de mitad del mandato serán fundamentales.

Europa se enfrenta al desafío del abandono como socio y amigo por parte de EE. UU. y a la hostilidad de este en el terreno comercial, además de tratar de socavar los valores europeos. Internamente, los países europeos han de lidiar con el aumento de los populismos de ultraderechas que, además de los apoyos del tumpismo, capitalizan el descontento social y el hartazgo por la carestía de la vida, especialmente afectada la capa social juvenil. Ahora se cumplen 40 años de la incorporación de España y Portugal a la Unión Europea, tan beneficiosa para estos países y para la integración de Europa. El desafío es caminar hacia más Europa, lo contrario sería retroceso suicida.

América Latina, por su parte, estará marcad en 2026 por la inseguridad, la corrupción y los procesos electorales últimos, cuyos resultados hicieron girar al continente hacia propuestas ultraderechistas con opciones autoritarias. Las elecciones previstas en Perú, Brasil y Colombia, serán claves y sobre ellas se proyecta la sombra del factor Trump y el hipotético intervencionismo de EE. UU., como en alguno de los casos anteriores y como ha ocurrido a lo largo de la historia. Confiemos en que en 2026 se firme el gran tratado MERCOSUR- Unión Europea.

España participa, como no podía ser de otra manera, de muchas de las claves universales y mundial en el devenir histórico, entre ellas, el enquistamiento de la crisis de la vivienda, primer problema de preocupación para los ciudadanos que lo seguirá siendo en el 2026. Pero la política nacional también estará marcada por la agenda judicial con grandes causas pendientes de resolver.

Lo económico tiene un peso fundamental en la vida de las personas y los vaivenes en ese campo estarán a la orden del día en la geopolítica del 2026. Llama poderosamente la atención la presencia de los gigantes tecnológicos, están en todas partes, prestando servicios tecnológicos, cobrando por ellos y controlando a los ciudadanos, pero sin asumir responsabilidades. Europa parece comienza a reaccionar al respecto y cabe pensar que durante 2026 se dará un choque entre las grandes empresas tecnológica (la mayoría estadounidenses) y la Unión Europea.

El mundo se acelerará todavía más en el 2026 con el desarrollo y la implantación de la Inteligencia Artificial, la cual no está exenta de riesgos. Junto a las propias dudas sobre sus aportaciones y amenazas, crece un cierto cansancio de lo digital y de la hiperconexión. La omnipresencia de las pantallas empieza a ser cuestionada y algunos gobiernos ya están poniendo límites a su uso, especialmente por la población infantil. El compartir es uno de los atributos sociológicos, pero no la obligación de compartirlo todo y a gran escala. Es preciso preservar la intimidad y la convivencia en grupos pequeños y presenciales. El 2026 debería ser fecundo en legislación al respecto.

Los desafíos de la vida no nos dan tregua y, aunque cada día nos despertamos con nuevas amenazas y urgencias, no es menos cierto que caminamos hacia un mundo mejor. Si tomamos en consideración los avances del primer cuarto de siglo del tercer milenio, observamos que desde el año 2000 la esperanza de vida ha subido en siete años, que la mortalidad infantil se ha reducido a la mitad, que la pobreza extrema ha pasado del 36 % al 10 % en las dos últimas décadas, que algunas alergias se han reducido, hay menos muerte por infartos y la supervivencia al cáncer se ha duplicado. Es decir, en general, vivimos más y mejor. Además, los adolescentes españoles es la generación más sobria y mejor preparada. Hay motivos para la esperanza, No seamos apocalípticos.

¡Feliz y próspero 2026!

Escuchemos Inquietudes (Felipe Campuzano)

https://www.youtube.com/watch?v=6l8o2xb-l8E

Aguadero@acta.es

© Francisco Aguadero Fernández, 2 de enero de 2026

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