Dentro de unos días, el próximo 6 de enero, se fallará el Premio Nadal de Novela. Es por ello por lo que, a la espera de conocer el nombre del galardonado, quiero recomendarles esta semana la novela que obtuvo, en enero de 1945, el premio que inauguraba la larga carrera de los Nadal. Les hablo de Nada, el deslumbrante debut literario de una entonces jovencísima, apenas veintitrés años, Carmen Laforet, y cuya publicación supuso una revolución en la literatura, en la cultura y hasta en la sociedad española de aquel tiempo.
En un momento no datado expresamente en el libro pero que -por diversos indicios- puede cifrarse en septiembre de 1939 -pocos meses después, por tanto, del fin la guerra civil-, Andrea, la protagonista de la novela, llega en mitad de la noche al piso propiedad de su abuela, en la calle Aribau de Barcelona. Laforet había nacido allí el 6 de septiembre de 1921, en uno de los muchos elementos coincidentes entre las biografías de la autora y su personaje.
Con dieciocho años, esta joven huérfana, inexperta e insegura, pero también ilusionada, ha dejado atrás, en un pueblo lejano y en un pasado que no se nos muestra, a su prima Isabel, a cuyo cargo estaba tras la muerte de sus padres, y acude a la ciudad condal para estudiar en la universidad e iniciar una nueva vida, instalada en una casa en la que había pasado las temporadas más excitantes de mi vida infantil. Su llegada al que será su domicilio durante un año no puede ser, sin embargo, más decepcionante. El que, en sus recuerdos de niña, había sido un entorno apacible, una vivienda acogedora en la ciudad adorada en mis sueños, se revela ahora, tras los terribles años transcurridos, un lugar y una atmósfera oscuros, sórdidos, sucios, descuidados y miserables que producen en ella una primera impresión desoladora, acrecentada por las fantasmales presencias de sus pobladores: la abuela y los tres tíos de Andrea, sobre todo la egoísta, severa y autoritaria tía Angustias, entre otros. Ya desde el primer día Andrea se verá obligada a presenciar el clima de ira, violencia y odio entre todos ellos, en una sucesión de escenas de discusiones, enfrentamientos, mezquindades, gritos, insultos, amenazas, golpes y palizas.
Andrea es muchacha singular, frágil, sensible e insegura; una chica triste y sentimental, provinciana y algo primitiva, cuyos anhelos de vida, de superación de su pequeño mundo de joven inexperta, sus deseos de plenitud, de alegría, de intensidad, de amor, de belleza, de felicidad, se van a ver pronto frustrados en aquel ambiente mediocre que la acoge a su llegada. La inhóspita recepción de su familia agudiza su inseguridad, se ve insulsa, sentimental en exceso, incapaz de afrontar su destino, lo que sofoca sus expectativas, su ansia de vivir, acentuando su sensación de desánimo, de congoja, de tristeza y melancolía, de vacío y profunda soledad.
La desolación y el desamparo que inspira este “escenario” se verán en parte paliados por el acceso de la muchacha a otro mundo, el de las aulas universitarias y, en general, el de Barcelona, la ciudad que será su refugio y podrá recorrer libremente cuando logre desembarazarse de la tutela opresiva y asfixiante de la muy mojigata tía Angustias. Su aislamiento sentimental, su baja autoestima, como hoy diríamos, la conciencia de su insipidez, de su insustancialidad, de su falta de amor, de la inutilidad y la terrible soledad de su existencia parecen quedar atrás y experimentará algo parecido a un tenue sentimiento de pertenencia. En particular, será la amistad con Ena, una compañera de estudios perteneciente a una clase social bien distinta a la suya, la de los vencedores de la reciente guerra, una burguesía acomodada y acostumbrada, por tanto, a unas condiciones de vida desahogadas y confortables, con sus jóvenes vástagos vagamente intelectuales, familiarizados con los libros, coqueteando con las inquietudes artísticas y la bohemia, abiertos a experiencias, la que provocará en ella una conmoción.
En cierto modo, Nada es una novela de iniciación, con su joven protagonista abriéndose a la madurez, rebosante de expectativas e ilusiones, ansiosa por dejar atrás su vulgar e insípida cotidianidad, deseosa de crecimiento, de emancipación, de aventura, confiada en emprender una vida nueva, en explorar horizontes. Pero, en su apertura al mundo, Andrea acumula fracasos y decepciones, como una suerte de Cenicienta que tras el leve atisbo del brillo fugaz que puede ofrecer la existencia acaba constatando que ella, con sus zapatos arrugados y de suelas rotas, con sus ropillas baratas, con su trajecillo raído, con su permanente y punzante sensación de hambre, estudiando con sus libros prestados, no pertenece a ese mundo que Ena y sus amigos universitarios le permiten vislumbrar. Y la abulia, la inseguridad, el tedio, la desidia y la desesperanza vitales, invaden su conciencia, en una cruel enseñanza tras su decepcionante rito de paso. El aprendizaje de Andrea es el de la experiencia de la nada, el de su falta de protagonismo y de su condición de espectadora.
La novela interesa, además de por la espléndida plasmación del desarraigo existencial de su protagonista, que apunta al nihilismo que su propio título sugiere, por muchos otros elementos destacados: su carácter de novedad literaria, alejada de la novelística social, realista, de la época; la importancia de los personajes femeninos y el poco habitual rol de la mujer; su dimensión generacional, al mostrar una juventud cuyos miembros, tras una guerra que no entienden y en la que no participaron, son conscientes de que el enfrentamiento no sirvió para nada y que están condenados a habitar esa nada; por la descripción del marco urbano y social de la Barcelona -de la España- de la época con el racionamiento y el hambre, el contraste entre ricos y pobres, el estraperlo, la sensación de orfandad y desamparo, trasunto psicológico e individual de la situación colectiva, los restos de la destrucción en la ciudad, el entorno hostil, las cicatrices dejadas por las bombas, la penuria del Barrio Chino… Una novela por todos estos motivos memorable.
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Carmen Laforet. Nada. Editorial Destino. Barcelona, 2020. 344 páginas. 20 euros
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