Sábado, 10 de enero de 2026
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¿La mejor defensa es un buen ataque?
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¿La mejor defensa es un buen ataque?

Intelectualmente podría ser así, pero desde que se jugaba con un dibujo táctico piramidal (1.2.3.5.) los hombres se fueron acumulando en defensa, restándoselo a los delanteros. Nunca fue una verdad futbolística universal, sino una coartada intelectual que sólo encaja en ciertos contextos estratégicos, erosionándose esa idea históricamente.

En el 1.2.3.5., la famosa pirámide, el juego se organizaba desde una superioridad ofensiva estructural. Cinco delanteros fijos. Pocos mecanismos defensivos colectivos. La presión aún no existía como concepto. La recuperación era una consecuencia del ímpetu, no de la estructura.

En ese mundo, atacar mucho si era efectivamente defender mejor, porque expulsabas al rival hacia su área, simplemente por número y altura del bloque. No era una idea táctica: era una geometría. A medida que las décadas avanzaron, la pirámide se derrumbó y los futbolisas fueron desplazándose hacia zonas más retrasadas.

¿Por qué ocurrió?:

El fuera de juego se volvió más exigente (cambio de 1925).

Aumentó la velocidad y la preparación física.

Apareció la necesidad de equilibrio, porque los ataques masivos ya no garantizaban control.

El resultado fue:

El 1.2.3.5., se convirtió en WM (1.3.2.2.3.).

Luego en 1.4.2.4.; 1.4.3.3.; 1.4.4.2.; y más tarde 1.4.2.3.1.; ó 1.4.3.3., moderno.

De cinco delanteros se pasó, en algunos sistemas, a uno solo.

El fútbol se “des-piramidó”; se volvió horizontal y compacto. Y al compactarse, el ataque dejó de ser un escudo suficiente:

  • Atacar implica iniciativa.
  • La iniciativa genera tiempo y territorio.
  • El territorio facilita la defensa en campo rival.

Aunque, eso sí, funciona sólo cuando:

  • El equipo puede sostener presión tras pérdida.
  • Tiene mecanismos de defensa posicional en campo contrario.
  • Es capaz de reducir espacios incluso atacando.

Es decir, cuando la estructura ofensiva contiene ya su propia defensa incorporada (Cruyff, Guardiola, Klopp, algunos momentos de Sacchi, Bielsa, Luis Aragonés en 2008).

Hoy, la frase se vuelve fallida si se repite sin contexto. ¿Por qué? Porque el ataque ya no garantiza superioridades numéricas naturales; ahora las superioridades defensivas son sistemáticas:

  • Líneas 4+2.
  • Defensas basculantes.
  • Coberturas automatizadas.
  • Bloque medio-bajo ultradenso.

Es decir: desde que los hombres dejaron de ser delanteros para convertirse en mediocampistas o defensas, atacar no te protege por defecto. En conclusión: “La mejor defensa fue un buen ataque mientras la geometría del fútbol lo permitía; cuando la pirámide se desmoronó y los hombres retrocedieron, la defensa dejó de depender del ataque y empezó a depender de la estructura”.

Es una síntesis extraordinariamente lúcida porque coloca el foco donde casi nadie lo pone: la relación entre táctica y ubicación histórica de los jugadores, no en los “eslóganes”. Cito algunos partidos icónicos de “cuando atacar sí era defender (o casi), como pudo ser el Brasil 1958, final contra Suecia y resultado Brasil 5 – Suecia 2. Otro ejemplo fue el Hungría 1954, final del Mundial, con 3-2 para Alemania. La Hungría de Puskás era una máquina ofensiva, pero su defensa estructural era frágil.Alemania desequilibró a los húngaros atacando sus espaldas, aprovechando transiciones sin mecanismos defensivos. Fue una final donde el mito ofensivo murió y no bastó con ser mejor atacando. Es cuando la estructura defensiva comenzó a imponerse. Hay otros múltiples ejemplos.

El Barça defiende mejor cuando ataca; el Madrid no puede progresar porque la estructura ofensiva blaugrana es también estructura defensiva. Es el remacimiento sofisticado del viejo lema, gracias al trabajo sin balón.

La frase “la mejor defensa es un buen ataque” funciona como un relato legitimador, no como descripción táctica. Sociológicamente, encaja en tres claves:

a). El eslogan como arma de las élites del relato. El fútbol – como la política o la economía – genera pequeñas élites discursivas que imponen frases cómodas para no explicar la complejidad. Un eslogan así es perfecto para el sabihondo:

  • Reduce la realidad a una consigna.
  • Evita debatir sobre estructura, contexto o evolución histórica.
  • Convierte una geometría de 1910 en una verdad de 2025.
  • Descubre la pereza intelectual bajo apariencia de audacia.

b). El eslogan como mito compensatorio. En sociología del deporte, muchos eslóganes funcionan como mitos que compensan la pérdida de control. Cuando un equipo no domina defensivamente, se recurre al consuelo del ataque: “No importa, atacando solucionamos todo”. Es una forma de autoafirmación simbólica, se elogia la valentía cuando quizá falta orden.

c). El eslogan como mecanismo de distorsión del mérito.El paso de la pirámide (5 delanteros) a los sistemas modernos ha provocado un corrimiento del prestigio:

  • Antes se celebraba al delantero.
  • Hoy se celebra al sistema, al entrenador, a la pizarra.
  • El eslogan sigue aferrado al antiguo régimen del fútbol, cuando el delantero ocupaba el centro del relato social. Mantenerlo vivo es una manera de proteger la jerarquía sentimental del ataque frente a la realidad táctica contemporánea.

Y lo hemos visto repetido numerosas veces: “La mejor defensa es un buen ataque… si el ataque es una estructura”. Y si no lo es, “la mejor defensa será cualquier cosa que reduzca la incertidumbre”. Incluso, en un tono más sociológico: “La mejor defensa ya no es el ataque: es el control del contexto”.

No sé muy bien si existe otra verdad como ésta pero al contrario: “El mejor ataque consiste en defender bien”. En todo caso conviene afinarla porque no es una simple inversión del eslogan, sino casi un nuevo principio del fútbol contemporáneo. Pero es buena ocasión para concretar qué entendemos por “defender bien”. Si ello significar “ordenarse atrás y esperar”.

Significa “ordenarse atrás y esperar”, la frase sería falsa. Porque “defender bien” significa:

  • Recuperar arriba.
  • Cerrar distancias.
  • Acortar líneas.
  • Presionar tras pérdida.
  • Ganar duelos.
  • Dominar las segundas jugadas.

Entonces la frase sí sería verdadera un en un sentido más profundo. No puedes atacar si tu defensa no te coloca en una situación de ataque útil. Porque la verdad contemporánea del fútbol es que atacar es consecuencia de defender bien. Sin duda, en el fútbol actual:

  • Las jugadas claras nacen de recuperaciones en zonas ventajosas.
  • La transición ataque–defensa es más decisiva que la creatividad pura.
  • Los goles proceden más de errores provocados que de construcciones largas. Un ataque eficaz no siempre nace de virtuosos, sino de un aparato defensivo que ordena el tablero.

Esta es la paradoja contemporánea: Para atacar como los dioses, hay que defender como ateos: sin fe, sólo con método. “El ataque es un lujo que sólo se permite quien ya ha defendido bien”; “Los goles nacen donde se recupera la pelota, no donde se remata”; “Atacar bien depende de defender bien… y defender bien depende de saber cuándo atacar”.

En 1920 se defendía atacando; en 2025, en la élite, se ataca defendiendo. Son las grandes mentiras del fútbol que se transformaron. Y hubo que adaptarse progresivamente sin quedarse en los dogmas inamovibles que tanto se producen.

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