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El arte de vivir con sentido
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El arte de vivir con sentido

Actualizado 19/02/2025 08:55

"Pensar en [la muerte] nos obliga a reflexionar sobre nuestra vida tal como es ahora y sobre qué es lo que nos gustaría cambiar para que tuviera más sentido."

EMILY ESFAHANI

El absurdo nace de la confrontación entre la búsqueda humana de significado y el silencio irracional del mundo.

ALBERT CAMUS

El ser humano ha reflexionado sobre el sentido de la vida desde tiempos inmemoriales. Esta pregunta, que parece simple a primera vista, ha generado diversas respuestas desde la filosofía, la religión, la psicología y la ciencia.

Para muchos filósofos existencialistas, como Jean-Paul Sartre y Albert Camus, la vida no tiene un sentido predefinido, sino que cada individuo debe otorgárselo a través de sus elecciones y acciones. Sartre afirmaba que estamos "condenados a ser libres", lo que significa que no hay un destino preestablecido y que cada persona es responsable de construir su propio propósito. Camus, por su parte, no abogaba por la desesperación, sino por la rebelión contra el absurdo. En lugar de sucumbir a la desesperanza, proponía que el individuo creara su propio sentido a través de la pasión, la libertad y la autenticidad.

Por otro lado, Viktor Frankl, psiquiatra y sobreviviente del Holocausto, sostenía que el sentido de la vida se encuentra en la capacidad de dar significado a nuestras experiencias, incluso en las situaciones más adversas. Su enfoque, plasmado en su libro El hombre en busca de sentido, destaca que el sufrimiento puede ser soportado si se encuentra un propósito que lo trascienda.

Otro aspecto clave en la búsqueda del sentido es la relación con los demás. Martin Buber, en su obra Yo y Tú, plantea que la vida cobra significado en la medida en que nos relacionamos auténticamente con los otros. El amor, la amistad y la solidaridad son fuentes de sentido que nos conectan con algo más grande que nosotros mismos.

Emily Esfahani Smith, en su libro El arte de cultivar una vida con sentido, ofrece una visión profunda sobre cómo las personas pueden construir una vida plena y significativa. En un mundo obsesionado con la felicidad instantánea y el placer efímero, la autora propone una perspectiva diferente basada en cuatro pilares esenciales: la pertenencia, el propósito, la narración de historias y la trascendencia.

Smith inicia su análisis destacando la crisis existencial que atraviesa la sociedad contemporánea. A medida que las estructuras tradicionales, como la religión y la comunidad, han perdido influencia en muchas partes del mundo, muchas personas se sienten desconectadas y vacías. Según la autora, la obsesión con la felicidad ha llevado a una búsqueda constante de satisfacción inmediata, pero sin un propósito claro que dé dirección a la vida. En este contexto, su propuesta de construir una vida con sentido se vuelve más relevante que nunca.

Esta crisis de sentido se manifiesta en el aumento de trastornos emocionales como la ansiedad y la depresión, así como en una sensación generalizada de insatisfacción. Muchas personas, al carecer de un marco sólido que les proporcione orientación y significado, recurren a soluciones temporales, como el consumo de entretenimiento superficial, el materialismo o incluso el abuso de sustancias. Sin embargo, estas alternativas rara vez ofrecen una satisfacción duradera.

Uno de los factores que ha contribuido a esta crisis es la cultura individualista predominante en muchas sociedades modernas. Aunque la autonomía y la autorrealización son valores importantes, la desconexión de la comunidad y la falta de vínculos significativos han generado un vacío emocional difícil de llenar. Smith argumenta que, sin un sentido de pertenencia y un propósito mayor, la vida puede volverse insatisfactoria y carente de significado.

La autora identifica cuatro elementos fundamentales que contribuyen a una vida con propósito: la pertenencia, el propósito, la narración de historias y la trascendencia. En primer lugar, enfatiza la importancia de las relaciones profundas y genuinas, aquellas en las que nos sentimos valorados y aceptados. La pertenencia no se trata simplemente de estar rodeado de personas, sino de cultivar conexiones auténticas con quienes nos rodean.

Más allá del éxito material, tener un propósito claro ayuda a dirigir nuestra energía y esfuerzos hacia algo que trascienda nuestras necesidades individuales. Este propósito puede encontrarse en el trabajo, en la familia o en el servicio a los demás. Smith resalta que quienes tienen un propósito definido no solo viven con mayor satisfacción, sino que también enfrentan mejor los desafíos de la vida.

La forma en que interpretamos nuestra propia historia personal influye en la manera en que percibimos nuestra vida. Reencuadrar nuestras experiencias, incluso las adversidades, de manera que adquieran un significado positivo nos ayuda a encontrar coherencia y propósito en nuestra existencia.

Por último, la autora destaca que los momentos de trascendencia, aquellos en los que nos sentimos conectados con algo más grande que nosotros mismos, son fundamentales para experimentar un sentido profundo de la vida. Estos momentos pueden surgir a través de la espiritualidad, la naturaleza, el arte o la meditación. La trascendencia nos permite salir de nuestra individualidad y experimentar una conexión con el universo o con los demás.

A lo largo del libro, Smith ofrece consejos prácticos sobre cómo integrar estos pilares en la vida diaria. Recomienda fortalecer nuestras relaciones, encontrar un propósito alineado con nuestros valores, reformular nuestra historia personal desde una perspectiva positiva y buscar experiencias que nos conecten con lo trascendente. Dedicar tiempo a la contemplación, la meditación, el arte o la naturaleza nos ayuda a salir del enfoque individualista y conectar con algo superior. Incorporar prácticas espirituales o filosóficas en la vida diaria amplía nuestra perspectiva y fortalece nuestro bienestar emocional. Además, enfatiza la importancia de pequeñas acciones diarias que refuercen estos principios.

Podemos finalizar diciendo, que el sentido de la vida no es una respuesta universal, sino una construcción personal que se nutre de nuestras elecciones, relaciones y experiencias. Cada individuo tiene la capacidad de darle significado a su existencia a través de la autenticidad, el compromiso con los demás y la búsqueda de trascendencia.

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