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El espíritu de la esperanza
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El espíritu de la esperanza

Actualizado 12/02/2025 08:02

“…con esperanza, paciencia y silencio, vencieron al destino”.

HÖLDERLIN

"...la esperanza no es un pronóstico, sino una certeza de que algo tiene sentido, al margen de cómo salga luego".

VÁCLAV HAVEL

No es fácil hablar de la esperanza en un mundo como el nuestro. José María Esquirol nos dice que quien espera puede tener miedo. De hecho, es normal sentir miedo. La esperanza es esperar a pesar de todo, incluso a pesar del miedo. El alma está hecha para la esperanza. Mientras haya pensamiento y reflexión, hay esperanza. Husserl nos recordaba que tenía que filosofar necesariamente; de lo contrario, no habría podido vivir en este mundo. Para el pensador, la esperanza es su rechazo de la obviedad y su entrega al pensamiento permanente.

Aunque Nietzsche critica la esperanza en su forma tradicional, también puede interpretarse que su filosofía contiene una versión de ella. Podríamos entender la esperanza como una forma de aceptar la vida en su totalidad y vivir con valentía y creatividad, más allá del miedo al sufrimiento o al caos. En lugar de resignarse a la falta de sentido, la esperanza podría motivar a los individuos a crear sus propios valores y propósitos, trascendiendo el nihilismo y encontrando un sentido más profundo en la vida.

Albert Camus propone una postura de aceptación plena del absurdo, sin recurrir a ilusiones o esperanzas en "otro mundo". Para él, vivir auténticamente implica abrazar la pasión por el presente y rechazar el consuelo de una esperanza que niegue la realidad tal como es. Sin embargo, la esperanza no es solo un escape del presente; también es una fuerza que inspira acción y cambio. Sin esta dimensión activa, sería imposible "dar forma a los sueños más clarividentes" de la historia.

Para Ernst Bloch, la esperanza no es un simple deseo o expectativa, sino un principio activo y revolucionario que guía la acción humana hacia un futuro mejor. Es una fuerza que impulsa hacia lo "todavía no", hacia lo que está por venir y aún no se ha realizado. Amplía la imaginación y la capacidad de soñar despierto, elementos esenciales para construir utopías.

Walter Benjamin desarrolla una visión única de la esperanza, entrelazándola con sus conceptos sobre la historia. La esperanza, en este sentido, no es solo una proyección hacia el futuro, sino también una apertura al pasado como portador de un mensaje aún por descifrar. Para Benjamin, la esperanza vive en el cruce entre el pasado, el presente y lo venidero. Es un acto de apertura hacia lo aparentemente imposible o contradictorio, orientado hacia nuevas posibilidades.

La esperanza se encuentra en la tensión entre la aceptación del presente y la proyección hacia el futuro. Es, a la vez, una fuerza que nos permite resistir frente a la desesperación y una capacidad creativa que nos invita a trascender los límites de lo dado. Es la brújula que orienta nuestra existencia hacia horizontes más amplios, un acto de fe en lo posible y un motor esencial para mantener viva la humanidad.

Byung-Chul Han, filósofo surcoreano afincado en Alemania, ha desarrollado un pensamiento profundamente crítico sobre la sociedad actual. Se centra en cómo los sistemas neoliberales, tecnológicos y culturales afectan al ser humano, su subjetividad y su capacidad de reflexión. Han rescata la idea del pensamiento contemplativo como una forma de resistencia. Inspirado en tradiciones filosóficas como la de Heidegger y en prácticas orientales como el budismo, sugiere que el pensamiento auténtico no está subordinado al rendimiento ni a la utilidad inmediata, sino que surge del silencio, la lentitud y la capacidad de estar presente en el mundo.

Byung-Chul Han en su obra El espíritu de la esperanza invita a recuperar el pensamiento como un acto humano esencial, en peligro de extinción en la era del rendimiento, la transparencia y la digitalización. Para él, pensar no es simplemente procesar información, sino habitar el mundo de manera reflexiva y crítica, resistiendo las fuerzas que buscan reducirnos a autómatas productivos. En su último libro sobre la esperanza, nos sorprende al afirmar que pensar es un acto amoroso, una manera de mirar lejos, de contemplar lo que aún no existe, con confianza en la posibilidad de crear alternativas nuevas.

El miedo se ha convertido en una constante en la sociedad actual, exacerbado por crisis como pandemias, guerras y desastres climáticos. Este clima de miedo no solo paraliza a las personas, sino que también fomenta el odio, la desconfianza y la desintegración social. El miedo tiende a aislar a las personas, creando un ambiente de desconfianza y falta de solidaridad. Esto puede llevar a una sociedad menos empática y más fragmentada. Por otro lado, el miedo ha sido utilizado como una herramienta de control y dominación. En un clima de miedo, las personas son más dóciles y fáciles de manipular. Una sociedad dominada por el miedo es menos propensa a participar en un diálogo abierto y reconciliador, y por lo tanto, es menos democrática.

Para superar el miedo inoculado en la sociedad, debemos recuperar la esperanza, que puede crear una atmósfera de confianza y acción positiva. La esperanza no es una ilusión que nos aleja de la realidad, sino una forma de conocimiento que nos permite ver más allá de las dificultades del presente. Nos permite imaginar y trabajar por un futuro mejor, incluso en las circunstancias más adversas, fomentando la solidaridad, la empatía y la acción colectiva. Esta capacidad de transformar la negatividad es lo que hace que la esperanza sea una fuerza tan poderosa y resiliente.

La esperanza es un acto profundamente humano que nos permite superar el peso del pasado y abrazar lo venidero. Es, como señala Bloch, "una brisa fresca matutina" que nos invita a soñar despiertos y a actuar. Sin esperanza, quedamos atrapados en el "gris" de lo dado; con ella, el "azul" de lo posible se extiende ante nosotros como un horizonte siempre abierto.

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