Viernes, 04 de abril de 2025
Volver Salamanca RTV al Día
En memoria de las Víctimas
X

En memoria de las Víctimas

Actualizado 29/01/2025 07:58

“Cogía la mano de mi madre en ese vagón de animales mientras el llanto desesperado de 80 mujeres se quedaba en mi alma para siempre"

TOVA FRIEDMAN,

superviviente de Auschwitz

"La memoria duele, pero también ayuda, guía, advierte, nos hace ser conscientes y nos obliga, ¿quiénes somos sin memoria?”

PIOTR CYWI?SKI,

director del museo de Auschwitz-Birkenau

Cada 27 de enero, evocamos la memoria de las víctimas del Holocausto, coincidiendo con el aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, un hito que este lunes cumplió 80 años. La Shoá representa una herida insondable en la historia de la humanidad, una manifestación extrema de la capacidad humana para infligir sufrimiento. Este horror, que desafía la comprensión y la razón, nos interpela como una lógica oscura que se resiste a ser olvidada o racionalizada. En un mundo asediado por la desinformación y la incitación al odio, el recuerdo de Auschwitz se erige como un imperativo moral: un recordatorio constante de nuestra responsabilidad colectiva de confrontar la negación y la distorsión de la historia.

Elie Wiesel, testigo y cronista de la Shoá, expresó en palabras cargadas de una lucidez doliente: “Jamás olvidaré esos instantes que asesinaron a mi Dios y a mi alma, y que dieron a mis sueños el rostro del desierto”. Esta frase encierra una verdad universal: el Holocausto fue una ruptura ética, un colapso de los cimientos mismos de nuestra concepción de humanidad. Para los sobrevivientes como Wiesel, la Shoá no solo marcó el extremo de la barbarie, sino también una quiebra ontológica en la historia, un antes y un después en la narrativa del ser.

El Holocausto fue un proyecto de deshumanización absoluta. En los campos de exterminio, se buscó no solo erradicar físicamente al pueblo judío, sino también aniquilar su dignidad, su esencia, su ser. Esta eliminación sistemática, fría y calculada, plantea preguntas que trascienden el ámbito histórico y se adentran en las profundidades filosóficas: ¿qué ocurre cuando el mal se institucionaliza? ¿Qué significa ser humano en un mundo que permite Auschwitz?

En los últimos años, el resurgir de la ultraderecha en Europa y el mundo nos confronta con la fragilidad de nuestra memoria colectiva. Este fenómeno no es solo una reacción política; es una crisis existencial que refleja un choque entre el localismo y el cosmopolitismo, entre la soberanía y la globalización. Alternativa para Alemania, que en 2023 se erigió como la segunda fuerza política del Bundestag, encarna esta tensión entre el pasado y el presente, entre la memoria y el olvido.

Durante el homenaje a las víctimas de Auschwitz, los sobrevivientes alzaron su voz contra el antisemitismo y la ascensión de ideologías totalitarias. El ginecólogo Weintraub, superviviente, expresó con elocuencia su temor ante el desfile de eslóganes y uniformes que evocan el espectro del nazismo. Su llamado a la vigilancia y la responsabilidad resuena como una advertencia: no basta con recordar; debemos actuar para preservar la dignidad humana frente a las amenazas de la intolerancia.

Hannah Arendt, en su obra Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal, desentraña la lógica perversa del Holocausto. Para Arendt, Auschwitz no fue un accidente de la historia, sino la culminación de un sistema construido sobre el antisemitismo, el imperialismo y el totalitarismo. La banalidad del mal radica en su capacidad para normalizar el horror, para transformar lo inaceptable en rutina. Esta reflexión nos confronta con nuestra propia vulnerabilidad: ¿qué mecanismos perpetuamos, consciente o inconscientemente, que podrían allanar el camino hacia nuevas formas de barbarie?

Auschwitz no es solo un evento histórico; es una grieta en el alma de la humanidad. Emil Ludwig Fackenheim señaló que los nazis no solo buscaban destruir cuerpos, sino también almas. Su sistema celebraba la degradación, una perversión del sentido de la vida y la muerte. Frente a este abismo, el silencio no es una opción. Callar sería otorgar una victoria póstuma a los verdugos.

En el mundo de la posverdad, donde la palabra ha sido colonizada por el pragmatismo económico y tecnológico, persiste el peligro de la irreflexión. Como advertía Kant, debemos atrevernos a pensar: a cuestionar, a discernir, a resistir la tentación de aceptar sin crítica lo que se nos presenta como verdad. La banalidad del mal florece en la ausencia de pensamiento, en el terreno fértil de la indiferencia.

Hoy, Auschwitz nos convoca a una reflexión ética y pedagógica sobre nuestra propia condición. Nos obliga a replantear el humanismo, a reconocer que su forma antigua sucumbió en los hornos de los campos de exterminio. El compromiso que surge de Auschwitz es uno de memoria activa, una memoria que no solo preserva el pasado, sino que ilumina el presente y construye un futuro más digno. Aquellos que no vivimos el horror tenemos la responsabilidad moral de transmitir su lección: recordar no es solo un acto de justicia, sino una afirmación de humanidad.

La empresa Diario de Salamanca S.L, No nos hacemos responsables de ninguna de las informaciones, opiniones y conceptos que se emitan o publiquen, por los columnistas que en su sección de opinión realizan su intervención, así como de la imagen que los mismos envían.

Serán única y exclusivamente responsable el columnista que haga uso de nuestros servicios y enlaces.

La publicación por SALAMANCARTVALDIA de los artículos de opinión no implica la existencia de relación alguna entre nuestra empresa y columnista, como tampoco la aceptación y aprobación por nuestra parte de los contenidos, siendo su el interviniente el único responsable de los mismos.

En este sentido, si tiene conocimiento efectivo de la ilicitud de las opiniones o imágenes utilizadas por alguno de ellos, agradeceremos que nos lo comunique inmediatamente para que procedamos a deshabilitar el enlace de acceso a la misma.